dimarts, 1 de març de 2016

La tecnología es un instrumento para ahorrar y para compartir




La etérea necesidad de ahorrar y la imprecisa voluntad de compartir solo pueden sustentarse en la materialidad de unos instrumentos que las hagan posibles. Las normas de catalogación son tecnología, pero estas hubieran sido insuficientes de no haber encontrado instrumentos que sustentaran de forma efectiva y eficiente el re-uso de los registros catalográficos.

Las bibliotecas han hecho un uso intensivo de la tecnología puntera de cada momento. No es verdad que el uso de ‘Nuevas Tecnologías’ por parte de la catalogación haya empezado con los ordenadores. Antes, la impresión mecánica de copias de fichas, la confección de catálogos colectivos por reproducción fotográfica de fichas o las microformas, habían sido tecnologías usadas con la finalidad de compartir. Karen Coyle explica muy bien esta evolución tecnológica en un artículo reciente en American Libraries (The Evolving Catalog: Cataloging tech from scrolls to computers).


Creo que vale la pena destacar que el primer uso de los ordenadores con la catalogación fue el de permitir la impresión de fichas para catálogos manuales. Por esto, algunas palabras que se añaden a los nombres de personas tienen un subcampo propio, gracias al cual esta palabra acabaría siendo impresa en cursiva (por ejemplo). El formato MARC y parte de sus complejidades proviene de este uso (revolucionario a finales de los años 60 del siglo pasado, incomprensible visto con ojos de finales de los 90, cuando ya se habían generalizado los OPAC’s). La adopción de la tecnología es así, contradictoria. Lo que supone una liberación en un momento dado, acaba siendo una esclavitud al cabo de un tiempo.


[Este post es la entrega 3 de 5 de una nota ThinkEPI que se publicará en breve.]