diumenge, 1 març de 2015

¿Quién paga la cena? Claroscuros de las compras consorciadas (o el Big Deal revisitado)


 

Vivimos tiempos excitantes y de grandes cambios para todos y las predicciones de futuro, no por abundantes se muestran acertadas. Los grandes debates sobre la comunicación científica se centraron, en la década de los 90 del S XX, en lo que prometía la tecnología, pero se manifestaron en la década siguiente en la economía al crearse un modelo de negocio nuevo que, permitiendo las compras consorciadas, modificó de forma importante la vida cotidiana de lectores y bibliotecarios. El gran cambio de esta década quizá sea social y consista en el convencimiento de que el acceso a la producción científica debe ser generalizado. Este está siendo el gran motor de cambio del circuito de la comunicación científica.
  

En el lejano año 2001(cuando el Open Access aún no había recibido este nombre), Kenneth Frazier (1) advirtió de los peligros de los peligros de que las bibliotecas compraran conjuntamente paquetes de revistas a una editorial. Para referirse a estas compras conjuntas o consorciadas,  usó un término que ha hecho fortuna: Big Deal (2). Frazier recomendaba a los directores de bibliotecas no firmar acuerdos de este tipo para evitar los riesgos de:
“… weakening that collection with journals we neither need nor want, and increasing our dependence on publishers who have already shown their determination to monopolize the information marketplace.(3)

Le hemos hecho poco caso a la advertencia de Frazier. En casi todo el mundo las bibliotecas se han organizado en consorcios para comprar conjuntamente  bases de datos y revistas electrónicas (4). Yo me atrevo a afirmar que las compras consorciadas han sido un buen negocio para los usuarios y para las bibliotecas, aunque  su generalización nos ha llevado también a un cierto callejón sin salida. Intentaré argumentar estas afirmaciones.

El paradigma de coleccionar en la era de lo impreso consistía en seleccionar los conjuntos de información que podíamos predecir que nuestros usuarios usarían. Bajo esta perspectiva, evidentemente, suscribir lo que antes no habíamos seleccionado parecía conducirnos a pagar por lo que ‘nadie necesitaba ni quería’. Pero diversos estudios (5), confirmados por la praxis cotidiana, mostraron que si se ampliaba el horizonte de lo que el usuario podía usar, el acceso dejaba de concentrase en la colección propia y se desplazaba a títulos no previamente suscritos. Por otra parte, en una compra consorciada, donde se paga por el acceso a un paquete que incluye títulos que antes no suscribía ninguna de las bibliotecas incluidas en el trato, es impreciso afirmar que se paga por lo que no se usa. El grueso del coste se corresponde a los usos previos (determinados por las suscripciones previas) y solo un porcentaje pequeño se paga en función de los títulos no suscritos.

Las compras consorciadas han tenido en cambio claras ventajas. La primera ha sido que han supuesto un gran aumento del acceso disponible para los usuarios de las bibliotecas consorciadas. Si una de las funciones de la biblioteca es proporcionar información relevante a sus usuarios, no podemos minimizar el enorme caudal de información antes no accesible que ha llegado a los usuarios a partir de estas compras de información ‘empaquetada’ (6). Parte del buen concepto que los usuarios hoy tienen de las bibliotecas universitarias se debe a que estos asocian la llegada de las revistas digitales y el aumento de accesibilidad a las compras consorciadas (7).

Si en los años 90 del pasado siglo, la situación financiera española permitió la construcción de nuevas y grandes bibliotecas, nunca pudimos o nos propusimos disminuir la brecha en colecciones que nos separaba de los países más avanzados. La colección de una biblioteca de una universidad norteamericana podía ser perfectamente del orden de 5-7 veces más grande que la de una biblioteca de una universidad española de características equivalentes. Las compras consorciadas han permitido reducir esta relación de forma considerable, y hoy, por lo que se refiere a revistas, la diferencia debe ser de no más de 2-3 veces. Lo mismo se puede observar si se analizan países con consorcios desarrollados pero con poca tradición bibliotecaria como puedan ser Grecia, Portugal o Turquía. Las compras consorciadas (para los países que han sabido organizarse para hacerlas) han supuesto la disminución de la brecha que separaba sus colecciones universitarias de las de países más avanzados.

Desde un punto de vista interno, las compras consorciadas (que han ido inevitablemente unidas a la migración del papel a lo electrónico) han supuesto a las bibliotecas  un enorme ahorro en costes de procesamiento. Los costes de contratación se concentran, los de control desaparecen y los de manipulación y almacenaje disminuyen (8). Siguiendo con temas económicos, la pesadilla de los incrementos anuales de precio por encima de los de los presupuestos de compra se convirtió en solo un quebradero de cabeza. Los incrementos de costes anuales habían estado en España por encima del 15% y ahora están por debajo del 5%. Es difícil atribuir la contención de costes anuales a la acción concertada de los consorcios bibliotecarios, pero es innegable que la presión que estos han ejercido en los editores no puede haber dejado de tener efecto.


Notas:
(1)  Frazier, Kenneth (2001).  The Librarians' Dilemma: Contemplating the Costs of the "Big Deal", en: D-Lib Magazine, Vol. 7, Num. 3. http://www.dlib.org/dlib/march01/frazier/03frazier.html
(2)  Ver el orígen de los Big Deals en el post de Richard Poynder (2011), “The Big Deal: Not Price But Cost”, en : Information Today, vol. 28, n. 8, http://www.infotoday.com/it/sep11/The-Big-Deal-Not-Price-But-Cost.shtml
(3)  Frazier, op. cit.
(4)  Giordano, Tommaso (14), Le risorse elettroniche nelle biblioteche accademiche : Recenti sviluppi della cooperazione in Europa, en : Biblioteche Oggi, Vol. 32, n. 2, p. 5-1, disponible en  http://www.bibliotecheoggi.it/pdf.php?filepdf=20140200501.pdf. Hay traducción catalane http://www.recercat.net/handle/2072/244952
(5)  Ver: Borrego, Á; Anglada, L.; Barrios, M.; Comellas, N. (2007), Use and Users of Electronic Journals at Catalan Universities: The Results of a Survey, en:  Journal of Academic Librarianship, v. 33, Issue 1, pp. 67-75, y Urbano, C.; Anglada, L.; Borrego, Á.; Cosculluela, A.; Comellas, N. (2004),  The use of consortially purchased electronic journals by the CBUC (2000-2003), en: D-Lib Magazine,  vol. 10, n. 6. www.dlib.org/dlib/june04/anglada/06anglada.html
(6)  Las revistas recibidas por cada una de las bibliotecas del CBUC fueron, en 2013, 16.500 (Balagué Mola, Núria; Gómez Escofet, Joan (14). “Les biblioteques universitàries a Catalunya (2012-2013)”. Anuari de l’Observatori de Biblioteques, Llibres i Lectura, Vol. 3, p. 212-232. http://www.raco.cat/index.php/AnuariObservatori/article/view/285718/). Según las estadísticas de Rebiun, en 1998, la Universidad de Barcelona suscribía 6.472 revistas, la Autónoma de Barcelona 5.898 y la de Gerona 1.679 http://estadisticas.rebiun.org/cuestionarios/indicadores/indicadores_main.asp# Las diferencias son, pues, sustanciales.
(7)  La función de la biblioteca más valorado por los investigadores es la de que sea quien pague las revistas y otros recursos de información. Ver: Housewright, Ross; Schonfeld, Roger C.; Wulfson, Kate (13). “Ithaka S+R US Faculty Survey 2012”. http://sr.ithaka.org/research-publications/us-faculty-survey-2012, p. 67, así como: Borrego, Ángel (14). “ Comportament informatiu del professorat de les universitats catalanes: Estudi realitzat per encàrrec del Consorci de Serveis Universitaris de Catalunya (CSUC)  Àrea de Biblioteques, Informació i Documentació”. http://www.recercat.net/handle/2072/242106, p. 33.
(8)  Ver el potencial económico que atribuye a estos cambios David W. Lewis (07), A strategy for academic libraries in the first quarter of the 21st century, en: College & Research Libraries, vol. 68, n. 5, p. 418-434.


diumenge, 8 febrer de 2015

En el 40è aniversari del COBDC



Assumpció Estivill explica el naixement, caràcter i activitats de l’Agrupació Escola de Bibliotecàries (EAB), una associació més de caràcter cultural que no pas professional, i que té vida entre el 1930 i el 1939 (*). Les bibliotecàries en vida laboral activa van formar el 1936 l'Agrupació Professional de Bibliotecàries de Catalunya.

La història del Col·legi Oficial de Bibliotecaris-Documentalistes de Catalunya (COBDC) està menys documentada, però jo crec que s’ha d’iniciar ara fa 40 anys amb l’aprovació legal el 1974 de l'Asociación de Antiguas Alumnas de la Escuela de Bibliotecarias de Barcelona, associació que aviat (1975) va poder canviar de nom i anomenar-se Associació de Bibliotecàries de Catalunya (ABC). Rosa Ricart en va ser la primera presidenta.

Fins llavors, les bibliotecàries que treballaven a biblioteques populars trobaven un marc de desenvolupament professional en les xarxes de biblioteques existents i en les trobades de nadal a la Biblioteca de Catalunya, i les bibliotecàries que treballaven a la universitat o a l’empresa estaven associades a l’Asociación Nacional de Bibliotecarios, Archiveros y Arqueólogos (ANABA).

A principis dels 70 el país despertava i la creació d’associacions culturals i professionals en va ser una mostra. Entrava dins la ‘normalitat’, doncs, que les bibliotecàries creessin la seva associació professional. Hi havia motius específics, però; me’n consten tres. Els estudis de bibliotecària que es feien en una escola de la Diputació de Barcelona i que no tenien reconeixement acadèmic. La integració de l’Escola a la Universitat s’havia intentat i no havia funcionat i, mentrestant, les titulades (amb uns estudis equivalents als de mestre, per exemple), no veien el seu grau reconegut a nivell laboral. Això es manifestava amb força a les universitats catalanes que des de finals dels 60 havien començat a contractar bibliotecàries, cosa que feien en la categoria d’auxiliars de biblioteca, és a dir, la corresponent a estudis de batxillerat. La tercera, va ser el desacord dels professionals més actius amb les posicions que ANABA sostenia a l’IFLA.

L’Associació de Bibliotecàries de Catalunya va canviar de gènere l’any 1981 i passa a anomenar-se Associació de Bibliotecaris de Catalunya. L’ABC va decidir transformar-se en col·legi en una assemblea en la que no pas totes les veus hi van estar a favor, però en la que es va creure que la nova forma legal que volia agafar l’Associació tenia avantatges. La iniciativa va venir de la Junta de l’ABC i aquesta Junta va ser la Junta Gestora del COBDC fins que no es van fer eleccions al Col·legi. El COBDC es crea per llei l’any 1985.

Quins motius s’argumentava per passar d’una associació a un col·legi? En el record me’n queden dos: el d’augmentar els afiliats pel fet que la col·legiació podia ser obligatòria per l’exercici professional i el de ser més tinguts en compte per l’administració en el moment de preparar lleis, reglaments i plans d’actuació. Encara que no es pogués saber llavors, el temps ha mostrat que cap dels dos tenia gaire força. Vaig ser de la Junta del COBDC en el període que es va preparar la 2a llei de biblioteques i puc dir que el Departament de Cultura va tenir molt poc en compte l’opinió del Col·legi.

La creació del Col·legi va tenir en canvi l’efecte de tenir una agrupació professional molt més representativa del que no ho havia estat l’Associació. Una disposició transitòria de la Llei de creació del COBDC permetia que al   Col·legi s’hi integressin tant els titulats per l'Escola de  Bibliotecaris com “els  titulats universitaris que acreditin, de la manera com estableixen els Estatuts,    experiència professional com a bibliotecaris-documentalistes”. Aquesta transitòria, que va crear no pocs debats entre els professionals i que va ser tenaçment defensada per Carme Mayol, va ser un encert ja que va permetre incorporar al Col·legi professionals actius que per diverses raons no havien arribat a la professió a través dels estudis de biblioteconomia.

Com a mostra de la visió integradora de la professió que es tenia llavors, el COBDC va ser dels pocs (el primer?) Col·legis que incorporava titulats de diferents nivells universitaris. L’obertura del COBDC a professionals no titulats, i molts anys d’acció comuna organitzant conjuntament les Jornades Catalanes de documentació, van ajudar a que la  Societat Catalana d'Informació i Documentació (SOCADI) es dissolgués i els seus membres s’integressin al Col·legi l’any 1999.


Aquests dies he llegit que la Facultat de Biblioteconomia i Documentació de  la UB celebra el seu centenari, és a dir es reconeix hereva d’aquella Escola de Bibliotecàries, i he llegit també que el COBDC celebra el seu 30è aniversari, és a dir, no es reconeix com a continuació de l’ABC. Em sorprèn. L’adamisme és un pecat en el que és fàcil caure, però les institucions tendeixen a donar mostra de solvència contrastada recordant que van ser fundades com fa més anys millor.

Fa temps que em pregunto els motius d’aquesta reluctància. No pot ser res més que falta d’identificació de la majoria de col·legiats amb el passat representat per l’Associació. Ho puc entendre, els anys 70 i 80 van ser anys difícils. Hi havia moltes menys biblioteques que les que ara hi ha i els recursos de què disposaven eren molts menys. L’associació i el col·legi van tenir llavors unes relacions amb l’administració que, per reivindicatives, van ser poc glamoroses.

Les biblioteques catalanes han eclosionat els anys 90 i en els de després del canvi de segle, que és quan majoritàriament s’han fet nous edificis, creat eines i desenvolupat serveis. Però això no hagués estat possible sense la feina prèvia, ara poc recordada dels anys 70 i 80 del segle passat.

(*) L’Escola de Bibliotecàries 1915-1939, Barcelona: Diputació de Barcelona, 1992, p. 344-354



diumenge, 1 febrer de 2015

Nosaltres sols?



Llegeixo l’anunci d’una jornada sobre els “Nous usos de la biblioteca pública”, i en principi me n’alegro. Mai no és un mal moment per reflexionar sobre el futur (i menys aquest 2015, declarat Any de les Biblioteques pel govern de la Generalitat). Però em sembla una llàstima que la jornada estigui organitzada només per la Diputació de Barcelona. No hi col·labora ni la Generalitat de Catalunya, ni la resta de xarxes de biblioteques públiques, ni el Col·legi ni cap Facultat de biblioteconomia.

“Nosaltres sols!” sembla ser el lema de la Diputació en aquest any del centenari de les biblioteques creades per la Mancomunitat. El model exitós crear per Ors i Rubió consistia en biblioteques distribuïdes per Catalunya però relacionades entre sí per una xarxa (la xarxa de biblioteques populars) i formant un sistema (escola + Biblioteca de Catalunya + biblioteques populars + biblioteques d’ensenyament).

Hem arribat a un estrany moment de consens en el qual les biblioteques es consideren un cas d’èxit, un exemple de bon funcionament d’equipament i serveis públics. Hi hem arribat gràcies a l’èxit individual d’algunes biblioteques? Jo diria que més aviat no.

Les biblioteques són percebudes molt positivament no perquè n’hi hagi algunes que destaquen, sinó perquè el nivell mig de totes és alt (des d’una biblioteca de facultat o campus a la d’un poble o barri). I aquest és el model: millorar el nivell mig de serveis, equipaments i prestacions de les biblioteques. Per fer-ho, reflexionar aïlladament de la resta em sembla una gran ocasió perduda.


diumenge, 4 gener de 2015

2015, any de les biblioteques





L’any que ens deixa va acabar-se amb la bona notícia que el Govern de la Generalitat ha aprovat declarar el 2015 com a l'Any de les Biblioteques. Ho fa coincidint amb el centenari de la creació de la Xarxa de Biblioteques Populars de la Mancomunitat de Catalunya ja que el juliol de 1915, la Mancomunitat va convocar el primer concurs per adjudicar quatre biblioteques populars. Aquell mateix any va començar a funcionar l’Escola Superior de Bibliotecàries i el 1914 havia obert les portes al públic la Biblioteca de Catalunya, biblioteca fundada el 1907.

Crec que la commemoració no es pot valorar de cap manera com un acte mecànic de celebració d’un centenari. En aquests darrers anys, les biblioteques de Catalunya han assolit un molt bon nivell de servei, tal com és reconegut pels ciutadans i pels polítics. Els primers n’avalen el bon funcionament usant-les i mostrant-se satisfets pels serveis que hi reben, el segons les esmenten sovint com un exemple d’equipament transversal i en destaquen –tal com fa sovint el Conseller de Cultura, Ferran Mascarell- l’aportació en cohesió social i cultural i en la creació de capital social.

L’any de les biblioteques comptarà amb una Comissió Promotora que “actuarà com a òrgan de comunicació i de trobada de les institucions relacionades amb l’àmbit de les biblioteques de Catalunya, especialment diputacions, ajuntaments i entitats municipalistes”. Es crea també una Comissió Executiva de l’any, que avaluarà i seleccionarà els projectes a desenvolupar en el marc de la commemoració, i un Consell Assessor, que proposarà els projectes de la commemoració i prestarà el suport necessari per realitzar-los.

En una entrevista a el Núvol, Carme Fenoll, cap del Servei de Biblioteques, explica que l’any temàtic “s’agruparà en cinc eixos: Biblioteca i model de futur; ciutadania; lectures; professionals i memòria. Durant aquest any iniciarem el servei de préstec de llibre digital i treballarem per fer possible el catàleg únic i el carnet cultural únic.”

Aquest darrer punt es relaciona amb el conveni signat recentment entre el Departament de Cultura i la Diputació de Barcelona per enfortir les Biblioteques Públiques de Catalunya. El conveni vol fer possible per a finals del 2015 i pel 2016 tres velles aspiracions del sistema de biblioteques:
  • crear un únic catàleg de biblioteques públiques (previst pel 1r semestre de 2016) mentre que es posa en funcionament de forma immediata “una passarel·la tecnològica que permeti la consulta simultània dels actuals catàlegs”,
  • establir “una política de carnet unificat per a tot Catalunya” per tal de facilitar la utilització de les biblioteques públiques sigui quin sigui el municipi on estigui donat d’alta un usuari (previst pel 1r semestre de 2016), i
  • oferir a totes les biblioteques municipals un servei de préstec interbibliotecari unificat (previst pel 2r semestre de 2015).

No es poden posar objeccions a tantes i tan bones noticies, però seria apropiat incloure dins les actuacions per aquest any de celebració una reflexió sòlida sobre les claus de l’èxit de les biblioteques –per tal de protegir els punts forts i les bones pràctiques que es detectin- així com analitzar les seves febleses –per disminuir-les o pal·liar-les-.

S’han fet moltes coses bé en biblioteques a Catalunya, i, a parer meu, una de les causes són els molts esforços que es van dedicar els anys 80 i a principis dels 90 a estudiar les tendències més innovadores en matèria de biblioteques que hi havia a nivell internacional i a construir un model que les integrés de forma possibilista en la realitat social catalana de finals del S. XX.

Aquests dies he rellegit la ponència de Lluís Bagunyà (llavors professor a l’Escola de Biblioteconomia) a les 4es Jornades catalanes de documentació (1992) i que duia per títol: “Estat de la qüestió a Catalunya: La informació registrada a Catalunya: un camp per racionalitzar”. La ponència (que, com les altres de les Jornades de Documentació i les de l’Associació de Bibliotecaris de Catalunya, lamentablement no pot consultar-se a la xarxa) és una mostra clara de l’exercici al que llavors ens sotmetíem: analitzar què teníem, definir què volíem tenir i estudiar com ho volíem aconseguir.

Res del fet des de llavors s’ha fet del res. Hi ha hagut esforços, idees, persones i recursos, sí; però hi va haver també debat sobre els punts forts i els febles de la infraestructura i serveis bibliotecaris de llavors. Avui això és més necessari que abans: el sistema no només té febleses (que en té) sinó que els anys que venen les biblioteques hauran d’adaptar-se a canvis molt profunds en què i com es llegeix.


P.e. La fotografia és de la biblioteca del Clot, de Barcelona, inaugurada recentment a l’emplaçament que l’Oriol Bohigas havia proposat per a la Biblioteca Pública provincial.

dilluns, 22 desembre de 2014

Identidad(es) profesional(es)


Se acaba de publicar el nº 70 del CLIP, Boletín de SEDIC. En la sección DEBATE Isabel Bordes, Javier Docampo, Hilario Hernández y José Pablo Gallo opinan sobre el informe "Prospectiva 2020: las diez áreas que más van a cambiar en nuestras bibliotecas en los próximos años". Incluye también un interesante artículo de Isabel Bernal (“Tendencias y cuestiones en sistemas integrados de información científica”), una entrevista a Paz Fernández y Fernández-Cuesta (Directora del Servicio de Bibliotecas de la Fundación Juan March), la descripción del proyecto de formación en línea SocialBiblio y de la Biblioteca de la Fundación Lázaro Galdiano. También recoge un artículo mío (Identidades profesionales) que incluyo aquí.


A Xavier Agenjo

Una definición de profesión sociológicamente correcta debería combinar conocimientos específicos, formación reglada, una deontología determinada y una red de relaciones personales más o menos organizada. Pero, una definición más intuitiva y menos codificada nos dice que una profesión viene definida por el estado de un objeto: una persona en tanto que enfermo (médico), un edificio en tanto que lugar habitable (arquitecto), un espacio en tanto que una área de interacción de actividades humanas (geógrafo). Desde esta última perspectiva, nuestra profesión, quedaría, sin duda alguna, popularmente definida por el documento en tanto que algo a conservar. 

He argumentado recientemente [1] que tenemos un problema y que este no está en nuestra supuesta incapacidad de innovar (que la tenemos) sino en una pertinaz asociación entre nosotros y la actividad de coleccionar y conservar objetos. Una profesión lo es, entre otras cosas, porque su identidad es reconocida desde fuera de la profesión; los no profesionales crean imágenes (tópicas, muchas veces) de lo que creen que el profesional es o hace. La imagen popular y la profesional quizá no coincidan nunca del todo, pero se solapan lo suficiente como para permitir entenderse en su significado. Pero nosotros no nos vemos tal como nos ven, de aquí surge una incomodidad identitaria. 

Creo que la incomodidad con nuestra identidad (mejor dicho, de la nuestra tal como la sentimos con la imagen proyectada o percibida) proviene de los años 60-70, cuándo, con la aparición, primero, y generalización, después, de los ordenadores, la información se despega del objeto portador y empieza a tener vida propia más allá de lo que los académicos han denominado soportes documentales. 

Nacemos como profesión en el Siglo XIX. Pero, a diferencia de los químicos, que en el alquimista no ven más que un antecedente protocientífico (o de los biólogos modernos, que no se reconocen en el naturalista), la continuidad física del objeto que tratamos ha conferido a nuestra identidad una continuidad que hemos querido remontar a siglos lejanos[2]

Pero, ¿Cuál es esta 'nuestra profesión' a la que no nombro ni defino? ¿De qué se ocupa? Hemos dicho que del documento en tanto que algo a conservar, pero esta es una base falsa. Inmersos en un contexto de más de 3.000 años de información atada a su soporte y de información escasa, no hemos sabido ver que nuestro punto de vista (nuestra aportación profesional) tiene más que ver con la facilitación del conocimiento que con el coleccionar objetos portadores de información. 

Hace bastantes años (pero no siglos), algunos estudiosos dejaron la investigación pura para dedicarse a organizar la información y convertirse así en 'ayudadores' de sus compañeros. A mediados del S XIX, intelectuales ayudadores recogieron vestigios históricos de todo tipo y, para facilitar su estudio, los rodearon de libros; y a finales del XIX inicios del XX, intelectuales ayudadores recogieron información para facilitar el acceso al conocimiento a un nivel menos erudito. Pero la información (atada a su soporte) se pre-clasifica, por motivos prácticos, antes por forma que por materia. Así, pronto las salas de almacenaje pluridocumntales se convirtieron en archivos, bibliotecas o museos, según lo que contuvieran; y los eruditos dedicados a su cuidado, recibieron, en función del tipo de documento a tratar, los nombres de archiveros, bibliotecarios o museólogos. 

Objetos portadores de información separados por su forma comportan criterios distintos de organización, y de estos derivan tecnologías y conocimientos específicos. De cada praxis surge una identidad profesional distinta que -equivocadamente- pone el acento en el objeto como soporte, y se olvida de su función: facilitar el conocimiento. En las épocas de expansión, como las vividas hasta hace pocos años, las identidades profesionales se multiplicaron, así se añadieron distinciones y surgen documentalistas, hemerógrafos, bibliotecarios escolares y bibliómetras. Contrapuestos los unos con(tra) los otros, cada (sub)grupo con necesidades propias de afirmación, con el enfoque equivocado sobre el punto de vista específico que aportamos…, con todo esto, las identidades profesionales respectivas se han reforzado en las pasadas décadas, al tiempo que se diluía el tronco común. 

La multiplicación de identidades profesionales tiene mucho de lógico. Lo parecido, de cerca aparece distinto, y lo distinto puede regirse por reglas mucho más ajustadas a cada una de las identidades sin necesidad de ejercer la abstracción ni de manejar la ambigüedad. Tienen mucho de real, también, ya que las profesiones se ejercen en ámbitos determinados y estos determinan un contexto ineludible y no intercambiable. 

Pero la aceleración del cambio tecnológico que se produce a partir de los años 60-70 con los ordenadores, y, algo más tarde, con Internet, rompe con la asociación información-soporte y se debilitan así los sustratos de muchas (sub)identidades profesionales. Se debilitan las específicas y no aparece por ninguna parte la global: pasamos a sentir incomodidad identitaria. 

Si observamos el panorama profesional, éste puede parecernos diverso y fragmentado. Las aproximaciones a un mismo punto de vista (facilitar el conocimiento) nos conducen a realidades muy distintas (contar cuentos en una biblioteca púbica, fijar procesos documentales en una organización o crear planes de gestión de datos en un centro de investigación, por ejemplo). Pero nuestra profesión es más una práctica que una ciencia, y como práctica carece de una troncalidad de conocimientos básicos de los que se derive lo demás. Sería cómodo tener (algún día lo tendremos) verdades fundamentadoras comunes que aunaran en la teoría prácticas alejadas, pero hoy por hoy lo que tenemos en común es una intención o un punto de vista. Punto de vista propio con respecto a otras profesiones, pero variado en su ejercicio. 

Nací en una ciudad pequeña y, empapado de mi identidad, me burlé de los nacidos en el pueblo grande de al lado (al que no le conferíamos la categoría de ciudad que sí otorgábamos graciosamente a la nuestra). Me instale a vivir (algo) lejos, y, con la lejanía vi diluirse aquellos hechos diferenciales para pasar a descubrir similitudes por encima de las diferencias (pero no dejo de ser de donde nací). 

Uno de los retos de la humanidad en este siglo casi acabado de estrenar será la combinación y coexistencia de identidades. Saber sentirse parte de lo global sin tener que renunciar a lo ideosincrático. Profesionalmente hablando, poder alimentar lo GLAMorosamente [3] común a partir de la forma en cada uno vive su forma de ejercer la profesión. 

En el S. XXI uniremos las identidades profesionales que, por limitaciones tecnológicas, empezamos a separar en el S. XIX y que consagramos a lo largo del S. XX, y, sin diluir las diferencias, nos ofreceremos a una sociedad compleja como ayudadores en el difícil (pero más que nunca necesario) proceso de adquirir conocimiento. 

[1]
¿Son las bibliotecas sostenibles en un mundo de información libre, digital y en red?
http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/2014/nov/07_esp.pdf
[2]
"For the entire history of libraries as we know them -- 2,000 or 3,000 years -- we have lived in a world of information scarcity," said Terrence J. Metz, university librarian at Hamline University. "What's happened in the last two decades is that's been turned completely on its head. Now we're living in a world of superabundance."
https://www.insidehighered.com/news/2014/12/10/rethinking-library-proves-divisive-topic-many-liberal-arts-institutions
[3]
Hakkennes S, Green S. Measures for assessing practice change in medical practitioners. Implementation Science 2006;1, 29.

diumenge, 30 novembre de 2014

Lectura actual = lectura digital




M’agraden el supermercats francesos perquè hi pots trobar plomes. A França, és obligatori escriure en ploma a l’escola perquè creuen que aquest instrument en millora l’aprenentatge. Finlàndia, però, anuncia que abandona l’ensenyament de l’escriptura a ma. Ho explica i aplaudeix Enrique Dans en el seu bloc, al post: Escribir a mano es del siglo pasado

Hi ha setmanes en que un tema es posa en línia. La passada ha estat per a mi la de la lectura digital.  

A la darrera trobada de LECXIT Jordi Jubany assenyalava els set aspectes en què (a parer seu) la digitalització esta afectant a la lectura. Podeu veure la presentació completa a SlideShare, però, del que va explicar en destaco: l'alta velocitat dels canvis en la lectura formal i informal, com la lectura digital suposa un  accés integrat a recursos e- (és a dir, la lectura va acompanyada de fer comentaris, de consultar diccionaris, de  recomanar texts...), que escriure pot formar part del procés lector ja que la lectura passa a ser un element de socialització, i que hi ha correlació entre comprensió lectora i competència digital.

En Jordi acabava així: “Llegir avui és més: més interessant, més important, i més complex alhora”.

La complexitat de la lectura digital fa que l’aprenentatge de la lectura crítica sigui avui més important que mai. Així resumiria l’amena aportació de Daniel Cassany al darrer Glop de cervesa.

Va dir més coses en Daniel, específicament que canvia la manera de llegir. Hi ha més formes de llegir, i algunes (els whatsApp’s, per exemple), són difícils de reconèixer com a tals vistes des d’una perspectiva tradicional. Si abans la lectura era de més de profunditat i de menys amplitud, ara és més amplia i menys profunda. No hi va haver manera (i això és a favor seu) Que en Daniel digués que la lectura actual és millor o pitjor que la d’abans.

Em va interessar molt la seva observació que ara sovint llegim fora de context, i això fa que sigui més difícil trobar-hi significat. Segur que molt bibliotecaris s’ha preguntat per què carai posem el lloc d’edició. L’explicació (que tenia sentit fa uns anys i ja no ara) és que el lloc d’edició donava context. Un bon exemple: un llibre de psicologia publicat a Buenos Aires els anys 70 probablement era d’orientació psicoanalítica. Ara, la xarxa ha fet el món pla. Accedim a molt més, perdent context en el camí.

Per cert, ens va recomanar un article seu: Confesiones de un autor pirateado. Li he fet cas i em faig eco de la seva recomanació.

Acabo esmentant la taula rodona «La lectura a la xarxa, la xarxa de la lectura» (amb Teresa Fèrriz, Oiol Izquierdo, Ester F. Matalí, i Trina Milan) al IV Fòrum de patrimoni literari. Vaig arribar tard i no en puc fer ni crònica ni comentari. Espero que els organitzadors en publiquin aviat algun resum.


Per als bibliotecaris, l’evolució de la lectura és un tema de cabdal importància. No només perquè hem de començar a pensar què en farem dels llibres que guardem (recomano la visita guiada per en Bib the Book al Minnesota Library Storage), sinó, sobretot, perquè les noves formes de llegir han de determinar les noves formes que han de prendre els serveis bibliotecaris. Anem-ho fent!

diumenge, 23 novembre de 2014

El plaer per llegir com a clau de l’è(c)xit



Un dels principals problemes de la societat espanyola (i de la catalana, que en això no és diferent) és que tenim un índex de fracàs escolar superior a la mitjana dels països del nostre entorn. Diversos estudis han mostrat que hi ha correlació entre fracàs escolar i exclusió social i entre fracàs escolar i baixes competències lectores. Treballar, doncs, per millorar les competències lectores és fer-ho per una societat inclusiva.

Això està fent la Fundació Jaume Bofill, fundació indispensable, per a això i per a moltes altres coses, en la societat catalana d’avui. Ho fa amb el programa LECXIT el qual “té per objectiu incrementar l'èxit educatiu dels infants a través del treball per la millora de la seva comprensió lectora” i ho fa “gràcies al voluntariat i a la implicació de l'entorn dels nens i nenes que participen en el programa”.

En vaig parlar en un post d’ara fa dos anys (Llegim i humanitzem-nos: lectura i èxit educatiu) a propòsit de la seva 1a trobada. El passat 22N fer la seva 3a omplint del tot la sala d’actes del CaixaFòrum (no pas petita, per cert). La seva intenció era retre comptes de tres anys de treball.

Àlex Cossials (a la foto) va donar dades de les persones i institucions implicades i, el més important, els seus efectes. Un 74% dels nens que han participat en el programa estaven sota el seu nivell en competències lectores, percentatge que s’ha reduït fins al 19% després de de l’experiència. Així, l’atenció personalitzada d’un adult amb un nen en el procés de la lectura millor les capacitats lectores dels nens. Els resultats mostren, doncs, que el que fa LECXIT contribueix a que els nens arribin a les competències lectores de la seva edat.

Què ho fa això? Segons Àlex, diversos factors: la formació i acompanyament dels voluntaris, que cada nen tingui un mentor, la implicació de l’escola i de l’entorn (família inclosa)... i traspassar el plaer per llegir. Si la lectura és un element tan important de la formació, l’escola podria programar-la com un coneixement instrumental i convertir-la en una assignatura més. Però, ai las!, el plaer no s’ensenya, s’encomana, i aprendre a disfrutar no pot ser una activitat dirigida, sinó que ha de ser l’expansió d’un mateix. Aquesta és una de les funcions de la biblioteca a l’escola, i com pot l’escola realitzar-la sense que les escoles tinguin biblioteca?

El representant del Dep. d’Ensenyament a l’acte qualificava els avenços fets els darrers vuit anys d’espectaculars (sic) gràcies al programa puntedu i es lamentava que la crisi hagués estroncat de forma tan cruel aquest camí ascendent. Jo penso que no millorarem gens la feina que fem ni la societat que ens volta si som tan condescendents amb els efectes de les nostres accions. Portem a sobre 35 anys d’autogovern i alguna cosa més podíem haver fet en biblioteques escolars. Els benintencionats apropaments de la biblioteca pública a l’escola han quedat en res o en poc i el COBDC no es pot pas dir que hagi destacat per dedicar al tema una atenció prioritària.


Dos apunts més per acabar:
  • El 53% dels voluntaris que acompanyen als nens en la lectura una hora a la setmana son menors de 25, i el 89% són dones. Clarament la paraula solidaritat s'escriu en femení i el gènere ‘ajudador’ és el femení. Es poden deduir coses que afecten la professió de bibliotecari, a partir d’això.
  • Davant les intranquil·litats que genera que les màquines cada vegada ocupin més el nostre temps, les paraules de Jordi Jubany: llegir avui es més: més interessant, més important i més complex alhora.