diumenge, 22 de desembre de 2013

Reforzar la profesión, reformar las enseñanzas







Los que estén interesados en lo que ha sido,  lo que es, y (sobre todo) lo que puede ser la profesión disfrutarán y aprenderán con la lectura del artículo de Francisco-Javier García-MarcoEducacióny aprendizaje de la información y la documentación: raíces, desafíos y líneasde acción”. Está en abierto en el último número de El profesional de la información, noviembre-diciembre, v. 22, 2013. n. 6, pp. 489-504.

El artículo tendría 3 partes
  • En la 1ª se “revisa la evolución de la formación en información y documentación desde las primeras iniciativas sistemáticas de educación profesional hasta nuestros días, enfatizando los últimos veinte años de historia”, estableciendo cuatro fases de los estudios: formación de conservadores, formación para bibliotecas populares, diplomatura y licenciatura.
  • En la 2ª se analiza la historia más reciente, esta se caracterizaría por cuatro  aspectos: haber aprendido que la tecnología (por preeminente que sea) no es (no debe ser) la conductora de los estudios profesionales, la tendencia internacional de cambiar la denominación tradicional de los estudios (de la marca ‘biblioteca’ a la marca ‘información’), la crisis de ‘vocaciones’ (*) y la adaptación de los estudios al espacio europeo de educación superior.
  • En la 3ª, García-Marco presenta los que –a su entender- son los principales retos y propuestas de acción de futuro para los estudios de información y documentación. Sus propuestas son:
    • clarificar la misión, el nicho ecológico y los objetivos estratégicos;
    • cuidar el centro y abordar la periferia;
    • cuidar la marca y nuestros públicos objetivos, resituando al estudiante como cliente principal;
    • arbitrar un observatorio permanente que permita programar las enseñanzas desde las necesidades del mercado de trabajo y de los estudiantes;
    • articular adecuadamente los niveles de formación con realismo y en el marco de una formación a lo largo de la vida;
    • reconstruir y perseguir la interdisciplinariedad en el diseño de los estudios;
    • modular la formación tecnológica de acuerdo a los cambios sociales y el perfil del alumnado; y
    • cuidar la calidad operativa y abordar los métodos educativos desde la evidencia.

Todo parece indicar que los estudios de Biblioteconomía y Documentación tienen poco predicamento entre los jóvenes que entran en la universidad. Hay –creo yo- unanimidad en considerar que la profesión tiene poca visibilidad social. Creo que la hay también en considerar que realzar la visibilidad de la profesión no es tarea principal de los centros docentes y sí en cambio de las asociaciones profesionales. Pero no es fácil hacer visibles a profesiones que –casi por definición- son transparentes.

Compartimos problemas de visibilidad con geógrafos o psicólogos, por ejemplo. Somos ‘transparentes’ como los son las profesiones auxiliares y de mayoría femenina. Algunas profesiones (economistas, ingenieros, químicos…) no han variado su denominación por mucho que las tecnología les hayan afectado el ejercicio profesional, per los ‘profesionales de la información’ hemos necesitado mejorar nuestra imagen modernizando su nombre: documentalista, informacionalista, gestor de conocimiento…

Es cierto que las denominaciones tradicionales (bibliotecario, o archivero) connotan edificios y no profesiones, y lo es más que nuestro futuro profesional no está en los graneros tradicionales  de puestos de trabajo, pero no lo es menos que la peor estrategia es presentarnos a la sociedad como una multiplicidad.

A una profesión le define el objeto al que se dedica y el  punto de vista con el que contempla el objeto. Nuestro objeto es la información. El punto de vista es ayudar a su consumo y digestión. Nos llamemos como nos llamemos, somos ‘ayudadores’ en el mundo informacional, y la creación y mantenimiento de una imagen profesional común debería sernos una tarea prioritaria. Es cuestión de supervivencia..

(*) Ver el artículo de Virginia Ortiz-Repiso, Javier Calzada-Prado, “¿Qué está pasando con los estudios universitarios de biblioteconomía y documentación en España?”, en el mismo número de EPI, p. 505-514.



1 comentari:

Anònim ha dit...

¡Gracias por tu referencia, Lluis! Estoy plenamente de acuerdo con lo que señalas. Un cordial saludo