dimecres, 6 de gener de 2016

Una 3ª vía para el OA: que las suscripciones cubran el coste de publicar en revistas híbridas




A mi entender, los ‘big deals’ ( = las compras consorciadas de revistas en paquetes) presenta hoy un balance (no exento de claroscuros) positivo. Han ganado los lectores, las bibliotecas y las editoriales. 

En primer lugar, han ganado los lectores por poco que las bibliotecas de sus instituciones hayan tenido la capacidad organizativa de coordinarse con otras para comprar de forma conjunta. Los lectores han ganado porqué el incremento de revistas a su disposición se ha incrementado de forma muy elevada. Pero este acceso es doblemente vallado: se paga (la institución) por leer, y solo puede leer quien está bajo el paraguas de una institución suscriptora.

En 2o, han ganado las bibliotecas que, invirtiendo lo mismo que en el pasado invertían, pueden ofrecer a sus lectores muchas más revistas. Aclaro que mi afirmación es consciente  de que los precios las revistas no han dejado de subir por encima del IPC, pero este incremento es una constante en las revistas (bien documentado desde los años 70) que a mi entender está asociado con la importancia creciente de la investigación para la sociedad y no con las revistas digitales o con las compras consorciadas.

Finalmente, también han ganado las editoriales que, a cambio del atractivo de los paquetes, consiguen que las bibliotecas no puedan en la práctica cancelar sus suscripciones. Sus beneficios son altos, pero han llevado a cabo una reconversión (casi) total de lo impreso a lo digital en una celeridad plausible. Lo peor, a mi entender, ha sido el proceso de doble concentración experimentado en los últimos 15 años: concentración empresarial, y concentración de valor en las revistas que consiguen estar en el WoK o en SCOPUS.  

El movimiento del Open Access parecía tener dos vías consolidadas (los repositorios y las revistas OA) cuándo Springer introdujo una variación inesperada: los autores podían optar por pagar los costes por publicar (APC) a cabio de que su artículo (y solo éste) pudiera ser leído en abierto. En teoría, el coste pagado por el autor debía descontarse del coste de la suscripción, pero esto no ha sido así y hoy hay partes de algunas revistas que se está pagando doblemente (Double Dipping): lo pagan las instituciones con las suscripciones y lo pagan los autores (los organismos financiadores) con las tasas por publicar (APC).

Las revistas híbridas parece que se están consolidando como una tercera vía del OA ya que está siendo un punto de encuentro entre los organismos financiadores y los autores. Aquellos quieren que los resultados de la investigación financiada por fondos públicos sean públicos. Estos poder publicar donde crean más conveniente (o posible) hacerlo. Las publicación en revistas híbridas recibió un fuerte impulso al ser reconocidas en el Reino Unido como una opción priorizada en el informe Finch.

Últimamente ha habido algunos movimientos que refuerzan esta tercera vía. La idea parece ser simple: que las bibliotecas continúen pagando lo que están pagando, pero que este coste incluya el que los autores de las instituciones suscriptoras puedan publicar en abierto en las revistas de la editorial con la que se contrata. Al fin y al cabo, esto es lo que hace SCOAP3 o lo que propone la Max Planck Digital Library. La idea tienen atractivo porqué es ejecutable a corto plazo y no requiere dinero adicional, pero tiene el inconveniente de dejar las cosas como están en el mundo de la edición científica.

El consorcio de las universidades holandesas VSNU, con el apoyo del gobierno holandés, está trabajando en esta línea. En 2014 cerró un acuerdo con Springer (hoy dentro del grupo Nature) para que el coste de la suscripción consorciada cubra el de publicar en abierto los artículos de autores de estas universidades. El JISC del Reino Unido llegó en 2015 a un acuerdo parecido con la misma editorial. Recientemente el consorcio holandés ha cerrado un acuerdo con Elsevier que va en la misma dirección.

Estos acuerdos tienen sus críticos que argumentan que esta es una salida no definitiva (como en su momento lo fueron las compras consorciadas). Seguro que tienen razón, pero, desde un punto de vista pragmático, supone que una parte importante de los artículos científicos puedan estar en OA.