diumenge, 26 de setembre de 2010

OCLC

Javier Guallar. En marzo pasado fuiste elegido miembro del Consejo global de OCLC. Sabemos de las gigantescas dimensiones de esta organización de 27.000 bibliotecas en 127 países, pero ¿qué influencia está teniendo sobre las bibliotecas españolas?

OCLC fue un consorcio más de los muchos que se crearon en los Estados Unidos y en Europa en los años 70 alrededor de la automatización de los catálogos de las bibliotecas. La motivación era el ahorro de costes en catalogación y automatización y aquella aceleración de la cooperación propició que surgieran múltiples entidades cooperativas, algunas de las cuales continúan existiendo a pesar de que otras muchas han desaparecido.

No existen ya la ejemplar PICA de Holanda ni los consorcios regionales del Reino Unido, pero en los países nórdicos han perdurado estructuras cooperativas de catalogación y de catálogos colectivos sobre las cuales a veces se han sustentado los consorcios de compras digitales actuales. En los EUA, OCLC tomó preeminencia en el proceso cooperativo de catalogar por copia. Esto sustentó a OCLC económicamente y permitió a las bibliotecas norteamericanas completar sus procesos de reconversión de catálogos con plazos y costes mejores que lo que han podido hacer las de otros países.

Lo mejor del crecimiento de OCLC por encima de otros consorcios o redes de bibliotecas, es que no ha sido a costa de la desaparición de los que quedaban atrás en dimensiones o de la no creación de nuevas entidades organizativas. Quien observe la realidad asociativa y consorcial norteamericana descubrirá una enorme cantidad y variedad de instituciones cooperativas que coexisten con OCLC y que lo hacen a veces con servicios paralelos de catálogo colectivo y préstamo interbibliotecario.

Su preeminencia en el suministro de catalogación por copia la ha convertido en un monopolio de facto y así ha sido percibida en algunas partes del mundo y, concretamente, en la Europa no anglosajona, España incluida. En los EUA ha habido un fuerte debate debido a cambios sobre las condiciones de uso de los registros de WorldCat. Yo mismo en el pasado me he sentido maltratado por una organización que se reclamaba hija de las bibliotecas y actuaba con la insensibilidad y rigidez que atribuimos a las empresas multinacionales.

Pero es una organización de grandes aciertos. Presta servicios a las bibliotecas con la copia de registros, tienen un préstamo interbibliotecario a escala internacional y la red virtual de referencia bibliográfica Question Point, distribuye software específico para bibliotecas como Content.dm, mantiene Dublin Core... Pero su función más importante es la de hacer de escaparate para las bibliotecas a escala mundial. WorldCat, que tenía unos “escasos” 40 millones de registros bibliográficos hace unos pocos años, reseña hoy casi 200 millones con noticias bibliográficas de todo tipo de documentos y procedentes de bibliotecas, archivos y museos. WorldCat exhibe al mundo los contenidos de las instituciones de la memoria y hace que, sin esfuerzo por parte de éstas, sus documentos aparezcan en la Red cuando se hacen búsquedas globales.

Recientemente ha tomado la decisión de internacionalizarse, esto quiere decir que ha abierto de forma decidida su gobierno a bibliotecas no estadounidenses y que quiere reorganizarse para ser una organización global. A mi entender las bibliotecas necesitamos organizaciones internacionales fuertes. Necesitamos asociaciones profesionales, entidades cooperativas y empresas suministradoras de servicios a escala global porque muchas de las batallas del futuro se librarán en la arena de lo global. Otras batallas serán en el terreno de lo local, y por esto hemos de aprovechar las oportunidades que puedan presentarse para influir desde nuestro punto de vista y situación en organizaciones internacionales. Cuando me presenté como candidato para el Consejo global de OCLC fue con esta intención.

De una entrevista de Javier Guallar a Lluís Anglada que aparece en el último número de El profesional de la Información (vol. 19, n. 5, setembre-octubre 2010) que tiene por tema central "Cooperación de bibliotecas en red".

Post scriptum:
Estos días OCLC vuelve a ser noticia entre los medios profesionales. Hace poco se conoció que la empresa SkyRiver se ha querellado contra OCLC por considerar que esta ejerce condiciones monopolísticas sobre el uso de los registros catalográficos. Jesús Tramullas lo resume en su blog del pasado 17 de agosto.

Creo que el debate tal como se está planteando es muy norte-americano y no entraré en él. Solo comentar que la entrada de OCLC en el mercado de la automatización de bibliotecas con WorldCat Local y WorldCat Navigator sentó muy mal a algunas empresas del sector. Añadir que SkyRiver es una empresa creada recientemente por Innovative Interfaces Inc. una de las grandes del mercad de los sistemas integrados de gestión bibliotecaria.

2 comentaris:

Josep Matas ha dit...

Sense conèixer amb detall el cas, puc dir que als USA la normativa equivalent a la nostra Directiva 2003/98/CE de reutilització de la informació pública, interioritzada per la Llei 37/2007, persegueix severament tot allò que pugui semblar acord en exclusiva, o tracte privilegiat en detriment de la lliure competència.

Lluís Anglada ha dit...

Segurament és el que tu dius. També li retreuen que tingui avantatges fiscals per ser una organització sense afany de lucre.

A mi el tema em recorda el debat dels llibreters a propòsits dels descomptes d'Abacus. En teoria, Abacus els feia per ser una cooperativa als membres cooperativistes, però jo no gosaria dir que l'esperit de l'Abacus d'avui sigui de cooperativa i més aviat usen la seva figura jurídica per tenir un avantatge competitiu.