diumenge, 5 de juny de 2016

Revistas ¿impresas o digitales?





Decidir continuar haciendo una revista (o hacer una revista nueva) no significa seguir haciendo las cosas igual que siempre. Afortunadamente hay instrumentos nuevos que facilitan conseguir lo que es el objetivo de cualquier revista científica: la comunicación entre investigadores y el desarrollo del conocimiento.

Publicar en papel o en digital puede ser la primera de las preguntas a plantearse, pregunta respecto la que mi opinión es clara: Las revistas impresas en el ámbito de la ciencia, y admitiendo posibles excepciones, no tienen futuro y tampoco presente.

Hoy la difusión y lectura de artículos científicos se produce casi de forma exclusiva de forma digital. Ha pasado suficiente tiempo como para tener evidencia empírica que los investigador prefieren las revistas electrónicas, aunque sea solo por motivos de comodidad en el acceso y en la recuperación. Las bibliotecas de las universidades de Cataluña, entre los años 2002 y 2004 se plantearon si mantener las suscripciones en papel al tiempo que las tenían en digital y, tras considerarlo detenidamente, no tardaron mucho en concluir que las suscripciones electrónicas eran suficientes, y que las impresas se dejaban de usar cuando su equivalente digital estaba disponible.

No he mencionado el coste de imprimir y distribuir físicamente una revista, aunque la sostenibilidad económica de cualquier revista es un tema de primera magnitud siempre, y más ahora, en tiempos de recursos escasos. A efectos de diseminar, hoy las versiones electrónicas son incomparablemente más eficaces que las correspondientes impresas, y la impresión bajo demanda permite hacer a un coste razonable los ejemplares impresos que prudentemente haya que conservar o que sea conveniente distribuir. Publicar en digital no elimina de ninguna manera la totalidad de costes existentes (incluso añade algunos), pero los reduce.

La distribución de una revista en formato digital seguramente es el cambio más aparente de la ‘era Internet ', pero no es el único. Las revistas impresas eran usadas principalmente a partir de las suscripciones individuales o de las bibliotecas y a partir de las noticias sobre un artículo publicadas en bases de datos. Hoy esto ha cambiado de drásticamente. Las revistas continúan difundiéndose por los canales tradicionales pero a estos se han añadido otros propios del medio digital.

Los artículos digitales llevan incorporados los elementos descriptivos del artículo (metadatos). Los metadatos pueden ser recolectados y tratados por aplicaciones informáticas que los analizan, seleccionan y redistribuyen. Así los metadatos proporcionan a los artículos nuevas vías para llegar a lectores potenciales. Los metadatos de los artículos permiten que estos se incluyan en portales y en grandes índices. Esto es lo que hace, por ejemplo, RACO, que es un portal que permite la consulta conjunta de 453 revistas de temática diversa publicadas en Cataluña, en catalán o relacionadas por historia o por temática con la cultura catalana. También es lo que hace Google Scholar, una gran base de datos interdisciplinar de artículos científicos creada a partir de la recopilación de los metadatos de los artículos.

Hay, además, nuevos canales de comunicación para difundir los artículos. Estos son, por un lado, las redes sociales, pero también repositorios interdisciplinares donde los autores depositan sus trabajos - como ResearchGate, o Academia, por ejemplo-, o repositorios temáticos -como arXiv-, o los sistemas de enlaces que van de una citación al artículo -como CrossRef-. El funcionamiento en Internet de las revistas está introduciendo nuevas herramientas que permiten que aplicaciones informáticas gestionen artículos sin intervención de personas, por ejemplo los identificadores de autores - como ORCID- o los identificadores de objetos digitales -como Handle o DOI.




1 comentari:

· Tomàs Baiget ha dit...

En mi opinión, sin la versión impresa las revistas pierden dos cosas: imagen y posibilidad de serendipidad, o por lo menos una forma de realizarla.
1) Cuando ahora tengo que presentar EPI a alguien todavía me llevo un antiguo ejemplar impreso, pues es muy distinta la reacción de la persona si ve algo tangible, con dimensiones físicas, imágenes, etc., o si se tiene que imaginar algo online. Un buen folleto ayuda, pero no es lo mismo.
2) Otra cosa que permitía la versión impresa era el hojeo sin buscar nada concreto --para lo cual es mejor la versión online, como dice Anglada-. Era un hojeo para "descubrir" qué cosas interesantes traía el último número.