diumenge, 25 de setembre de 2011

Las bibliotecas tienen futuro si aprovechamos las oportunidades que nos brinda el presente

Aunque sea conveniente hacerlo de vez en cuando, no podemos ir conduciendo mirando a través del retrovisor. Algunas realidades bibliotecarias, espléndidas y construidas con considerables esfuerzos e ingenio, se derrumbarán. Afortunadamente.

Sí, afortunadamente porque esto significará que habremos encontrado nuevos caminos para satisfacer las necesidades profundas a las que nos hemos referido hace un momento. Mientras la información satisfazca una necesidad real de las personas a lo largo de toda su vida (y así es y para finalidades diversas), las bibliotecas encontraran oportunidades para facilitar a las personas su trato con la información. Ha sido así en pasados no muy remotos y lo está siendo en el presente. En ambos casos, aprovechar las oportunidades es lo que nos ha permitido construir este presente (que en algún momento del pasado fue un futuro) y un futuro.

Los servicios de acceso remoto a bases de datos (la teledocumentación) de los años 70 no tenían porqué ser un servicio que fuera asumido por las bibliotecas, pero estas aprovecharon la oportunidad que les ofrecía aquella nueva forma de acceso a la información y la incorporaron a su catálogo de servicios. Las compras consorciadas de información electrónica -que han modificado sustancialmente el panorama de la información en las universidades a partir de finales del siglo pasado- no tenían porqué ser protagonizadas por las bibliotecas, pero han sido estas las que aprovecharon la oportunidad de una nueva forma de adquisición de la información y crearon consorcios para hacerla posible.

Hoy la cadena documental de la información científica, creada a lo largo de los últimos cuatro siglos, está viviendo una crisis profunda (a pesar de lo cual nadie cree que la información científica no tenga futuro). El gran invento de las revistas científicas, que se sostenían económicamente a partir de las aportaciones económicas de los que las leían, está mostrando demasiadas ineficiencias. La información quiere ser libre. Esto está tomando forma, en parte importante, a través del movimiento del acceso abierto (Open Access) a la información y su concreción en los repositorios institucionales.

Ni el Open Access ni los repositorios han formado parte de nuestras actividades tradicionales. Nada impedía que las bibliotecas se quedaran al margen de su desarrollo, pero en cambio, en todas partes del mundo, las bibliotecas están siendo sus grandes impulsoras. Estamos aprovechando la oportunidad que nos presenta una nueva forma de difusión de la información y contribuyendo a crear los instrumentos para ello, y con ello estamos creando un futuro para las bibliotecas.