dilluns, 21 de febrer de 2011

Coste y valor en tiempo de crisis

La crisis nos afecta.

Nos afecta si nos recortan el sueldo pero nos afectará también si nos recorta los recursos con los que hacemos cosas. La crisis económica son muchas cosas, pero también es que muchas personas deberán tomar decisiones sobre a qué aplicaremos los recortes. ¿Se cancelarán los turnos extraordinarios de abertura de las bibliotecas en exámenes? ¿No se renovaran los PCs con los que damos acceso a Internet? ¿Compraremos menos libros?

Lo que podamos (o no hacer) dependerá de la capacidad de sacar provecho de los recursos que tengamos y nos asignen y estos, en gran parte, del valor que los financiadores de las bibliotecas asignen a las mismas y a sus servicios (y los dos temas están parcialmente relacionados).

Las bibliotecas han estado siempre comprometidas con la efectividad de los recursos que les asignan sus financiadores. Lo ha hecho des de siempre proporcionando estadísticas cuándo muchos de los servicios con los que convivían no lo hacían (y algunos aún no lo hacen). Pero las estadísticas de uso dicen o ‘significan’ ya poco y las bibliotecas debemos encontrar nuevos sistemas para mostrar a la sociedad que nos financia que ‘vale la pena’ seguir invirtiendo e invertir aún más en bibliotecas.

Lo hemos hecho o lo ha hecho nuestra profesión haciendo evolucionar nuestra tarea de recoger estadísticas hacia la de mostrar indicadores y hacia la promoción de medidas de mejora de la calidad. Actualmente, parece que la profesión nos recomienda ya no mostrar cuanto hacemos o como de bien lo hacemos si no a mostrar que lo que hacemos (que se supone hacemos bien) tiene impacto en la misión de la institución que nos soporta financieramente.

Se pueden sacar muchas muestras de esta reorientación del informe de Megan Oakleaf para la ACRL, The Value of academic libraries, del que Angel Borrego hizo hace poco una buena reseña para el Blok de BiD.

No podemos ya continuar confiando en que se asignará un valor alto a lo que ofrecemos, debemos mostrar evidencias de este valor. Y esto, importante en tiempo de crisis, creo que lo es más en un momento en que los medios (a veces con la contribución de los bibliotecarios) fabrican una imagen en la que la biblioteca es prescindible ya que su sola función (proporcionar información) la realiza mejor y sin coste la red.

Recomiendo la lectura del último informe de OCLC Perceptions of libraries 2010: context and community. El informe pretende ayudar a las bibliotecas a entender su entorno y sigue la línea de los que hicieron en 2003 (centrado en el impacto de internet), en 2005 (sobre como eran percibidas las bibliotecas) y en 2007 (sobre las actitudes de los usuarios de las bibliotecas frente a las redes sociales). Este último proporciona información actualizada sobre los comportamientos, preferencias y percepciones de los consumidores de información en línea pero centra su atención en mostrar los cambios en los comportamientos derivados de la actual crisis económica. El estudio muestra que en estos tiempos difíciles las personas afectadas por la crisis incrementan el uso de las bibliotecas y que la sociedad las percibe como más útiles ahora (justamente ahora) que los gobernantes deberán decidir donde recortan la financiación de los servicios públicos.

Me acuerdo de que, en el inicio de poner en funcionamiento un sistema de préstamo entre bibliotecas apoyado por un servicio de mensajería en el ámbito del CBUC, una biblioteca recibió la visita de un usuario sorprendido (¡y satisfecho!) de la rapidez del servicio. La persona que lo atendió intento convencer al usuario de que aquello no tenia mérito (porqué el libro no era suyo) y que más bien tenía demérito (porqué indicaba que tenían poco presupuesto para comprar todo lo que se necesitaba).

Al margen de los buenos o malos ejemplos que podamos poner, los bibliotecarios nos caracterizamos por un prurito profesional elevado. Éste eleva la tensión sobre lo que tenemos que hacer y nos permite realizar bastantes cosas, pero a veces nos aleja de lo que nuestros usuarios o clientes perciben como útil. Tenemos cierta tendencia a preferir lo que creemos que es lo que se debe usar a lo que el usuario prefiere usar.

Los tiempos que vendrán serán difíciles porqué lo será mantener la calidad de nuestros servicios con recursos que serán o más escasos o más difíciles de conseguir (o las dos cosas a la vez). Por esto será bueno que agucemos la imaginación para descubrir maneras para mostrar que nuestras viejas bibliotecas son útiles. Para ello tenemos un gran aliado: mirar que hacen nuestros compañeros más allá de nuestra biblioteca. Un ejemplo: los magníficos argumentos para digitalizar fondos ‘escondidos’ que acaba de publicar el JISC bajo el título de “Inspiring research, inspiring scholarship”.

1 comentari:

KEPLER23BCN ha dit...

Sobre las primeras preguntas que te haces de como afrontarán las bibliotecas universitarias la crisis también cabe la posibilidad de que rebajen la categoria de algunos trabajadores.... por ejemplo...