diumenge, 6 abril de 2014

Políticas de información: quién y cómo


[Acaba de aparecer el v. 23, n. 2 (marzo-abril de 2014) de la revista “El profesional de la información” con el tema monográfico de 'Políticas de información'. Publico la última entrega (6/6) de mmi contribución que se encuentra en abierto en la p. web de la revista junto a otros artículos interesantes]


¿Quién debería establecer una política de información, es decir aquello que hemos definido como una acción concertada de diferentes agentes con la información como objeto y con determinadas finalidades como metas? Creo que desde la ‘vieja Europa’ tenemos cierta tendencia a considerar que debería hacerlo el Estado, pero la administración  se ha mostrado conservadora y remisa a tomar un papel de liderazgo en esta época de cambios profundos. En el caso español esto se agudiza por la falta de tradición planificadora, interés por la cultura y fragmentación de competencias.

Francis Fukuyama afirma que “una única característica cultural aglutinante condiciona el bienestar de una nación, así como su capacidad para competir: el nivel de confianza inherente a la sociedad”  (1) y que esta se mide por el dinamismo de su sociedad civil y la cuantía del capital social que acumulan. La capacidad de establecer alianzas y asociaciones de intereses configura el desarrollo de una sociedad y, siguiendo esta argumentación, deberíamos dejar en manos de los agentes la concertación de acciones que configura una política de información.

Si las metas que hemos presentado como potencialmente comunes realmente lo son, el camino para conseguirlas debería ser la adición de agentes a su alrededor, es decir, a través de las asociaciones profesionales y del establecimiento de alianzas entre diferentes agentes. De hecho, solo el mismo ejercicio de la asociación puede mostrarnos cuales son las acciones concretas que concilian consenso y que se revelan como determinantes para configurar determinado futuro.

No hay certeza sobre el devenir, pero sí hay valores a defender y objetivos a perseguir. Hay consensos posibles en la diversidad de tipología de instituciones e intereses comunes por encima de los propios de un sector o una organización. Quizá siempre, pero más en este momento en que la tecnología y el mercado están reconfigurando una sociedad diferente, los puntos de vista sectoriales solo prevalecerán si son expuestos y defendidos por el sector que los representa. El acceso generalizado a la información por parte de una ciudadanía capaz de utilizarla para su crecimiento personal y colectivo no será un bien que se consiga sin explorar organizadamente las alternativas existentes y sin apostar dentro de la incertidumbre por las que se considere más adecuadas.

Estoy defendiendo –tal como se hace evidente- el reforzamiento del asociacionismo profesional y el papel de las asociaciones profesionales e institucionales en el establecimiento de políticas de información. En un mundo globalizado no se encontrarán caminos para la preservación de lo nacido digital o del préstamo de libros electrónicos en las bibliotecas, por ejemplo, desde lo local. Esto, de forma evidente, no excluye la experimentación a nivel institucional o territorial, pero el campo de juego es mucho más ancho, es multitipo, es intersectorial y es de ámbito estatal y mundial.

Seguramente Rebiun, la asociación de bibliotecas universitarias, sea el mejor ejemplo en España de la capacidad de las bibliotecas asociadas para conducir nuestro futuro. Sus planes estratégicos, con mayores o menores aciertos en cada momento pero continuados en el tiempo, han conseguido no solo cambios notables sino además visibilizarse como agentes de cambio (2) . La acción concertada de varios ha fortalecido al grupo, sí, pero sobre todo ha fortalecido a las partes.

Otro ejemplo destacable –este a nivel europeo- es el esfuerzo que actualmente está haciendo LIBER para reposicionar las bibliotecas nacionales,  universitarias y de investigación en este entorno cambiante. Las líneas de trabajo han derivado de un trabajo previo definiendo una visión estratégica del que han derivado tres líneas de acciones que LIBER propone a sus miembros: redefinir la biblioteca física, posicionar la biblioteca como un socio activo en la investigación científica y actuar de forma conjunta frente la Unión Europea.

De una forma parecida, es decir elaboración de una visión estratégica de la que se deriva un plan de acción, está actuando el Consejo de Cooperación Bibliotecaria. Este aprobó su primer plan estratégico para el período 2013-15, compuesto de tres líneas: promoción y fomento de las bibliotecas, sostenibilidad de los servicios bibliotecarios en el nuevo entorno informacional y social, y evolución del funcionamiento del Consejo (3). El Plan del CCB generó un grupo de trabajo que ha hecho un trabajo de prospectiva que destaca las diez áreas que más van a cambiar en nuestras bibliotecas en los próximos años y del que se derivan propuestas de trabajo conjuntas (4) . De forma muy sintética, el estudio de tendencias nos indica tres direcciones (la biblioteca debe ser creadora y educadora de comunidades, los edificios serán espacios sociales y sus servicios se adaptarán a la realidad digital) y dos caminos: flexibilizar las  estructuras y procesos de las bibliotecas e incrementar la cooperación dentro y fuera de la institución (5).


En estos momentos de cambio, rodeados de incertidumbres y con algunas debilidades notables, parte de nuestros deberes profesionales deben dedicarse al tejido de acuerdos que permitan actuar coordinadamente en direcciones determinadas. El asociacionismo y la cooperación no son terrenos de intercambio placentero de conocimientos para cuando se termina la jornada laboral, son terrenos de definición de políticas de información, políticas sin las cuales nuestras instituciones no podrán cumplir sus finalidades.

Notas:
[1] Francis Fukuyama, 'La confianza (Trust)' (Barcelona: Ediciones B, 1995).
[2] Sus inicios están explicados en: Cabo, Mercè; Celestino, Sonsoles; Guerra, Carmen; Taladriz Mas, Margarita (2003). «Un puente hacia el futuro : el Plan Estratégico de REBIUN». BiD: textos universitaris de biblioteconomia i documentació, juny, núm. 10. [Consulta: 15-03-2014].
[4] José Pablo Gallo León (coord..),  “Prospectiva 2020: Las diez áreas que más van a cambiar en nuestras bibliotecas en los próximos años” (CCB, 2014). http://www.mcu.es/bibliotecas/docs/MC/ConsejoCb/GruposTrabajo/GE_prospectiva/Estudioprospectiva2020.pdf Ve un resumen en el Blog de Julián Marquina, “Transformación física y social de la biblioteca en los próximos años”, http://www.julianmarquina.es/transformacion-fisica-y-social-de-la-biblioteca-en-los-proximos-anos/

[5] Esta visión sintètica se la debò a Alfono Stinus, de Momentum. 

diumenge, 30 març de 2014

El caso de las bibliotecas escolares


[El v. 23, n. 2 (marzo-abril de 2014) de la revista “El profesional de la información” tratará de Políticas de información. Paso a publicar por entregas mi contribución (5/6).]

Hemos dibujado tres ámbitos relativamente autónomos de construcción de acciones concertadas o de políticas de la información: uno alrededor del libro impreso, otro alrededor de la investigación y un tercero alrededor de la cultura. Pero hay un ámbito que debería conciliar los acuerdos de los tres ámbitos y sumar aún a nuevos agentes: las bibliotecas escolares. 

Algunas mentes lúcidas y algunos gobiernos creen que la sostenibilidad y desarrollo de nuestra sociedad pasan por las innovaciones que pueda aportar la ciencia y que esta dará más y mejores resultados si se realiza en abierto. Esto supone un impulso importante de políticas de información pero deberíamos saber aprovechar este empujón para extender las acciones. La innovación puede mejorar si la información–objeto se hace más accesible, pero lo hará también, si y solo si, si los científicos, profesionales y ciudadanos pueden integrar la información de forma creativa y crítica.


Esto solo se conseguirá con una formación para la información, formación que debe iniciarse en la escuela y que debe apoyarse en planes y profesionales especializados. ¿Alguien puede imaginase una educación física sin instalaciones deportivas y sin profesorado preparado? Menos deberíamos podernos imaginar una educación para la información sin bibliotecas escolares y sin profesionales preparados para atenderlas.

dijous, 27 març de 2014

Políticas de información para la lectura y la cultura


[El v. 23, n. 2 (marzo-abril de 2014) de la revista “El profesional de la información” tratará de Políticas de información. Paso a publicar por entregas mi contribución (4/6).]

El dominio emergente de lo digital reconfigurará las relaciones del ciudadano con la cultura y debe suponer más información y más capacidad de usarla para el ciudadano. Los espacios de uso libre de la información dentro de lo que han sido las bibliotecas hasta ahora deben extenderse al espacio virtual donde el ciudadano ha  de poder encontrar la información que rellena su ocio, le forma y configura su memoria. La biblioteca no edificio y sí organización ha de poder prestar libros digitales, ofrecer información digital para el uso de todos y garantizar que el acervo de lo nacido digital pasará a las generaciones futuras.

Para los ámbitos anteriores hemos afirmado que se daba coincidencia amplia sobre los objetivos finales. En este en cambio incluso estos pueden estar en entredicho ya que la información digital erosiona los modelos de mercado vigentes.

No se puede banalizar el impacto del préstamo de libros en formato digital sobre la sostenibilidad económica de las empresas editoriales y las cadenas de distribución de la cultura. Las editoriales han contribuido a la difusión de la cultura a la vez que han sido empresas con finalidad de lucro e incluso a veces muy rentables. El fomento de la lectura y las funciones educativas y sociales realizadas a través del préstamo gratuito de libros por parte de las bibliotecas debe poder continuar haciéndose en beneficio del ciudadano y de la sociedad y debe hacerse manteniendo algún tipo de negocio para el editor. Carme Fenoll definía el problema de esta manera “los editores no acaban de dar luz verde al préstamo de libros electrónicos en las bibliotecas públicas porque creen que éste desequilibraría el sector y repercutiría disminuyendo sus ventas”[i]. Lo cierto es que -a diferencia del caso de las revistas científicas con el pago por publicar- en el ámbito de la edición comercial no se ha encontrado aún el equilibrio que satisfaga a las dos partes. La solución no es ni será fácil ni tampoco será local. Debería crearse una alianza de autores, editores, libreros y bibliotecarios que intentara definir un acuerdo nacional por el préstamo digital. Un acuerdo que sería provisional y que probablemente solo pueda configurarse de momento de forma piloto. Al mismo tiempo esta alianza debería tener la vista puesta en las operaciones parecidas emprendidas por países próximos[ii].

El segundo elemento punto de una política de información para la ciudadanía sería el fomento de la digitalización de documentos no nacidos digitales y sobre todo su puesta a disposición en formatos interoperables y regímenes de uso amplios. Lo primero parece formar parte de lo asumido por todos y podríamos citar aquí diferentes iniciativas ejemplares de digitalización de documentos[iii]. Creo que los consensos y planes de acciones institucionales deben centrarse en la interoperabilidad de los documentos digitalizados (muchos de ellos con recursos públicos). El enorme universo de la cultura humana se ha desplegado en nichos que tienen más que ver con la forma que han tomado los documentos que con sus contenidos. El mundo de lo digital nos permitirá recomponer los nichos en un todo, al menos en el dominio del acceso. Para que una persona pueda acceder a los contenidos que le interesan de forma independiente de la forma que estos tomen (o de las instituciones que los almacenen), los metadatos deben ser interutilizables por aplicaciones, indistintamente del ámbito institucional en el que se hayan producido. Probablemente la web semántica y los datos abiertos y enlazados (linked open data) sean la solución, pero antes de un uso amplio de los mismos, los diferentes colectivos profesionales que tratan con documentos culturales deberán hacer esfuerzos de aproximación en la forma como los tratan.

Finalmente la preservación de lo nacido digital deberá afrontarse también en alianza entre diferentes sectores. Las instituciones culturales no son las que tienen la infraestructura y la tecnología que se requerirá para preservar la cada vez mayor cantidad de información nacida digital que deberíamos garantizar que se conservara para el futuro. Ni serán tampoco los tecnólogos quienes tendrán los conocimientos y la sensibilidad que se necesitarán para manejar documentos digitales de diferente procedencia y contexto. Ni hay consenso amplio sobre lo que debemos preservar ni instrumentos preparados para hacerlo. Y en este caso la solución tampoco podrá proceder de una sola instancia.

En este campo de información para la ciudadanía los agentes se multiplican, autores, editores y libreros; archivos, bibliotecas y museos; documentalistas e informáticos: en todos los casos se trata de establecer alianzas con sectores que han sido vecinos en el reino de lo impreso, pero vecinos incomunicados. Las políticas de la información que se deben establecer aquí quizá sean las más difíciles de tejer debido a la heterogeneidad de culturas corporativas e intereses de sus agentes.




[i] Carme Fenoll, “Políticas de préstamo digital en las bibliotecas públicas: el caso de Inglaterra”. Blok de BiD, 15/05/2013, http://www.ub.edu/blokdebid/es/content/pol%C3%ADticas-de-pr%C3%A9stamo-digital-en-las-bibliotecas-p%C3%BAblicas-el-caso-de-inglaterra
[ii] Recomiendo la lectura de los excelentes informes para el Blok de BiD hechos por Carme Fenoll y por Cristóbal Urbano sbre el préstamo de libros Electrónicos en Estados Unidos, Francia e Inglaterra.
[iii] Ver, por ejemplo: “Le Québec doit mobiliser et fédérer, avec l’appui de l’État, ses artistes et organismes, industries culturelles, médias, institutions patrimoniales et muséales, afin d’assurer, grâce au numérique, la persistance de notre culture, son rayonnement et son renouvellement.” En: Pour occuper l’espace numèriques: stratégie culturelle numérique du québec (Gouvernement du Québec, 2014). http://www.mcc.gouv.qc.ca/fileadmin/documents/Strategie_culturelle_numerique/MCC-StrategieNumerique-HR.pdf

dilluns, 24 març de 2014

Políticas de información para la ciencia


[El v. 23, n. 2 (marzo-abril de 2014) de la revista “El profesional de la información” tratará de Políticas de información. Paso a publicar por entregas mi contribución (3/6).]

De forma similar, el entorno de la información científica genera hoy consensos alrededor de los cuales se pueden articular políticas de la información. La idea central ha sido expresada de forma clara y directa por el Finch report[i]: la ciencia y la innovación producen beneficios económicos y de mejora del bienestar social y se espera que una ciencia abierta genere más y mejor ciencia. Así las instituciones patrocinadoras de la investigación (las bibliotecas entre ellas) pueden y deben ponerse de acuerdo en facilitar el acceso abierto a la información y a los datos.

Pero, si para el caso de lo impreso se daba coincidencia amplia sobre los objetivos finales y sobre la manera de conseguirlos, para el caso de la información científica el acuerdo es mucho más fuerte en las metas que en los caminos para conseguirlas. Y esta diferencia no es banal.

El Open Acces tiene poco más de diez años. La idea, que surgió alrededor de una carta abierta firmada por algunos científicos, ha pasado de ser un ideal romántico a un horizonte tangible y próximo. Las cifras sobre el porcentaje de artículos científicos en abierto varían, pero yo las situaría por debajo del 20% A pesar de ello, en estos momentos nadie duda (tampoco los editores comerciales) que el acceso abierto a las revistas va a ser la forma dominante de la comunicación científica a corto plazo (digamos el año 2020). La meta está pues clara, pero los caminos divergen en los colores (vías verde y dorada, con variantes cromáticas) y contenedores (repositorios o revistas, con variantes en la forma de los mismos). Pero la visión de resultado final permite construir políticas de información favorecedoras del OA siempre que estas se mantengan abiertas a las diferentes maneras de conseguir el acceso abierto para el lector y combinen mandatos con incentivos y facilidades.

Con el acceso abierto a los datos pasa una cosa parecido. La meta de ofrecerlos en abierto es compartida de forma amplia, pero aquí la divergencia no está en los caminos para conseguirla sino en la incertidumbre de una ruta aún no trazada. Una publicación reciente sobre el tema tiene un título significativo: “Starting the Conversation: University-wide Research Data Management Policy”.[ii] Como en otras ocasiones en la historia reciente (la tele-documentación, el OA o las compras consorciadas)  las bibliotecas no tienen por qué ser los agentes de la gestión y almacenamiento de los datos producidos por la investigación científica, pero son los agentes mejor situados para ejercer de catalizadores. Y esta posición de liderazgo en un entorno incierto podría permitir también alianzas amplias sobre las que construir políticas de la información (en este caso, datos).

Creo también que hay consenso en considerar que la compra conjunta de recursos digitales (consorcios) o la compartición de infraestructuras (repositorios y portales) son caminos que refuerzan la capacidad de acción de las bibliotecas. Como en el OA y para con los datos, no hay de ninguna forma un consenso amplio sobre  el camino a seguir. Hay consorcios especializados en una función y multi-tipo, ámbitos de compras estatales y regionales, tutelados por el estado o cooperativas de base… Y también diversas opciones en el ámbito de las infraestructuras (repositorios institucionales o temáticos, por ejemplo). Pero, en cualquier caso, la cooperación y la formación de alianzas parece un eje de futuro que debería formar parte de una política de información en el ámbito de la investigación.

El nuevo paradigma en construcción para la comunicación científica es un campo abierto a nuevas soluciones, un terreno para la experimentación. Pero las exploraciones de terrenos desconocidos es mejor hacerlas acompañados. Las direcciones están trazadas pero los caminos son poco transitables. Aquí es perfectamente posible establecer unas políticas de información amplias siempre que sus agentes sean flexibles y no definan programas de actuación demasiado escorados hacía alguna de las opciones en juego.





[i] “Governments, businesses, charities and others invest large sums of money in research in order to achieve those benefits: to increase knowledge and understanding, but also to make tangible contributions to social welfare and to economic growth. For research and its products are not just
economic assets: they contribute immeasurably to the intellectual and cultural life of the nation. Governments across the world therefore see the vitality of the research base as fundamental to the health of a modern society and economy.” Janet Finch (Chair) / Accessibility, sustainability, excellence: how to expand access to research publications: Report of the Working Group on Expanding Access to Published: Research Findings: Report of the Working Group on Expanding Access to Published Research Findings // 2012
[ii] Erway, Ricky. 2013. Starting the Conversation: University-wide Research Data Management Policy. Dublin, Ohio: OCLC Research.  http://www.oclc.org/content/dam/research/publications/library/2013/2013-08.pdf

dijous, 20 març de 2014

Políticas de información para el reino de lo impreso


[El v. 23, n. 2 (marzo-abril de 2014) de la revista “El profesional de la información” tratará de Políticas de información. Paso a publicar por entregas mi contribución (2/6).]

En el ecosistema de la información, la especie de los documentos impresos está en un proceso de retroceso y mutación. Su importancia será progresivamente menguante en las próximas décadas dentro de las cuales los expertos no prevén su desaparición. Las bibliotecas como instituciones coleccionadoras y gestoras de lo impreso deberán conseguir que se pudiera conocer de forma fácil todo lo que hay, que fuera accesible y que lo que se usa poco y tenderá a usarse menos se conserve.

Los dos objetivos primeros fueron ya objeto de políticas de información de la IFLA con el programa de control bibliográfico universal (CBU) y el de disponibilidad universal de las publicaciones (UAP). Ninguno de los dos es nuevo en el ámbito de la biblioteconomía y la documentación, pero los dos deberán ser realizables en un corto espacio de tiempo. Tener localizados todos los documentos impresos de todas las bibliotecas parece un objetivo razonable y conseguible. Worldcat de OCLC se aproxima a ello desde una perspectiva tan global que quizá sea excesiva a efectos prácticos, pero la verdad es que tener al menos dos catálogos colectivos para las bibliotecas españolas (uno para bibliotecas universitarias, especializadas y las nacionales, y otro para las públicas y escolares) sería útil y nada difícil.

En un mudo con preponderancia de lo digital se entenderá cada vez menos que las bibliotecas no puedan informar de forma exhaustiva sobre los bienes púbicos impresos y proporcionar acceso a los mismos. Lo que hoy llamamos préstamo interbibliotecario debería ser un conjunto concatenado de acuerdos entre redes y sistemas bibliotecarios que proporcionara de forma transparente y rápida cualquier documento que un usuario necesite. Y esto continuará siendo necesario, porqué aunque tendremos acceso a mucha información en formato digital, una parte significativa de la misma no lo estará por carecer de suficiente interés comercial para digitalizarla o por existir obstáculos legales para hacerlo.

En estos momentos las bibliotecas españolas custodian 175 millones de volúmenes impresos[i], su prescindibilidad irá en aumento, pero no la necesidad de mantener suficientes copias de cada título. Los interesantes estudios de OCLC sobre solapamiento de colecciones impresas y digitales[ii] muestran que el acceso a la totalidad de la información impresa generada por la humanidad va a necesitar depósitos donde almacenar de forma barata y coordinada los múltiples libros y revistas que tendrán un uso demasiado bajo como para estar en los estantes de las bibliotecas y que no habrán encontrado motivo de pasar a la red.

El dominio en extinción de lo impreso requiere medidas de preservación que la tecnología hace posibles. Una red federada de catálogos colectivos y de almacenes de impresos debería permitir que, a través de acuerdos de préstamo entre los sistemas bibliotecarios, las colecciones bibliotecarias impresas fueran, a efectos prácticos, un todo, una sola colección.




[i] El valor económico y social de los servicios de información: bibliotecas: Informe de resultados (FESABID, 2013) p. 35
[ii] Ver la recopilación de estudis en:  Dempsey, L.; Lavoie, B; Malpas, C. Understanding the Collective Collection: Towards a System-wide Perspective on Library Print collections. Dublin, OH: OCLC Research, 2013. http://oclc.org/research/publications/library/2013/2013-09r.html

diumenge, 16 març de 2014

¿De qué hablamos cuándo hablamos de políticas de información?



El v. 23, n. 2 (marzo-abril de 2014) de la revista “El profesional de la información” tratará de Políticas de información. Paso a publicar por entregas mmi contribución (1/6).

(Uno que ya tiene su edad se acuerda que) unas históricas Primeres Jornades de Teledocumentació a Catalunya concluyeron que era necesario “elaborar un programa general de información para Catalunya que analice las necesidades  de los usuarios tanto del sector público como del sector privado, defina las coberturas adecuadas para satisfacerlas, identifique los medios personales, tecnológicos y organizativos necesarios y periodifique debidamente la consecución de los objetivos que se establezcan”[i].

Podemos encontrar otras definiciones de lo que son las políticas de la información pero esta nos vale ya que además se formula en 1983, un momento en el que el tema tiene plena vigencia a nivel internacional. No en vano la Unesco había iniciado un programa general de información (PGI) que bajo el nombre de UNISIST pretendía “to co-ordinate existing trends toward co-operation and to act as a catalyst for necessary developments in scientific information” y tenía como finalidad “the establishment of a flexible and loosely connected network of information systems and services based on voluntary cooperation.” [ii]

Porqué, al final, una política de información no es más que la acción concertada de diferentes agentes con la información como objeto y con determinadas finalidades como metas. En mi opinión, la euforia tecnológica y de recursos de las décadas anterior y la posterior del cambio de siglo crearon la sensación de que con la información todo era posible y minimizaron la necesidad de coordinarse para conseguir determinados fines. Los enormes cambios que ha supuesto la información digital y en red para los sistemas de información han comportado mejoras evidentes, pero también un cierto desconcierto sobre las direcciones que tomar y –sobre todo- un cierto optimismo sobre la no necesidad de tomar direcciones de forma conjunta ya que, al final, la tecnología por si sola conseguiría lo que no podía conseguir la acción coordinada de las organizaciones y las personas.

La crisis que vivimos no es solo económica sino también tecnológica y de cambio de modelo organizativo, y está mostrando ya algunos efectos de la desregulación y la no planificación. El acceso a la información por parte de la totalidad de los ciudadanos, la existencia digital de información sin interés comercial y la preservación para el futuro de la información digital no se conseguirán de forma espontánea y sin esfuerzo. En los últimos años, el movimiento del acceso abierto ha mostrado también que la gran fuerza de una acción concertada en una dirección dada tiene el poder de modificar maneras de hacer centenarias. Pero las tendencias (lógicas) por parte de las empresas editoriales de continuar reteniendo derechos sobre la información y los datos han mostrado también que las solas fuerzas del mercado unidas a la ausencia de políticas de la información tienen efectos restrictivos sobre este bien público que es la información.

Si esto fuera así (y yo así lo creo) tener o no políticas de información dependería menos de los recursos existentes (normativos o de infraestructura) que de la capacidad de las instituciones que manejan información de llegar a acuerdos sobre cuáles deben ser estas acciones concertadas y sobre el papel de cada uno en emprenderlas. Las políticas de información exigen también tener estrategias definidas, ¿deben ser globales o sectoriales? ¿generadas por el Estado por las bibliotecas? ¿dirigidas o participativas? ¿de instituciones de un mismo tipo o de un amplio espectro de organizaciones? De buen seguro que existen distintas respuestas igual de válidas a estas preguntas, y que elegir la mejor estrategia depende de variables de tiempo y lugar, pero a mi parecer solo podemos establecer políticas solidas de información si encontramos un conjunto de acciones alrededor de las cuales se puedan alinear sin fricciones un amplio espectro de agentes.

Hay tres universos que deberían permitir coincidencias amplias: el mundo de lo impreso, el de la investigación y el de la cultura. Las posibilidades de establecer políticas de información en estos ámbitos se basan en consensos generalizados sobre lo que se debería o sería bueno hacer en cada uno de ellos.





[i] "Conclusions de les Primeres Jornades de Teledocumentació a Catalunya." Butlletí de l'Associació de Bibliotecaris de Catalunya [en línia], 1983,, Núm. 4 , p. 52-54. http://www.raco.cat/index.php/ButlletiBibliotecaris/article/view/52887/60834 [Consulta: 06-03-14]
[ii] John B. Rose, "The UNESCO General Information Programme and Its Role in the Development of Regional Co-operative Networks." Proceedings of the IATUL Conferences.Paper 6.

diumenge, 16 febrer de 2014

Arquitectura i biblioteques: el 2n glop de cervesa



Si el primer glop de cervesa és amarg i ens descobreix un gust estrany, en el segon hi trobem ja el plaer del reconeixement. No sé si va ser ben be així amb la 2a edició de les tertúlies el primer glop de cervesa sobre societat i biblioteques que amb el títol de Biblioteca i context urbà: l’encaix de l’equipament en l’entorn va tenir lloc el passat 11/02/2014 amb l’arquitecte Josep Maria Montaner en el paper de tertulià encarregat d’iniciar la conversa.

Aquesta vegada, amb uns organitzadors més distesos i alguns participants que repetien, la trobada es va allargar una hora més del que preveuen les normes. Les intervencions més interessants van venir del notable grup d’arquitectes que havia atret la convocatòria.

Josep Maria Montaner va fer quatre pinzellades amb la intenció d’emmarcar el debat. Aquestes van ser:
  • Les biblioteques i els museus van començar junts, tenen un origen similar, tot i que després es van separar. Les biblioteques se singularitzen abans que els museus. A diferència dels museus, les biblioteques ofereixen itineraris propis, no pautats, i són més interactives que els museus. La biblioteca és un lloc on la gent s’hi sent còmoda, un lloc on la gent hi esta bé, un lloc acollidor,
  • Els edificis de les biblioteques, en la tradició, tendeixen a resoldre’s com edificis simètrics, tot i que les biblioteques contemporànies tendeixen a tenir una estructura orgànica. Un espai organicista sembla el més adequat per a la biblioteca, però no és el mes freqüent.
  • La biblioteca sempre està en relació amb l’espai públic: com més accessible sigui, millor, com mes visió a l'exterior tingui, millor, com més llum deixi entrar, millor. La biblioteca funciona si està inserida en el seu entorn
  • Ara la Generalitat tendeix a agrupar equipaments, per exemple, a concentrar museus, però caldria si aquesta tendència és bona per  a les biblioteques. Cal examinar el paper que juguen aquestes en la cohesió social i en la cultura.

Al llarg de la tertúlia en Santi Romero (*) va procurar que el ponent es pronunciés de forma més concreta sobre com fer biblioteques ‘que funcionessin’. Josep Maria Montaner va opinar que les biblioteques cal que siguin accessibles de fora i flexibles de dintre. L'exterior ha de convidar a entrar, i, de dintre, com més organicitat, menys flexibilitat i més obsolescència. La biblioteca ha de tenir una bona relació amb l'espai, ha e tenir una entrada que xucla a entrar i ha de mostrar que es un espai públic (un espai públic cobert).

Ignasi Bonet (arquitecte i estudiant de documentació) va dir que no hi ha millor recepta per fer un abona biblioteca que un diàleg constant i profund entre arquitecte i el client i va citar com a millor projecte entre els actuals el de la ciutat de Hèlsinki on ha fet un gran projecte funcional (**). La biblioteca és un gran contenidor cultural, que passa a ser un centre productor de nova informació i porta d'accés a la informació existent a xarxa. Així la informació no seria  no és important sinó el que la gent fa amb la informació. Va citar la biblioteca pública de Seattle (esmentada com exemplar pels arquitectes assistents) i en va destacar la idea de la separació d’espais entre la col·lecció i els lloc per les persones (va dir que a això se n’hi diu flexibilitat compartimentada). Una altra idea interessant d’en Bonet: les biblioteques han de concebre els seus espais interiors com ho fan els centres comercials: com espais canviant; els edificis tindrien diferents capes i cada capa tindria un cicle de vigència diferent.

Santi Orteu (arquitecte d'equipaments) va tenir una intervenció molt interessant que va començar afirmant que les biblioteques són la xarxa d'equipaments públics que millor funcionen (en comparació amb arxius, parcs bombers...), els edificis de la xarxa de biblioteques són un cas d'èxit i els bibliotecaris no hauríem de ser excessivament crítics amb la relació amb arquitectes que és millorable, però bona. L’arquitecte ha d'escoltar molt abans de dissenyar ja que la visió d’un arquitectes sovint parteix de pre-judicis. Va afirmar (interessant!) que bona part de l'èxit de les biblioteques, és que els bibliotecaris son ‘caçadors de tendències’, professionals que organitzen els serveix en funció de les coses que usa la gent. Autobiogràficament va explicar l’èxit de les biblioteques: ell que per feina viatja, busca llocs acollidors on aprofitar el temps i els troba als bars i a les biblioteques on hi troba llibertat i racons on estar.

El debat va ser viu i s’hi van tocar temes diversos. De forma resumida destaco els que em van cridar més l’atenció:

En Jordi Permanyer (per les mans del qual deuen haver passat el 80% dels projectes arquitectònics de les biblioteques municipals actuals) va recordar que la biblioteca és un edifici de proximitat i que ha d'estar a mig camí de les gestions de la vida quotidiana, en contra la visió de molts ajuntaments que, en canvi, la veuen com un equipament.
Punts de vista dispars sobre el model actual de la biblioteca municipal. La majoria de les veus reclamaven una revisió en profunditat del model actual en funció dels canvis profunds que està experimentant la nostra societat i que s’estan traduint en canvis en la manera de fer de la gent.

L’Assumpta Bailac va fer notar que la gran dificultat n el disseny de biblioteques és que les funcions de les biblioteques són múltiples cosa que fa que aquesta requereixi molts espais diferents, a més, qualsevol edifici ha de tenir un client però en l'arquitectura pública el client es difús. La clau de l’èxit és: un arquitecte que escolta + un bibliotecari implicat + un ajuntament obert.

Eulàlia Espinàs, que es va declarar defensora de la biblioteca provincial de Barcelona en el passat, va tenir el valor de plantejar si amb el canvi de conjuntura no és ara el moment de replantejar-se la Biblioteca provincial de Barcelona. En tot cas –va dir- caldria explicar a la ciutadania perquè val la pena tenir una biblioteca central (***). En toto cas, interessant la observació d’Anna Broll (per a qui la BPB és una oportunitat): per la seva dimensió, algunes de les coses que somiem per a les biblioteques només poden passar a un espai gran.

Jordi Serrano va recordar les biblioteques universitàries (absents en el debat) aquestes tenen un model prop (el CRAI) que ha permès una renovació molt important dels espais de la biblioteca intentant crear els espais que els estudiants volen: espais individuals i de treball en grup, silenciosos i sorollosos. Els estudiants busquen confort  (temperatura, lloc, ordinadors...). De biblioteques ‘grans’ n’hi ha moltes a les universitats (al menys 10 edificis de més de 6.000m2 a Catalunya).

L. Anglada. Hi ha biblioteques fetes per grans arquitectes que són biblioteques dolentes (la de la UNED, les d’en S. S. De Oiza i R. Moneo per a les universitats Pública de Navarra i d’Alacant, la BNF), però hi ha també biblioteques espectaculars com edifici que funcionen com a biblioteca (la de N. Foster per a la Freie U a Berlin, la citada de Seattle, la nova central d’Amsterdam, ...) Una bona biblioteca és una combinació de factors: edifici, entorn i projecte.

Hi va haver més coses (****), és clar, sobre el disseny i el manteniment dels edificis, sobre la participació dels bibliotecaris en el disseny del programa funcional, sobre la formació que el bibliotecari hauria de tenir per poder parlar amb els arquitectes i poder fer el programa funcional, sobre la poca despesa corrent que destinem al desenvolupament de les col·leccions (pot ser no més d’un 5% del pressupost total) cosa que fa que la gent estigui deixant de trobar el que busca a les biblioteques.

(*) En Santi Romero és autor del llibre “La arquitectura de la biblioteca : recomendaciones para un proyecto integral” (Barcelona : Col-legi d’Arquitectes de Catalunya, Demarcación de Barcelona, 2001), llibre que està en obert a la xarxa també en versions catalana i anglesa. A E-Lis hi ha ressenya feta per C. Rodrígues-Parada: http://eprints.rclis.org/12023/


(***) L’afirmació va generar menys polèmica de la que jo hagués esperat, però va haver-hi diverses intervencions reclamant als organitzadors una cervesa-conversa al volant d’aquest tema.

(****) Al meu entendre, el gran absent en el debat va ser la funció de les biblioteques com espai cohesionador social, com espai generador de confiança, com a 3r espai. Ho va esmentar en J. Permanyer però no s’hi va ‘enganxar’ ningú.


P.s.: La fotografia d’aquest post es correspon al projecte guanyador del concurs per la construcció de la nova Helsinki Central Library: ‘Thecompetition jury unanimously decided that the winner is ALA Architects’ entry “Käännös”’.