diumenge, 30 de març de 2014

El caso de las bibliotecas escolares


[El v. 23, n. 2 (marzo-abril de 2014) de la revista “El profesional de la información” tratará de Políticas de información. Paso a publicar por entregas mi contribución (5/6).]

Hemos dibujado tres ámbitos relativamente autónomos de construcción de acciones concertadas o de políticas de la información: uno alrededor del libro impreso, otro alrededor de la investigación y un tercero alrededor de la cultura. Pero hay un ámbito que debería conciliar los acuerdos de los tres ámbitos y sumar aún a nuevos agentes: las bibliotecas escolares. 

Algunas mentes lúcidas y algunos gobiernos creen que la sostenibilidad y desarrollo de nuestra sociedad pasan por las innovaciones que pueda aportar la ciencia y que esta dará más y mejores resultados si se realiza en abierto. Esto supone un impulso importante de políticas de información pero deberíamos saber aprovechar este empujón para extender las acciones. La innovación puede mejorar si la información–objeto se hace más accesible, pero lo hará también, si y solo si, si los científicos, profesionales y ciudadanos pueden integrar la información de forma creativa y crítica.


Esto solo se conseguirá con una formación para la información, formación que debe iniciarse en la escuela y que debe apoyarse en planes y profesionales especializados. ¿Alguien puede imaginase una educación física sin instalaciones deportivas y sin profesorado preparado? Menos deberíamos podernos imaginar una educación para la información sin bibliotecas escolares y sin profesionales preparados para atenderlas.