dilluns, 25 de gener de 2010

ThinkEPI

ThinkEPI es una de las muchas iniciativas que la profesión debe a ese activista de la biblioteconomía y la documentación que es Tomàs Baiget.

ThinkEPI tiene por objetivo “contribuir a dinamizar la comunidad de dibliotecarios, documentalistas y expertos en información, en lengua española, así como a intentar que estos profesionales que "añaden valor a la información" sean más visibles ante la sociedad”.

Con una periodicidad más o menos semanal, ThinkEPI publica notas en las que destacados especialistas nos ponen al día sobre aspectos determinados de la profesión. Las notas se recopilan, revisan y actualizan y dan lugar al Anuario Thinkepi

Para el próximo (que tienen prevista su aparición en febrero). El grupo ThinkEPI ha pedido a diferentes personas un resumen del año 2009. A mi me lo pidieron para bibliotecas y he hecho mi aportación bajo el título “Bibliotecas: un enfermo con una mala salud de hierro”.

Decía yo allí que de la longevidad de las bibliotecas deberíamos deducir su capacidad de adaptación. A pesar de ello, en el imaginario popular, la imagen de la biblioteca se identifica con un fluir del tiempo más lento que el que tienen lugar en el mundo. Y quizá sea así, porqué los cambios que viven se fraguan a fuego lento.

Decía que quizá para observar los cambios que viven los módulos de tres o de cinco años sean más adecuados que los de uno. Pero, además, de bibliotecas hay muchas, de muchos tipos y en muchos lugares e intentar determinar elementos comunes de su evolución puede ser difícil sino imposible.

A pesar de ello me atreví a hacer la crónica de lo más importante que puede haber sucedido a las bibliotecas en este breve lapso de tiempo que ha sido el año 2009. Los editores de ThinkEPI me permiten publicar mi aportación es este blog y lo haré en 4 entregas de las cuales esta es la primera.

Bibliotecas: retos para el 2010

Las bibliotecas tienen, desde hace muchos años, una mala salud que se está demostrando ser de hierro. Resisten los periódicos anuncios de su marginalización o extinción y lo hacen adaptando constantemente sus funciones, servicios y edificios a las nuevas necesidades surgidas de su entorno. La adaptabilidad será pues (continuará siendo) su principal reto para el futuro próximo y no tan próximo. Tres pueden ser las claves para su longevidad.

En primer lugar y de forma evidente, la incorporación de la información electrónica y de servicios digitales al día a día de la biblioteca. Los casos de prácticas ejemplares que pueden citarse no bastan para aceptar la situación como óptima. De la misma forma que la información impresa ha sido tradicionalmente pobre en las bibliotecas españolas, continúa siéndolo en formato electrónico. La digitalización de colecciones es una orientación importante a la que debe sumarse la inversión en la compra de información (impresa y electrónica). Las bibliotecas pueden ejercer su función si ofrecen a sus usuarios un amplio abanico de recursos donde elegir, recursos por cierto que tendremos que acostumbrarnos a que sean en inglés.

En segundo lugar, las bibliotecas han sacado parte de su fuerza en la capacidad de adaptación organizacional. La asociación en redes o consorcios ahorra costes, genera sinergias y permite crear servicios de nuevo cuño. Aprovechar la catalogación hecha por los demás es un ahorro, usar un mismo programa permite usar aplicaciones hechas por otros y la cooperación permite un servicio de referencia virtual que no podríamos tener con nuestros propios medios. Son ejemplos que no deberían limitarse a las bibliotecas. Estas, juntamente con archivos y museos deben constituir una alianza del sector que conserva y difunde cultura.

En tercer lugar y quizá como reto principal: las bibliotecas deben ser capaces de demostrar que contribuyen al desarrollo social y conseguir así los recursos que necesitan para expandirse especialmente a nivel municipal y escolar. Las medidas de preparación para la sociedad de la información ponen el acento en la tecnología y obvian las necesarias capacidades para usarla. No me refiero a las capacidades tecnológicas y sí a las informacionales ya que, en definitiva, es información lo que circula en la red. La capacidad que tengan los ciudadanos de acceder a la información, de evaluarla y usarla determinará su capacidad para desarrollarse plenamente como personas, de adaptarse laboralmente a un entorno cambiante y de contribuir con conocimiento y riqueza a la sociedad que les rodea.

Hacerlo en un panorama de crisis como el que nos espera para el 2010 y siguientes requerirá lo mejor de nosotros mismos. La demostrada mala salud de hierro de las bibliotecas para sobrellevar enfermedades pasadas debería ayudarnos a conseguirlo.