dimarts, 7 de maig de 2013

Más de MOOCs: inquietantes y consistentes






Los MOOCs y las universidades

Los MOOCs estén siendo un revulsivo para las universidades a pesar de la sagaz constatación de Bill Gates que los MOOCs reemplazaran a los manuales, no a las universidades. Esto es debido, en buena parte, a elementos propios del contexto en el que se mueve la educación universitaria en los Estados Unidos de Norte América. El precio medio para obtener un grado universitario es de 100.000$ y un porcentaje del 57% de personas creen que el valor que ofrecen es bajo (Carr, 2013). La educación superior es el sector que ha experimentado mayores incrementos de costes en los últimos años en los EUA y una parte muy importante de la deuda privada estadounidense se encuentra en préstamos familiares para hacer frente a los gastos de la enseñanza universitaria. Algunos autores advierten que el fenómeno no puede entenderse sin la referencia del contexto socio económico de las universidades estadounidenses (Epelboin, 2013),

A pesar de las muchas décadas de experiencia con la enseñanza a distancia, el concepto de MOOCs aparece por primera vez en 2008 cuándo un curso en línea diseñado para treinta y cinco estudiantes se abre para que pueda seguirlo quien quiera (sin pagar y sin obtener certificado) y es seguido por 2.300 personas (Yuan y Powell, 2013). Las principales plataformas surgen de universidades de prestigio (como el caso de edX impulsada por el MIT y la universidad de Harvard) o se han puesto en funcionamiento como empresas comerciales (como es el caso de Coursera o Udacity). En el ámbito hispanohablante, diversas entidades entre las cuales se encuentra Universia, han creado miríadaX como “plataforma … de cualquiera de las universidades iberoamericanas que conforman la Red Universia en la que poder crear e impartir Cursos Online Masivos en Abierto (más conocidos como MOOC's)”.

La mezcla de compañías de inversionistas con universidades centenarias en la financiación de las plataformas de MOOCs ha suscitado debate sobre las finalidades perseguidas. Además de ser una posible fuente de negocio, los cursos masivos son vistos como instrumentos para extender los beneficios de la educación superior a capas de la población que normalmente no podrían asistir a la universidad y también como una fuente de selección de los mejores estudiantes por parte de las universidades que imparten los cursos. De momento los MOOCs parece que siguen el modelo de negocio que parece regir en internet: primero existir e instalarse y esperar que la fuente de sostenibilidad aparezca a continuación.

A pesar de que lo más interesante de los MOOCs son los interrogantes que abre (Jarrett, 2012), de momento las discusiones que suscitan son más mundanas y se centran en la tasa de estudiantes que finalizan los cursos, en el valor que finalmente tendrán los certificados emitidos y en si estos sustituirán créditos en las titulaciones presenciales (Yuan y Powell, 2013).


Las bibliotecas y los MOOCs

Es pronto para saber cuál será el impacto de los MOOCs en la enseñanza universitaria. Andreu Mas-Colell, consejero de economía y universidades de la Generalitat de Cataluña los califica de viables, inquietantes y consistentes y una de las inquietantes cuestiones que suscitan es adivinar el impacto que tendrán sobre los servicios bibliotecarios. No es demasiado pronto para empezar a pensar en cómo desde las bibliotecas podemos dar apoyo a un aprendizaje que en una parte importante puede llegar a tener lugar en los MOOCs.

Forrest Wrigh constata que hay dos características de los MOOCs que hacen que sean difíciles de integrar en los servicios bibliotecarios tradicionales. La primera es que las dimensiones de los cursos exceden de mucho las habituales en los cursos a distancia convencionales. La segunda, el hecho que, al estar las plataformas de los MOOCs alojadas en compañías que no son la universidad, todas las experiencias de integración de servicios bibliotecarios en los campus virtuales de una universidad dada no sirven.

De momento, las principales preocupaciones son legales (Butler 2012) ya que las ya no muy claras normas de que documentos de terceros se pueden usar en un curso universitario se desvanecen de repente cuando este curso trasciende las fronteras de la universidad y aún más cuando se integra en una plataforma que tiene finalidades comerciales. Véanse, por ejemplo, las recomendaciones que hacen las bibliotecas de la Universidad de Pennsylvania a los profesores que participan en MOOCs.

Diversos desarrollos están conduciendo a las bibliotecas a pasar de ser almacenes estáticos donde los usuarios acudían forzados por un panorama en el que las facilidades para acceder a la información eran escasas a un entorno en el que los usos de la información se configuran alrededor de los flujos de trabajo, sea este el ocio, el aprendizaje o la investigación, y en el que lo que pasa a ser escaso es el tiempo que queremos dedicar a acceder a la información (Dempsey 2012). Las viejas fórmulas ya no son suficiente garantía para proporcionar servicios bibliotecarios de utilidad.

En una conferencia en la Universidad Politécnica de Cataluña, hace veinte años, F. W. Lancaster abogó por desplazar al aprendizaje parte de los recursos que las universidades destinan a la enseñanza. El movimiento propuesto  implicaba que parte del tiempo del profesorado debía dedicarse a la confección de materiales docentes que pudieran ser usados por el estudiante en régimen de autoaprendizaje. Si, como parece ser la tendencia, los contenidos se dispensan empaquetados y remotamente, y el tiempo del profesor se utiliza cada vez más para el debate y la orientación personal del estudiante, los recursos de la biblioteca deben desplazarse a ayudar al profesor en la creación de recursos docentes y al estudiante en adquirir competenciales informacionales. No parece ser que –de momento- haya muchas más ideas brillantes como parece desprenderse de los materiales del encuentro organizado por OCLC Research en los días 18 y 19 MOOCs and Libraries: Massive Opportunity or Overwhelming Challenge?

Solo parece cierto que los MOOCs serán tan disruptivos respecto la educación universitaria como el acceso abierto lo está siendo respecto la comunicación científica. Y esto vale también para las bibliotecas universitarias.

[Para ser publicado como Nota ThinkEPI 2013 2/2]

Bibliografía