diumenge, 28 de febrer de 2016

Encontrar, agrupar, enlazar: las promesas de las RDA



A lo largo del 2016, las bibliotecas universitarias de Cataluña y la Biblioteca de Catalunya iniciarán la catalogación usando las normas RDA (Resource Description and Access), en sustitución de las AACR2. La Library of Congress y la British Library la iniciaron en 2013 y, desde entonces, otras muchas bibliotecas han seguido este camino. El uso de las RDA como normativa catalográfica es un paso más en un camino trenzado por tres voluntades: la de ahorrar, la de compartir y la de desarrollar la tecnología que lo haga posible.

Catalogar es caro: debemos hacerlo ahorrando esfuerzos
Coleccionar, catalogar, proporcionar acceso. Este es el mantra de las bibliotecas. En algunos casos coleccionar es primordial, en otros lo es facilitar el acceso y uso, la catalogación puede ser lo más relevante en determinadas circunstancias… Las tres funciones requieren recursos y la catalogación ha sido una de las actividades bibliotecarias que –especialmente en algunas bibliotecas- ha consumido más. Por otra parte, catalogar un documento dado podría ser una actividad que se hiciera una sola vez; el registro creado podría reutilizarse n-veces, en muchos casos sin cambios, en algunos con adaptaciones menores.

La historia de la catalogación puede contarse como el camino de encontrar y acordar normas y pautas comunes de catalogación que permitan el re-uso por parte de muchos del registro bibliográfico creado por una biblioteca (por la primera que cataloga un documento). Las bibliotecas pueden ahorrar una parte importante de sus recursos (especialmente en personas) si son capaces de reaprovechar las catalogaciones de otras bibliotecas para su uso propio.

En 1961, en París tuvo lugar la primera International Conference on Cataloging Principles, que acordó unos criterios generales (conocidos como los “Principios de Paris”) que permitieron al cabo de no muchos años la elaboración de unas normas de catalogación para los países de habla inglesa. Pero la primera edición de las Anglo-American cataloguing rules (1967) fue un éxito a medias ya que no contó con una única edición, sino con una de británica y otra de norteamericana. La unificación normativa (a nivel anglosajón) se realizó en 1978 con la segunda edición de las AACR. Mientras tanto el formato MARC apareció en 1968 y a principios de los años 70 la IFLA iniciaba la serie de ediciones de normas internacionales para la descripción bibliográfica de documentos de diferente tipo (las ISBD) que, entre otras, tenía la intención de facilitar la catalogación usando ordenadores.

Es dentro de esta tradición que debemos situar a las RDA: una norma con las ventajas e inconvenientes de querer ser internacional, confeccionada de forma consensuada entre la comunidad bibliotecaria y pensada para ser usada en el contexto tecnológico actual.


[Este post es la entrega 1 de 5 de una nota ThinkEPI que se publicará en breve.]