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diumenge, 6 d’abril del 2014

Políticas de información: quién y cómo


[Acaba de aparecer el v. 23, n. 2 (marzo-abril de 2014) de la revista “El profesional de la información” con el tema monográfico de 'Políticas de información'. Publico la última entrega (6/6) de mmi contribución que se encuentra en abierto en la p. web de la revista junto a otros artículos interesantes]


¿Quién debería establecer una política de información, es decir aquello que hemos definido como una acción concertada de diferentes agentes con la información como objeto y con determinadas finalidades como metas? Creo que desde la ‘vieja Europa’ tenemos cierta tendencia a considerar que debería hacerlo el Estado, pero la administración  se ha mostrado conservadora y remisa a tomar un papel de liderazgo en esta época de cambios profundos. En el caso español esto se agudiza por la falta de tradición planificadora, interés por la cultura y fragmentación de competencias.

Francis Fukuyama afirma que “una única característica cultural aglutinante condiciona el bienestar de una nación, así como su capacidad para competir: el nivel de confianza inherente a la sociedad”  (1) y que esta se mide por el dinamismo de su sociedad civil y la cuantía del capital social que acumulan. La capacidad de establecer alianzas y asociaciones de intereses configura el desarrollo de una sociedad y, siguiendo esta argumentación, deberíamos dejar en manos de los agentes la concertación de acciones que configura una política de información.

Si las metas que hemos presentado como potencialmente comunes realmente lo son, el camino para conseguirlas debería ser la adición de agentes a su alrededor, es decir, a través de las asociaciones profesionales y del establecimiento de alianzas entre diferentes agentes. De hecho, solo el mismo ejercicio de la asociación puede mostrarnos cuales son las acciones concretas que concilian consenso y que se revelan como determinantes para configurar determinado futuro.

No hay certeza sobre el devenir, pero sí hay valores a defender y objetivos a perseguir. Hay consensos posibles en la diversidad de tipología de instituciones e intereses comunes por encima de los propios de un sector o una organización. Quizá siempre, pero más en este momento en que la tecnología y el mercado están reconfigurando una sociedad diferente, los puntos de vista sectoriales solo prevalecerán si son expuestos y defendidos por el sector que los representa. El acceso generalizado a la información por parte de una ciudadanía capaz de utilizarla para su crecimiento personal y colectivo no será un bien que se consiga sin explorar organizadamente las alternativas existentes y sin apostar dentro de la incertidumbre por las que se considere más adecuadas.

Estoy defendiendo –tal como se hace evidente- el reforzamiento del asociacionismo profesional y el papel de las asociaciones profesionales e institucionales en el establecimiento de políticas de información. En un mundo globalizado no se encontrarán caminos para la preservación de lo nacido digital o del préstamo de libros electrónicos en las bibliotecas, por ejemplo, desde lo local. Esto, de forma evidente, no excluye la experimentación a nivel institucional o territorial, pero el campo de juego es mucho más ancho, es multitipo, es intersectorial y es de ámbito estatal y mundial.

Seguramente Rebiun, la asociación de bibliotecas universitarias, sea el mejor ejemplo en España de la capacidad de las bibliotecas asociadas para conducir nuestro futuro. Sus planes estratégicos, con mayores o menores aciertos en cada momento pero continuados en el tiempo, han conseguido no solo cambios notables sino además visibilizarse como agentes de cambio (2) . La acción concertada de varios ha fortalecido al grupo, sí, pero sobre todo ha fortalecido a las partes.

Otro ejemplo destacable –este a nivel europeo- es el esfuerzo que actualmente está haciendo LIBER para reposicionar las bibliotecas nacionales,  universitarias y de investigación en este entorno cambiante. Las líneas de trabajo han derivado de un trabajo previo definiendo una visión estratégica del que han derivado tres líneas de acciones que LIBER propone a sus miembros: redefinir la biblioteca física, posicionar la biblioteca como un socio activo en la investigación científica y actuar de forma conjunta frente la Unión Europea.

De una forma parecida, es decir elaboración de una visión estratégica de la que se deriva un plan de acción, está actuando el Consejo de Cooperación Bibliotecaria. Este aprobó su primer plan estratégico para el período 2013-15, compuesto de tres líneas: promoción y fomento de las bibliotecas, sostenibilidad de los servicios bibliotecarios en el nuevo entorno informacional y social, y evolución del funcionamiento del Consejo (3). El Plan del CCB generó un grupo de trabajo que ha hecho un trabajo de prospectiva que destaca las diez áreas que más van a cambiar en nuestras bibliotecas en los próximos años y del que se derivan propuestas de trabajo conjuntas (4) . De forma muy sintética, el estudio de tendencias nos indica tres direcciones (la biblioteca debe ser creadora y educadora de comunidades, los edificios serán espacios sociales y sus servicios se adaptarán a la realidad digital) y dos caminos: flexibilizar las  estructuras y procesos de las bibliotecas e incrementar la cooperación dentro y fuera de la institución (5).


En estos momentos de cambio, rodeados de incertidumbres y con algunas debilidades notables, parte de nuestros deberes profesionales deben dedicarse al tejido de acuerdos que permitan actuar coordinadamente en direcciones determinadas. El asociacionismo y la cooperación no son terrenos de intercambio placentero de conocimientos para cuando se termina la jornada laboral, son terrenos de definición de políticas de información, políticas sin las cuales nuestras instituciones no podrán cumplir sus finalidades.

Notas:
[1] Francis Fukuyama, 'La confianza (Trust)' (Barcelona: Ediciones B, 1995).
[2] Sus inicios están explicados en: Cabo, Mercè; Celestino, Sonsoles; Guerra, Carmen; Taladriz Mas, Margarita (2003). «Un puente hacia el futuro : el Plan Estratégico de REBIUN». BiD: textos universitaris de biblioteconomia i documentació, juny, núm. 10. [Consulta: 15-03-2014].
[4] José Pablo Gallo León (coord..),  “Prospectiva 2020: Las diez áreas que más van a cambiar en nuestras bibliotecas en los próximos años” (CCB, 2014). http://www.mcu.es/bibliotecas/docs/MC/ConsejoCb/GruposTrabajo/GE_prospectiva/Estudioprospectiva2020.pdf Ve un resumen en el Blog de Julián Marquina, “Transformación física y social de la biblioteca en los próximos años”, http://www.julianmarquina.es/transformacion-fisica-y-social-de-la-biblioteca-en-los-proximos-anos/

[5] Esta visión sintètica se la debò a Alfono Stinus, de Momentum. 

dijous, 27 de març del 2014

Políticas de información para la lectura y la cultura


[El v. 23, n. 2 (marzo-abril de 2014) de la revista “El profesional de la información” tratará de Políticas de información. Paso a publicar por entregas mi contribución (4/6).]

El dominio emergente de lo digital reconfigurará las relaciones del ciudadano con la cultura y debe suponer más información y más capacidad de usarla para el ciudadano. Los espacios de uso libre de la información dentro de lo que han sido las bibliotecas hasta ahora deben extenderse al espacio virtual donde el ciudadano ha  de poder encontrar la información que rellena su ocio, le forma y configura su memoria. La biblioteca no edificio y sí organización ha de poder prestar libros digitales, ofrecer información digital para el uso de todos y garantizar que el acervo de lo nacido digital pasará a las generaciones futuras.

Para los ámbitos anteriores hemos afirmado que se daba coincidencia amplia sobre los objetivos finales. En este en cambio incluso estos pueden estar en entredicho ya que la información digital erosiona los modelos de mercado vigentes.

No se puede banalizar el impacto del préstamo de libros en formato digital sobre la sostenibilidad económica de las empresas editoriales y las cadenas de distribución de la cultura. Las editoriales han contribuido a la difusión de la cultura a la vez que han sido empresas con finalidad de lucro e incluso a veces muy rentables. El fomento de la lectura y las funciones educativas y sociales realizadas a través del préstamo gratuito de libros por parte de las bibliotecas debe poder continuar haciéndose en beneficio del ciudadano y de la sociedad y debe hacerse manteniendo algún tipo de negocio para el editor. Carme Fenoll definía el problema de esta manera “los editores no acaban de dar luz verde al préstamo de libros electrónicos en las bibliotecas públicas porque creen que éste desequilibraría el sector y repercutiría disminuyendo sus ventas”[i]. Lo cierto es que -a diferencia del caso de las revistas científicas con el pago por publicar- en el ámbito de la edición comercial no se ha encontrado aún el equilibrio que satisfaga a las dos partes. La solución no es ni será fácil ni tampoco será local. Debería crearse una alianza de autores, editores, libreros y bibliotecarios que intentara definir un acuerdo nacional por el préstamo digital. Un acuerdo que sería provisional y que probablemente solo pueda configurarse de momento de forma piloto. Al mismo tiempo esta alianza debería tener la vista puesta en las operaciones parecidas emprendidas por países próximos[ii].

El segundo elemento punto de una política de información para la ciudadanía sería el fomento de la digitalización de documentos no nacidos digitales y sobre todo su puesta a disposición en formatos interoperables y regímenes de uso amplios. Lo primero parece formar parte de lo asumido por todos y podríamos citar aquí diferentes iniciativas ejemplares de digitalización de documentos[iii]. Creo que los consensos y planes de acciones institucionales deben centrarse en la interoperabilidad de los documentos digitalizados (muchos de ellos con recursos públicos). El enorme universo de la cultura humana se ha desplegado en nichos que tienen más que ver con la forma que han tomado los documentos que con sus contenidos. El mundo de lo digital nos permitirá recomponer los nichos en un todo, al menos en el dominio del acceso. Para que una persona pueda acceder a los contenidos que le interesan de forma independiente de la forma que estos tomen (o de las instituciones que los almacenen), los metadatos deben ser interutilizables por aplicaciones, indistintamente del ámbito institucional en el que se hayan producido. Probablemente la web semántica y los datos abiertos y enlazados (linked open data) sean la solución, pero antes de un uso amplio de los mismos, los diferentes colectivos profesionales que tratan con documentos culturales deberán hacer esfuerzos de aproximación en la forma como los tratan.

Finalmente la preservación de lo nacido digital deberá afrontarse también en alianza entre diferentes sectores. Las instituciones culturales no son las que tienen la infraestructura y la tecnología que se requerirá para preservar la cada vez mayor cantidad de información nacida digital que deberíamos garantizar que se conservara para el futuro. Ni serán tampoco los tecnólogos quienes tendrán los conocimientos y la sensibilidad que se necesitarán para manejar documentos digitales de diferente procedencia y contexto. Ni hay consenso amplio sobre lo que debemos preservar ni instrumentos preparados para hacerlo. Y en este caso la solución tampoco podrá proceder de una sola instancia.

En este campo de información para la ciudadanía los agentes se multiplican, autores, editores y libreros; archivos, bibliotecas y museos; documentalistas e informáticos: en todos los casos se trata de establecer alianzas con sectores que han sido vecinos en el reino de lo impreso, pero vecinos incomunicados. Las políticas de la información que se deben establecer aquí quizá sean las más difíciles de tejer debido a la heterogeneidad de culturas corporativas e intereses de sus agentes.




[i] Carme Fenoll, “Políticas de préstamo digital en las bibliotecas públicas: el caso de Inglaterra”. Blok de BiD, 15/05/2013, http://www.ub.edu/blokdebid/es/content/pol%C3%ADticas-de-pr%C3%A9stamo-digital-en-las-bibliotecas-p%C3%BAblicas-el-caso-de-inglaterra
[ii] Recomiendo la lectura de los excelentes informes para el Blok de BiD hechos por Carme Fenoll y por Cristóbal Urbano sbre el préstamo de libros Electrónicos en Estados Unidos, Francia e Inglaterra.
[iii] Ver, por ejemplo: “Le Québec doit mobiliser et fédérer, avec l’appui de l’État, ses artistes et organismes, industries culturelles, médias, institutions patrimoniales et muséales, afin d’assurer, grâce au numérique, la persistance de notre culture, son rayonnement et son renouvellement.” En: Pour occuper l’espace numèriques: stratégie culturelle numérique du québec (Gouvernement du Québec, 2014). http://www.mcc.gouv.qc.ca/fileadmin/documents/Strategie_culturelle_numerique/MCC-StrategieNumerique-HR.pdf

dilluns, 24 de març del 2014

Políticas de información para la ciencia


[El v. 23, n. 2 (marzo-abril de 2014) de la revista “El profesional de la información” tratará de Políticas de información. Paso a publicar por entregas mi contribución (3/6).]

De forma similar, el entorno de la información científica genera hoy consensos alrededor de los cuales se pueden articular políticas de la información. La idea central ha sido expresada de forma clara y directa por el Finch report[i]: la ciencia y la innovación producen beneficios económicos y de mejora del bienestar social y se espera que una ciencia abierta genere más y mejor ciencia. Así las instituciones patrocinadoras de la investigación (las bibliotecas entre ellas) pueden y deben ponerse de acuerdo en facilitar el acceso abierto a la información y a los datos.

Pero, si para el caso de lo impreso se daba coincidencia amplia sobre los objetivos finales y sobre la manera de conseguirlos, para el caso de la información científica el acuerdo es mucho más fuerte en las metas que en los caminos para conseguirlas. Y esta diferencia no es banal.

El Open Acces tiene poco más de diez años. La idea, que surgió alrededor de una carta abierta firmada por algunos científicos, ha pasado de ser un ideal romántico a un horizonte tangible y próximo. Las cifras sobre el porcentaje de artículos científicos en abierto varían, pero yo las situaría por debajo del 20% A pesar de ello, en estos momentos nadie duda (tampoco los editores comerciales) que el acceso abierto a las revistas va a ser la forma dominante de la comunicación científica a corto plazo (digamos el año 2020). La meta está pues clara, pero los caminos divergen en los colores (vías verde y dorada, con variantes cromáticas) y contenedores (repositorios o revistas, con variantes en la forma de los mismos). Pero la visión de resultado final permite construir políticas de información favorecedoras del OA siempre que estas se mantengan abiertas a las diferentes maneras de conseguir el acceso abierto para el lector y combinen mandatos con incentivos y facilidades.

Con el acceso abierto a los datos pasa una cosa parecido. La meta de ofrecerlos en abierto es compartida de forma amplia, pero aquí la divergencia no está en los caminos para conseguirla sino en la incertidumbre de una ruta aún no trazada. Una publicación reciente sobre el tema tiene un título significativo: “Starting the Conversation: University-wide Research Data Management Policy”.[ii] Como en otras ocasiones en la historia reciente (la tele-documentación, el OA o las compras consorciadas)  las bibliotecas no tienen por qué ser los agentes de la gestión y almacenamiento de los datos producidos por la investigación científica, pero son los agentes mejor situados para ejercer de catalizadores. Y esta posición de liderazgo en un entorno incierto podría permitir también alianzas amplias sobre las que construir políticas de la información (en este caso, datos).

Creo también que hay consenso en considerar que la compra conjunta de recursos digitales (consorcios) o la compartición de infraestructuras (repositorios y portales) son caminos que refuerzan la capacidad de acción de las bibliotecas. Como en el OA y para con los datos, no hay de ninguna forma un consenso amplio sobre  el camino a seguir. Hay consorcios especializados en una función y multi-tipo, ámbitos de compras estatales y regionales, tutelados por el estado o cooperativas de base… Y también diversas opciones en el ámbito de las infraestructuras (repositorios institucionales o temáticos, por ejemplo). Pero, en cualquier caso, la cooperación y la formación de alianzas parece un eje de futuro que debería formar parte de una política de información en el ámbito de la investigación.

El nuevo paradigma en construcción para la comunicación científica es un campo abierto a nuevas soluciones, un terreno para la experimentación. Pero las exploraciones de terrenos desconocidos es mejor hacerlas acompañados. Las direcciones están trazadas pero los caminos son poco transitables. Aquí es perfectamente posible establecer unas políticas de información amplias siempre que sus agentes sean flexibles y no definan programas de actuación demasiado escorados hacía alguna de las opciones en juego.





[i] “Governments, businesses, charities and others invest large sums of money in research in order to achieve those benefits: to increase knowledge and understanding, but also to make tangible contributions to social welfare and to economic growth. For research and its products are not just
economic assets: they contribute immeasurably to the intellectual and cultural life of the nation. Governments across the world therefore see the vitality of the research base as fundamental to the health of a modern society and economy.” Janet Finch (Chair) / Accessibility, sustainability, excellence: how to expand access to research publications: Report of the Working Group on Expanding Access to Published: Research Findings: Report of the Working Group on Expanding Access to Published Research Findings // 2012
[ii] Erway, Ricky. 2013. Starting the Conversation: University-wide Research Data Management Policy. Dublin, Ohio: OCLC Research.  http://www.oclc.org/content/dam/research/publications/library/2013/2013-08.pdf

diumenge, 16 de març del 2014

¿De qué hablamos cuándo hablamos de políticas de información?



El v. 23, n. 2 (marzo-abril de 2014) de la revista “El profesional de la información” tratará de Políticas de información. Paso a publicar por entregas mmi contribución (1/6).

(Uno que ya tiene su edad se acuerda que) unas históricas Primeres Jornades de Teledocumentació a Catalunya concluyeron que era necesario “elaborar un programa general de información para Catalunya que analice las necesidades  de los usuarios tanto del sector público como del sector privado, defina las coberturas adecuadas para satisfacerlas, identifique los medios personales, tecnológicos y organizativos necesarios y periodifique debidamente la consecución de los objetivos que se establezcan”[i].

Podemos encontrar otras definiciones de lo que son las políticas de la información pero esta nos vale ya que además se formula en 1983, un momento en el que el tema tiene plena vigencia a nivel internacional. No en vano la Unesco había iniciado un programa general de información (PGI) que bajo el nombre de UNISIST pretendía “to co-ordinate existing trends toward co-operation and to act as a catalyst for necessary developments in scientific information” y tenía como finalidad “the establishment of a flexible and loosely connected network of information systems and services based on voluntary cooperation.” [ii]

Porqué, al final, una política de información no es más que la acción concertada de diferentes agentes con la información como objeto y con determinadas finalidades como metas. En mi opinión, la euforia tecnológica y de recursos de las décadas anterior y la posterior del cambio de siglo crearon la sensación de que con la información todo era posible y minimizaron la necesidad de coordinarse para conseguir determinados fines. Los enormes cambios que ha supuesto la información digital y en red para los sistemas de información han comportado mejoras evidentes, pero también un cierto desconcierto sobre las direcciones que tomar y –sobre todo- un cierto optimismo sobre la no necesidad de tomar direcciones de forma conjunta ya que, al final, la tecnología por si sola conseguiría lo que no podía conseguir la acción coordinada de las organizaciones y las personas.

La crisis que vivimos no es solo económica sino también tecnológica y de cambio de modelo organizativo, y está mostrando ya algunos efectos de la desregulación y la no planificación. El acceso a la información por parte de la totalidad de los ciudadanos, la existencia digital de información sin interés comercial y la preservación para el futuro de la información digital no se conseguirán de forma espontánea y sin esfuerzo. En los últimos años, el movimiento del acceso abierto ha mostrado también que la gran fuerza de una acción concertada en una dirección dada tiene el poder de modificar maneras de hacer centenarias. Pero las tendencias (lógicas) por parte de las empresas editoriales de continuar reteniendo derechos sobre la información y los datos han mostrado también que las solas fuerzas del mercado unidas a la ausencia de políticas de la información tienen efectos restrictivos sobre este bien público que es la información.

Si esto fuera así (y yo así lo creo) tener o no políticas de información dependería menos de los recursos existentes (normativos o de infraestructura) que de la capacidad de las instituciones que manejan información de llegar a acuerdos sobre cuáles deben ser estas acciones concertadas y sobre el papel de cada uno en emprenderlas. Las políticas de información exigen también tener estrategias definidas, ¿deben ser globales o sectoriales? ¿generadas por el Estado por las bibliotecas? ¿dirigidas o participativas? ¿de instituciones de un mismo tipo o de un amplio espectro de organizaciones? De buen seguro que existen distintas respuestas igual de válidas a estas preguntas, y que elegir la mejor estrategia depende de variables de tiempo y lugar, pero a mi parecer solo podemos establecer políticas solidas de información si encontramos un conjunto de acciones alrededor de las cuales se puedan alinear sin fricciones un amplio espectro de agentes.

Hay tres universos que deberían permitir coincidencias amplias: el mundo de lo impreso, el de la investigación y el de la cultura. Las posibilidades de establecer políticas de información en estos ámbitos se basan en consensos generalizados sobre lo que se debería o sería bueno hacer en cada uno de ellos.





[i] "Conclusions de les Primeres Jornades de Teledocumentació a Catalunya." Butlletí de l'Associació de Bibliotecaris de Catalunya [en línia], 1983,, Núm. 4 , p. 52-54. http://www.raco.cat/index.php/ButlletiBibliotecaris/article/view/52887/60834 [Consulta: 06-03-14]
[ii] John B. Rose, "The UNESCO General Information Programme and Its Role in the Development of Regional Co-operative Networks." Proceedings of the IATUL Conferences.Paper 6.

diumenge, 24 de novembre del 2013

De gestionar documentos a poner en relación información con personas





La idea que me gustaría exponer es la de que la biblioteca es una entidad  multi-institucional que se desarrolla en tres planos: a nivel internacional, a nivel regional y a nivel de la propia organización. Más adelante precisaré el concepto de biblioteca como entidad o organización multi-institucional (concepto que tomo prestado de Lorcan Dempsey (1)), pero antes que eso tenemos que detenernos a considerar los grandes cambios que están viviendo las bibliotecas y nuestra sociedad misma.

A mi entender, el principal que viven las bibliotecas es el de pasar de ser organizaciones que gestionan documentos a ser organizaciones que pone en relación la información con las personas. El segundo es que, en este mundo cambiante, tenemos que migrar de lo analógico a lo digital, pero que la principal migración será en la forma de trabajar de manera que las organizaciones deberán aprender a pasar de trabajar solas a hacerlo en red, formando alianzas.

Va a ser útil detenernos un momento en los distintos significados que tiene la palabra ‘información’ siguiendo el artículo de Michael Buckland  (1991, (2)). Éste distingue entre la información como objeto (Information-as-thing), la información como proceso (Information-as-process) y la información como conocimiento (Information-as-knowledge). A pesar que la ‘información’ que nos interesa es el conocimiento y la forma de adquirirlo hasta el punto que:
“some leading theorists have dismissed the attributive use of “information” to refer to things that are informative. However, “information-as-thing” deserves careful examination, partly because it is the only form of information with which information systems can deal directly(3) .”

La biblioteca moderna, la que surge en la segunda mitad del S. XIX y se consolida a lo largo del S. XX, se basa en la necesidad social de acceder a una información que cada vez era más relevante para la vida laboral y ciudadana. La biblioteca moderna se construye sobre el paradigma de la información escasa, una información que –tecnológicamente hablando- se produce de forma impresa. Es una biblioteca construida con el  libro en el centro, donde el ansiado acceso a la información –conocimiento- se produce a través de un limitado y escaso número de objetos portadores de la información.

Ha sido totalmente lógico que la biblioteconomía moderna centrara su atención en maximizar los usos (presentes y futuros) de los documentos, en la información como objeto. El primer y principal obstáculo para acceder a la información era conocer de su existencia y acceder físicamente a ella. Facilitar el proceso de estar informado no ha sido una prioridad.

Pero estamos viviendo un cambio de paradigma: el que la información pase a ser abundante, una información que –tecnológicamente hablando- se produce y distribuye de forma digital. Si tradicionalmente la escasez de información y las dificultades de obtenerla habían hecho que los usuarios dedicaran su atención a la adquisición de información, ahora, en un contexto de información abundante, los usuarios dirigen su atención a otras cosas y las bibliotecas deben intentar atraer una atención que hasta no hace muchos era concedida sin esfuerzo.

Consecuentemente, los recursos de las bibliotecas deben reorganizarse para dedicarse a la información-proceso y olvidar un poco la información-objeto. Para hacer esta necesaria reorganización, las bibliotecas no obtendrán recursos nuevos, sino que deberán utilizar recursos actualmente situados en los procesos tradicionales. Deberán ahorrar recursos aquí para desplazarlos a los servicios que permitan ejercer nuevos roles. 

(1)  Ver su conferencia “The university Library: reconfiguring organizational boundaries in a network environment”, en: LIBER 40th Annual Conference, Barcelona, 2 July 2011.
(2)  Michael K. Buckland “Information as Thing”, en: JASIS 42(91)5, p. 351-360.
(3)  Buckland, op cit, p. 359. La cursiva es mía.

(1 de 4) Lluís Anglada / Le biblioteche di front al cambiamento de paradigma: esternalizazione, cooperazione e alleanze in un mondo che cambia // Biblioteche in cerca di alleati: Oltre la cooperazione, verso nuove strategie di condivisione;  Massimo Belloti, ed (Milano: Editrice Bibliografica, 2013). ISBN: 978-88-7075-765-1. P 156-160

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diumenge, 5 de maig del 2013

Los MOOCs: viables e inquietantes







Perhaps the greatest of all pedagogical fallacies is the notion that a person learns only the particular thing he is studying at the time. Collateral learning in the way of formation of enduring attitudes, of likes and dislikes, may be and often is much more important than the spelling lesson or lesson in geography or in history that is learned. For these attitudes are fundamentally what count in the future. The most important attitude that can be formed is that of desire to go on learning
John Dewey. Experience and Education (1938)




Internet y la información

En una interesante conferencia en la pasada reunión de APE (Academic Publishing in Europe), Victor Henning, cofundador y CEO de Mendeley, comparaba los efectos que podía tener la citación social con respecto la comunicación científica con los que ha tenido Napster con respecto la distribución de música grabada.  

Si alguna cosa podemos tener hoy por cierta respecto Internet es su capacidad de cambiar los modelos de negocio que tienen que ver con la información. La música lo vivió en primer lugar y luego los vídeos. Las revistas científicas lo están viviendo ahora con la profunda transformación que sufren bajo la modesta pero poderosa idea que subyace bajo el movimiento del Acceso Abierto. La industria de los libros será la siguiente en vivir profundas transformaciones derivadas de las nuevas posibilidades de acceder (pagando o no) a la lectura. Quién iba a decir que la enseñanza universitaria (un ‘negocio’ al fin y al cabo basado en la información) podía ser el nuevo baluarte que viviría los embates de una información que quiere ser libre, según un eslogan que podría ser del sesenta y ocho.  

El New York Times declaró que 2012 era el año de los MOOCs (massive open online courses). Los MOOCs son cursos académicos completos (es decir, van más allá de suministrar algunos materiales o lecciones video grabadas), dirigidos a un gran número de personas (y aquí la clave no solo es el número potencial de estudiantes sino su escalabilidad), en línea (y que, en este sentido, están sometidos a las grandes tendencias de lo que vive en la red como la asincronía o la socialización) y abiertos cosa que significa en general gratuitos, pero también accesibles desde cualquier lugar y momento y colaborativos.


Las innovaciones disruptivas

Diversos comentaristas del fenómeno MOOCs citan a Clayton M. Christensen y el libro que escribió en 1997, The Innovator's Dilemma, como el instrumento para entender el  impacto de los MOOCs en la enseñanza superior. Según Christensen, la mayoría de las innovaciones serían sostenidas, es decir evolutivas e integrables en el estatus quo. Pero algunas innovaciones son disruptivas o revolucionarias, emergen de un punto de partida nuevo y en poco tiempo revolucionan el mercado. Las tabletas sería un buen ejemplo de tecnología disruptiva. 

Según un buen artículo de la Wikipedia, una innovación disruptiva no solo revoluciona la forma de hacer una cosa, sino que también cambia la manera como se hacen las cosas. Los coches revolucionaron la comunicación por carretera, pero siendo caros al principio, no cambiaron de repente la forma como las personas o las mercancías viajaban. Las innovaciones disruptivas no son solo una invención tecnológica sino que contienen un nuevo modelo de negocio y se sustentan en una necesidad humana profunda. Facebook ha sido disruptivo y, dejando la tecnología a un lado, se sustenta en la necesidad humana de socializarse que hemos visto que tiene unas dimensiones que no nos hubiéramos atrevido a predecir antes de la aparición de las redes sociales.

Los MOOCs serían disruptivos por su coste, por basarse en nuevos conocimientos sobre la sicología del aprendizaje y por su adecuación a las nuevas necesidades sociales con respecto la educación. No voy a insistir en la primera de las causas porqué la trataré posteriormente. Voy a intentar argumentar las dos siguientes.

La cita de John Dewey con la que se abre esta nota es de un libro de 1938 y parece de hoy mismo. La universidad europea ha basado siempre el aprendizaje en las lecciones magistrales. La constatación que el modelo estadounidense de la enseñanza universitaria más basado en trabajos prácticos daba mejor resultados condujo que los principales responsables de la educación superior europea se obligaran al cambio de rumbo conocido por el Plan Bolonia. De mi fugaz paso por la docencia universitaria aprendí que no hay enseñanza sino aprendizaje.

“Because of the disruptive changes in the information environment our past cannot serve as an adequate guide to the future” (Moran y Marchionini, 2012). Uno de estos cambios en el entorno de la educación es la constatación de lo poco eficientes que son los métodos docentes basados en la exposición pasiva de conceptos que aún es dominante en las aulas de nuestras universidades. Los MOOCs basan buena parte de su potencial disruptivo en una educación  invertida (“flipped education”) en la que la parte de aprendizaje de conocimientos la haría el estudiante en la soledad de su casa para completarla y reforzarla a través de la discusión con compañeros y el mentor. Las innovaciones tecnológicas deberían permitirnos la personalización del aprendizaje (Eisenberg y Fullerton 2012,  Carr 2012).

La necesidad social de aprender se generaliza con la aparición de la sociedad industrial. La sociedad se organiza alrededor de las industrias y estas requieren personal formado a diferentes niveles. Estas necesidades han conducido a la organización actual de la educación superior: conocimientos estáticos para necesidades poco cambiantes. El cambio acelerado experimentado en la ciencia y la tecnología a partir del último cuarto de S. XX y la aparición de la sociedad informacional (en término de M. Castells) crea unas nuevas necesidades en la formación: el aprendizaje a lo largo de la vida.

Por otra parte, la división del saber que ha permitido organizar la transmisión del conocimiento en títulos universitarios con fronteras perfectamente definidas ha perdido parte de su sentido. Hay psicólogos a quien les interesa la música y documentalistas que necesitan la estadística (y cito dos casos de personas que siguen cursos MOOC para completar su formación). El conocimiento se deconstruye y se fragmenta en micro áreas que ya no se rigen por la tradicional división del conocimiento basada en profesiones muy estructuradas.

Las necesidades sociales con respecto la educación serán pues constantes (y no puntuales) y personalizadas (y no generales). Las universidades tradicionales no se organizaron para cubrir estas necesidades y deberán reconstruirse para adaptarse a lo que la sociedad les pida. Si hasta ahora la transmisión de conocimientos ha ido de la mano de la mentorización y certificación del aprendizaje, es perfectamente posible que estas dos funciones se separen. Los MOOCs permiten entrever posible una realidad en la que la oferta de adquisición de competencias y conocimientos crece de forma exponencial, al mismo tiempo que la función del centro universitario se reduce a la orientación y certificación del aprendizaje (Eisenberg y Fullerton, 2012).

[Para ser publicado como Nota ThinkEPI 2013 1/2]

Bibliografía

Michael B. Eisenberg, Sean P. Fullerton (2012), “ ED and INFO 2052: Oh, the Places You'll Go!”, en: ”, en: Informational Professionals 2050: Educational Possibilities and Pathways (Chapel Hill: School of Information and Library Science University of North Carolina at Chapel Hill). ISBN 978-1-300-20486-2. http://sils.unc.edu/sites/default/files/publications/Information-Professionals-2050.pdf, p. 2-17

Barbara B. Moran, Gary Marchionini (2012), “Information Professionals 2050: Educating the Next Generation of Information Professionals”, en: Informational Professionals 2050: Educational Possibilities and Pathways (Chapel Hill: School of Information and Library Science University of North Carolina at Chapel Hill). ISBN 978-1-300-20486-2. http://sils.unc.edu/sites/default/files/publications/Information-Professionals-2050.pdf p.viii.





dilluns, 26 de novembre del 2012

Críticas excelentes, alternativas insuficientes



Hace unos meses Steve Coffman, publicó un interesante artículo bajo el título The Decline andFall of the Library Empireen la revista Searcher 20(12)3. Lo resumieron y comentaron Nieves GonzálezDecadencia y muerte del imperio bibliotecario, Jesús Tramullas, Gibbon y la caída del imperiobibliotecario, y yo mismo, Que somien els bibliotecaris enbiblioteques electròniques?

Coffman estuvo en Barcelona y Madrid la semana pasada y yo pude escucharlo en la Facultad de Biblioteconomía y Documentación de la UB en una conferencia que probablemente no difirió de las otras que dio en España. El mensaje de la interesante conferencia era que, en el entorno digital, a las bibliotecas les han salido competidores que están haciendo y harán lo mismo que las bibliotecas pero con menor coste y más rápidamente que las bibliotecas. Analizó cuatro alternativas que las bibliotecas han considerado en este entorno: ofrecer espacios, ser creadores de comunidades, hacer de editores y facilitar la creación de conocimiento. Rechazó las cuatro por tener poco futuro y animó a las bibliotecas a concentrarse en su rol tradicional de creadores y mantenedores de colecciones impresas. A su entender, esto las bibliotecas tienen que hacerlo cambiando su forma de operar; deben reducir costes de funcionamiento e invertir estos ahorros en la compra de más contenido, es decir, libros impresos.

Comparto en buena parte las críticas de Coffman a la manera de operar de las bibliotecas. Diversos autores han mostrado que el entorno tecnológico supone un cambio profundo en los procesos tal como tradicionalmente los hemos concebido y realizado las bibliotecas. Coffman sugiere que hay dos formas de disminuir los costes operativos actuales: externalizar procesos en empresas comerciales y centralizar servicios y bibliotecas.

Hay dos autores de los que intento no perderme lo que dicen: Lorcan Dempsey y David W. Lewis. Los dos no sólo sugieren cambios en lo que hacen las bibliotecas sino en como lo hacen. Recomiendo el artículo de David W. Lewis, “A strategy for academic libraries in the first quarter of the 21st century” (College & Research Libraries, 68(07)5, 418-434, con traducción catalana)

La idea de Lewis es simple, las bibliotecas orientarnos a lo digital y para ello sacer recursos de los que tenemos ahora y estamos aplicando a lo impreso. La estrategia de Lewis se compone de cinco elementos: completar el paso de colecciones impresas a colecciones en formato electrónico; retirar colecciones patrimoniales impresas a almacenes de documentos de bajo uso; redistribuir el espacio de la biblioteca; modificar lo orientación de los instrumentos, los recursos y los conocimientos técnicos de la biblioteca; y, trasladar el foco de las colecciones de la compra de fondos a la gestión del contenido.

Lorcan Dempsey estuvo en España un par de veces el año pasado y dio dos conferencias de contenido parecido en el congreso de LIBER y en la asamblea de Rebiun. Tengo mis notas de la conferencia del LIBER que se tituló “The university Library: reconfiguring organizational boundaries in a network environment”. Del pensamiento actual de Dempsey yo destaco tres aspectos. El primero que debemos estar en la red y que para ello tenemos que agruparnos; la red es un universo de planetas que atraen usuarios en proporción a su fuerza de gravedad. Las bibliotecas no agrupadas son una constelación de satélites sin fuerza de gravedad suficiente para atraer a usuarios a sus servicios; agrupadas pueden llegar a tener el peso equivalente al que tienen hoy Amazon, Google o la Wikipedia. El segundo, las bibliotecas deben rebajar los costes bajo los cuales operan (la misma idea que Coffman) y para ello apuesta por lo que está haciendo OCLC de estar construyendo un sistema de gestión (WorldShare) que debería permitir este ahorro de costes. El tercero, que las bibliotecas son una entidad multi-institucional es decir, que los servicios que ofrecen son no solo los que pueden construir cada una de ellas sino los que son capaces de construir en cooperación.

Si las críticas que hace Coffman a como funciona las bibliotecas me parecen oportunas y excelentes, las alternativas que ofrece (en su artículo o en la conferencia citada) las considero insuficientes. Tuve el placer de participar en la Jornada "BIBLIOTECAS 2029" que se celebró en Jumilla los pasados 21, 22 y 23 de Septiembre. La jornada nos enriqueció a todos los que participamos en ella. A mi me ‘obligó’ a reflexionar sobre las posibles funciones de las bibliotecas en este contexto de cambios disruprivos.

Creo que el paradigma actual viene menos caracterizado por el paso de lo impreso a lo digital que por el paso de una información escasa y de difícil acceso a una información abundante de fácil acceso. Las bibliotecas han sido útiles a la sociedad por haberle ofrecido un acceso no fácil de obtener a la  información, información que ha ganado en valor a lo largo de los dos siglos pasados. El valor de la información ha continuado aumentando, pero las dificultades de acceder a la misma no han hecho sino disminuir. En este entorno, lo sustancial ya no es (usando la distinción de Michael Buckland) fijarse solamente en la información como objeto sino ampliar nuestros roles hacia la información como proceso.

La información como objeto continuará mereciendo nuestra atención ya que un acceso igualitario a la información requiere que alguien la subsidie y se ocupe de la que no es comercial. Pero la información como proceso debe atraer todos nuestros esfuerzos. En el Siglo XXI adquirir información será crucial para los ciudadanos y este proceso puede estar acompañado o no de ayuda. 

El acceso a la información (objeto) en el Siglo XIX y XX estuvo acompañado y facilitado por las bibliotecas. El proceso de adquirir/incorporar información en el Siglo XXI puede ser dejado a la iniciativa individual (y triunfará un liberalismo desigualitario) o ser acompañado y facilitado por las bibliotecas y conseguir así (o intentarlo) una sociedad igualitaria con respecto las posibilidades que la información proporciona para los desarrollos humanos, sociales y profesionales de las personas.



diumenge, 18 de març del 2012

Del llibre com a objecte a la lectura com a procés

Les biblioteques que coneixem s’han construït al voltant del llibre (del document), no al voltant de la informació (coneixement) que conté el llibre ni al voltant del procés de llegir. Les hem fet a l’entorn de la informació com a objecte (document) i no de la informació com a procés o de la informació com a coneixement. Cal rellegir a Michael Buckland (“Information as thing”, Journal of the American Society for Information Science, Vol. 42, 1991, No. 5, pp. 351-60), cosa que jo ara no faré.

No hem fet biblioteques a l’entorn de la informació com a procés o de la informació com a coneixement, perquè la informació com a objecte era un mercat prou segur sobre el qual assentar una institució que ha tingut tant predicament i salut com les biblioteques. Per què? Doncs perquè la informació ha estat un be escàs fins fa relativament poc. L’escassetat de la informació no prové de que n’hi hagués poca, sinó que costava accedir-hi. La història de la biblioteconomia i de la documentació és en bona part la història de com construir sistemes d’informació (catàlegs i bibliografies) i d’accés (préstec entre biblioteques i obtenció de documents) als documents.

Si no fos que encara i ha (i potser sempre hi haurà) barreres de cost, avui saber que un document existeix i poder-hi accedir serien accions indistingibles. Deixem a banda el fet que eliminar aquestes barreres té un cost i el paper de les biblioteques en l’eliminació de barreres (que pot consistir en assumir aquest cost, sigui en feina creant espais d’accés obert o pagant drets per poder oferir aquests espais a una comunitat determinada). En aquesta situació, ¿quin valor tenen les biblioteques quan ja no aporten el d’oferir accés al document perquè aquest accés no necessita intermediaris (excepte els intermediaris que assumeixen el cost, cosa que ja hem dit que pot ser el rol de les biblioteques)?

Vendre aigua al desert és fàcil. És fàcil ser una institució que tingui per finalitat proporcionar informació en un entorn en el que l’accés a la informació (no la informació en si mateixa) no és fàcil. Ha estat fàcil fer biblioteques per això i les hem fetes a l’entorn de la informació com a objecte. Ens hem preocupat poc de la informació com a procés o de la informació com a coneixement. Havent-hi el mercat fàcil de proporcionar informació és comprensible que no exploréssim els altres, però, quin serà el nostre valor en un entorn en el que la informació com a objecte estigui a la punta dels dits d’un ordinador, tauleta o mòbil connectats a la xarxa?

Les biblioteques tenen futur com a finançadores de l’accés a la informació i com a creadores i mantenidores d’espais on consumir informació, i en tenen també si sabem endinsar-nos en l’espai verge (per a les biblioteques) de la informació com a procés i sabem aportar-hi valor. Ja no serà el llibre l’objecta al voltant del qual haurem de construir els nostres serveis i sí la lectura o la informació. Els camins no són evidents però val la pena explorar-los

Els 31.000 m2 de la nova biblioteca de Birmingham (en construcció) pivoten no totalment, però si de forma important, a l’entorn de l’experiència lectora i no el llibre. Recomano mirar-se la presentació sobre el projecte que va fer Brian Gambles, Chief Executive, Library of Birmingham Development Trust Podeu seguir-ho en vídeo a la pàgina del OCLC EMEA Regional Council 2012 que va tenir lloc els passats 28 i 29 de febrer

Amb futur no ho sé, però interessant és Copia un servei ja no de llibres e- (n’hi ha tants!) sinó de lectura col·lectiva de llibres amb el llibre digital com a suport de comentaris i converses. Fixem-nos que un dels grans descobriments de les biblioteques públiques catalanes han estat els clubs de lectura. Instruments ben poc tecnològics aquests que pivoten al voltant de la lectura (procés) i no del llibre (objecte). De l’experiència lectora, o de la socialització de la lectura, si voleu, però més a l’entorn de la satisfacció de necessitats psicològiques de la persona que del fet d’oferir llibres escassos un lectors mancats de munició.

Més complicat (i també més interessant) és el que pot sorgir de canviar els hàbits tradicionalment individuals dels investigadors quan comparteixen informació usant les referències bibliogràfiques. Ho va començar a fer Zotero i després Mendeley. Aquest té ara una versió institucional (recolzada per Swets) que permet a la biblioteca oferir alguna cosa més que l’accés a la informació (accés que, ja hem vist, està passant a ser transparent per a l’usuari) i que proporciona als usuaris de la biblioteca espais socials per compartir informació. Podeu rebre el fullet "Where is the library in the digital workflow of research?" si ompliu un senzill formulari.

No m’oblido del ‘vell’ LibraryThing. Si als que anem a biblioteques i a llibreries ens agrada llegir, per què les biblioteques i les llibreries no ens descobreixen llocs com LT? A les biblioteques hi anem a endur-nos llibres en préstec i a les llibreries a endur-nos-els pagant. Hi anem a buscar el llibre com a objecte, però hi anem també a buscar converses sobre els llibres i experiències lectores. Llibres per llegir no ens en falten a casa i malgrat tot visitem biblioteques. .Hi busquem més que llibres, hi busquem experiències a l’entorn de la lectura. Eines com LT ens les proporcionen i promoure-les hauria de ser feina de les biblioteques, perquè és feina de les biblioteques captivar els lectors oferint-los noves sensacions al voltant de la lectura.

Els catàlegs col·lectius han estat (i són encara) instruments de localització i, per tant, d’accés. Però tenen un enorme potencial com a espais socials al voltant de la lectura. Com a generadors de serveis que enriqueixen l’experiència lectora. Ho està fent avui OCLC. O, més ben dit, està intentant-ho fer OCLC amb Worldshare.

Se’n sortirà? Pel be del futur de les biblioteques hauríem de voler que fos que sí.

p.d. La fotografia és meva, feta fa uns dies a una llibreria de vell del davant del Palau de la Música Catalana.