diumenge, 15 de març de 2015

¿Quién paga la cena? El OA y el pecado de Adán de la comunicación científica




Mientras los acuerdos de compras consorciadas estaban en sus inicios, un grupo de reputados científicos publicó en 2001 una carta abierta proponiendo crear “an online public library that would provide the full contents of the published record of research and scholarly discourse in medicine and the life sciences in a freely accessible, fully searchable, interlinked form” (1). Había nacido el movimiento del Open Access que parece destinado a cambiar de forma sustancial algunas reglas de funcionamiento centenarias en las que se basa la comunicación científica.

El OA propugna un acceso abierto (es decir gratuito) a los artículos científicos y un uso abierto (es decir no sujeto a restricciones en su reutilización) de los mismos. Su gran fuerza está en el meme que dice que los resultados de la investigación científica deben ser públicos ya que están mayoritariamente financiados por fondos públicos. Diferentes factores convergen en la dirección de poner los resultados científicos en abierto: el altruismo de los científicos y la voluntad de regeneración económica de los políticos. A ellas se suma que las editoriales comerciales están viendo cada vez menos posibilidades de negocio en la edición de los artículos y más en la gestión de su visibilidad y en servicios de valor añadido a la investigación.

El OA ha dejado de ser una obligación moral para pasar a ser un imperativo social: “But it is not only about a moral obligation. Open access is also essential for the development of our society. Access to scientific research enhances creativity in society” (3). Ya no es solo un tema de científicos, editores y bibliotecarios y ha entrado en la agenda de los políticos, y los países europeos, presionados por la Comisión Europea,  se afanan a crear políticas que favorezcan el acceso abierto (4). Hoy, pues, no se duda de que el OA sea el horizonte de la edición científica (5), aunque nadie se atreva a vaticinar cuándo, cómo y a qué precio.

La clara voluntad de algunas agencias de financiación de la investigación y de algunos gobiernos de imponer el OA se ha encontrado con el obstáculo de cómo financiarlo. El sistema de comunicación científica de las revistas impresas suponía que pagaba el lector (él directamente o a través de suscripciones hechas por la biblioteca de su institución) pero el OA está haciendo que quién pague sea el que escribe. En cualquier caso, cuándo es la propia institución quien debe hacer frente a los gastos de publicar en abierto (6) uno se da cuenta que se ha frivolizado con los costes de publicar y las ganancias de los editores. El circuito de la comunicación científica es mejorable, pero no lo haremos minimizando los costes de su administración ni negando el valor aportado por el proceso editorial. Podía paracer una solución pagar los costes editoriales por publicar  (author publication costs - APCs), pero estos son difíciles de gestionar y su administración no deja de ser un coste añadido con el que no se contaba (7). Una solución (ensayada por el consorcio holandés y Springer) es la de incluir los costes de los APCs en la negociación de la licencia de compras consorciadas.

El posicionamiento del influyente informe Finch (8) a favor de la vía dorada suscitó numerosas críticas que resaltaron que la publicación, previo pago de los APCs, en abierto en revistas abiertas o híbridas no cambiaba sustancialmente el modelo tradicional. Esto es cierto ya que el modelo de comunicación científica continúa estando basado en revistas, que publican artículos después de una revisión por pares, artículos que serán citados (o no) y dotaran así a la revista en determinada posición en un rango de citación. No se están creando las condiciones para que emerga un nuevo modelo para la comunicación científica. Creo que esto es cierto, pero no por ello podemos obviar las debilidades de los repositorios como alternativa, debilidades que el informe Finch resalta y que no he visto convincentemente refutadas. Curiosamente, el éxito más innegable de la vía verde es existencia de arXiv.org, no ha supuesto ninguna disminución de revistas de física  (9).

El debate sobre cómo conseguir el acceso abierto de forma universal se ha centrado en la función de difusión de conocimiento que tienen las revistas. Pero estas cumplen otras funciones, entre las cuales la de permitir la construcción del capital reputacional de los científicos. La carrera académica e investigadora se ha basado en las citas, este ha sido el pecado de Adán del actual sistema de comunicación científica (10) y hasta que no se sepa cómo construir un sistema alternativo vamos a tener una dependencia alta de las revistas. Mencionamos a menudo que las editoriales cobran pero no pagan ni a autores ni a revisores, cierto; pero también lo es que el sistema de selección y evaluación de profesorado y las ayudas a la investigación se sustentan en una parte importante en el edificio de las citas en las revistas, un edificio por el que la academia no paga de forma directa.

Finalmente, el informe Finch ya citado nos habla de tres vías para tener un amplio acceso a la información científica y la tercera son las compras consorciadas. Es cierto que este es un acceso vallado, pero también lo es que la acción coordinada de las instituciones y las bibliotecas puede extender el espacio cercado por las vallas hasta incluir  un amplio número de personas. En una acción conjunta ente editores y consorcios, deberíamos ser capaces de hacer frente a los incrementos anuales de precio por encima del de los presupuestos, no con dinero nuevo, sino con la aportación adicional de nuevos clientes. Añadamos que hay recursos de información que seguramente se quedaran al margen del OA durante largo tiempo o para siempre (bases de datos, materiales especiales para determinado grupo de usuarios o libros e-), y que, en este caso, las suscripciones consorciadas continúen teniendo sentido.


Los títulos de revistas relevantes (las incluidas en las bases de datos de citas) se concentran en muy pocas editoriales y algunas sociedades científicas. A su vez, las universidades con vocación de investigación y los centros de investigación coinciden en querer tener acceso a este corpus de información, cosa que acabarán haciendo de forma coordinada o consorciada.

Este pequeño conjunto de agentes son arte y parte del circuito de la comunicación científica y parece verosímil que la difícil transición al OA global discurra por una vía triple en el que los pagos por publicar en abierto, el autoarchivo en repositorios y los Big Deals dialogaran entre sí. Lo que está en juego es demasiado importante, y las incertezas aún demasiado grandes, como para apostar a un solo número.  


Notas:
(1)        Public Library of Science http://en.wikipedia.org/wiki/PLOS
(2)     Black, D. (2014). Can creators and curators redefine the scientific record?, en: Information Research, vol. 34, p. 173–180. doi:10.3233/ISU-140719
(3)     Dekker, S. (2014). Going for gold, en: Information Services & Use, vol. 34, n. 3-4, p. 185–188. doi:10.1016/S0140-6736(94)93022-8.
(4)     Lomazzi, L., & Chartron, G. (2014). The implementation of the European Commission recommendation on open access to scientific information : Comparison of national policies, en: Information Services & Use, vol. 34, n. 3-4, p. 233–240. doi:10.3233/ISU-140743
(5)  A pesar de esto, publicar en abierto es de los factores considerados como menos importantes por los investigadores en el momento de someter sus artículos a alguna revista.  Ver: Housewright, Ross (13), op. cit., p. 59 y Borrego, Ángel (14), op. cit., p. 27. Esto, a pesar que un 89% de los científicos consultados en el proyecto SOAP consideraron que el OA es beneficioso para la ciencia (Suenje Dallmeier-Tiessen, et al. (11), “Highlights from the SOAP project survey. What Scientists Think about Open Access Publishing”, en: arXiv.org, http://arxiv.org/abs/1101.5260v2).
(6)  Nos referimos a menudo a lo que los autores deben pagar por ser publicados en abierto, però olvidamos que los costes de mantener un repositorio institucional son elevados. Ver: Burns, C. Sean; Lana, Amy; Budd, John M. (13), Institutional Repositories: Exploration of Costs and Value, en: D-Lib Magazine, vol. 19, n. 1-2 http://www.dlib.org/dlib/january13/burns/01burns.html
(7)  La gestión de un APC puede tenir un coste medio de 150$ por transacción, según Richard Wynne (15), “Perspective of a System Provider: Services and Billing Start with Submission Making APCs work for everyone”, en: APE 2015 The International Conference: Academic Publishing in Europe.
(8)  Finch, Janet  (12). Accessibility, sustainability, excellence: how to expand access to research publications: Report of the Working Group on Expanding Access to Published: Research Findings: Report of the Working Group on Expanding Access to Published Research Findings. http://apo.org.au/sites/default/files/Finch-Group-report-FINAL-VERSION.pdf
(9)  Sweeney, D. (2014). Working together more constructively towards open access, en: Information Services & Use, v. 34, p.181–184. doi:10.3233/ISU-140722
(10)       By placing a core set of journals into sharp relief, ISI (and a few other prestigious bibliographies) managed to skew a quest for excellence into a race for elitist status. In itself, such a trend might not have been a matter of grave concern if the control of scientific publishing had solidly remained in the hands of the scientific communities, and if the elitist impulse had been kept within reasonable bounds. Hierarchy, as we have already seen, is the stuff of science, and science can even flirt with elitism without seriously harming its basic structure. Also, improving the tools to refine the competitive rules of science should certainly be applauded. However, the transformation of a quest for excellence into a race for elitist status bore important implications for any research library claiming to be up to snuff: once highlighted, a publication becomes indispensable, unavoidable. The race demands it. It must be acquired at all costs. There lies a crucial phase in the transformation of scientific publishing and it also lies at the heart of the serial pricing crisis. It amounted to a first revolution in the economics of knowledge and it was felt as a serial”. Guédon, Jean-Claude (01), “In Oldenburg’s long shadow: librarians, research scientists, publishers and the control of scientific publishing”, en: ARL Proceedings 138, http://www.arl.org/storage/documents/publications/in-oldenburgs-long-shadow.pdf, p. 22. Hay traducción catalana hecha por el CBUC: http://www.recercat.net/bitstream/handle/2072/9019/Traduccio14.pdf?sequence=1