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diumenge, 10 d’abril del 2016

Rankings ¿Será que el no estar es el principio del no ser?



Un ranking es una fórmula polinómica en la que diferentes aspectos se ponderan para dar como resultado una clasificación que ordena del mejor al peor una lista de elementos. Los hay de jugadores de tenis i de universidades, y su valor, no por mediático, no es nada despreciable.

Con el título de ¿Cuáles son las mejores y las peores universidades de España? El Mundo publicaba hace unos días el U-Ranking (Indicadores Sintéticos del Sistema Universitario Español) 2016, elaborado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) y la Fundación BBVA. Para el caso que nos trae, la clasificación final no importa y sí bastante más los elementos elegidos para realizar la clasificación.

En la metodología del U-Ranking se eligen indicadores para evaluar la actividad docente, investigadora y de innovación y desarrollo tecnológico de las universidades (la combinación de los resultados de estos tres ámbitos es lo que da el resultado final). Para cada uno de estos tres ámbitos se consideran cuatro grupos de indicadores: Recursos, Producción obtenida, Calidad e Internacionalización de las actividades. Se usan 31 indicadores entre los cuales ninguno se refiere a la biblioteca.

Durante toda la 2ª mitad del S XX, cantidad fue sinónimo de calidad, por lo que a las bibliotecas se refiere. Y el tamaño (= calidad) de las bibliotecas era un elemento constante entre los elegidos para analizar y fijar la calidad de las universidades.  En 1990, la ALA publicó el libro de Nancy A. Van House, Beth T. Weil y Charles R. McClure 'Measuring academic lib performance: a practical approach', libro que proponía dejar de lado los tradicionales indicadores de recursos pasivos (inputs) para pasar a tener en cuenta los servicios prestados (outputs) y la satisfacción del Usuario. Hay un buen artículo en el que se pueden apreciar los vaivenes de la evaluación de la calidad en las bibliotecas universitarias en España entre 1994 y 2006.

Por muy de acuerdo que uno pueda estar en que cantidad no es calidad, lo cierto es que la evolución de los criterios de calidad, así como la enorme disrupción que ha supuesto la información electrónica, han dejado a las bibliotecas fuera de los rankings universitarios. Es significativo que la bibliografía profesional norte-americana haya dejado de hablar de ‘evaluación’ y –desde de la aparición del influyente libro de Megan Oakleaf- hable cada vez más de ‘valor’.

En lo que se refiere a bibliotecas universitarias, los estudios norte-americanos se están centrando en encontrar evidencias empíricas que muestren la contribución de la biblioteca para conseguir las metas de la universidad, el éxito académico de los estudiantes, o para aumentar los resultados de retención de matriculados. Paralelamente, las bibliotecas públicas han dedicado esfuerzos importantes en mostrar el valor económico de las bibliotecas.

Sea la que sea la evolución del concepto de calidad en bibliotecas, lo cierto es que, entre tanta incertidumbre y cambio, los principales rankings de universidades no usan ningún indicador de biblioteca o de servicios bibliotecarios. Dada la importancia creciente de los rankings para las universidades, uno se pregunta hasta qué punto es significativa esta desaparición de indicadores bibliotecarios en la medición de la calidad de las universidades. ¿Será que el no estar es el principio del no ser?



diumenge, 5 de juliol del 2015

La inevitable inutilidad de lo invisible



La CRUE acaba de publicar “La Universidad Española en cifras
2013-2014”, informe que firman Juan Hernández Armenteros y José Antonio Pérez García. La publicación una síntesis ofrece de datos del sistema universitario español expresados en indicadores agrupados en los capítulos siguientes:
1.    Demanda de enseñanza universitaria
2.    Precios, becas y ayudas al estudio universitario
3.    Oferta de enseñanzas universitarias
4.    Recursos [financieros] del sistema universitario
5.    Resultados (docentes y en investigación)

Supongo que en una publicación de este tipi es inevitable que no esté todo lo que uno esperaría encontrar, pero no deja de sorprenderme la ausencia total de indicadores referentes a biblioteca.

Las bibliotecas están incrementando su invisibilidad de forma peligrosa. Los edificios son usados igual o más que nunca, pero ya no por los profesores y éstos usan la información que contratan y organizan las bibliotecas, pero les fluye de ‘internet’ sin que perciban que la biblioteca es el intermediario.

El informe da datos de producción, no de recursos, y esta es la tendencia. La fortaleza consolidada de las bibliotecas se basó en los pasivos (metros cuadrados y libros), y, en los últimos años, los intereses de los gestores de la enseñanza y de la sociedad se han desplazado hacia los beneficios producidos por estos recursos.

Nuestro colegas norte-americanos hace algunos años que están orientando los esfuerzos de su asociación profesional a mostrar el valor dela bibliotecas y la asociación europea LIBER acaba de decidir crear un grupo de trabajo dedicado a métricas.

A medida que el libro impreso deje de estar teñido del valor romántico que le conferimos en el pasado, la biblioteca decaerá también en valor a no ser que sepamos mostrar lo que esta aporta a la universidad.


No sé si es lamentable, pero sí que es inevitable que lo invisible acabe percibido como inútil.

dilluns, 10 de febrer del 2014

Poner en valor la biblioteca



El bibliotecario y consultor canadiense Stephen Abram publica un interesante blog bajo el título de Stephen’s lighthouse. El pasado 29.08 publicó un ‘megapost’ con el título de Value of Libraries en el que el autor recopila los estudios e informes que conoce sobre el tema así como sus posts sobre el mismo.

Una recopilación interesante ahora que FESABID acaba de publicar el estudio   

La primera referencia del post es el estudio “Ananalysis of public library trends
que analiza datos de uso recogidos por el Canadian Urban Libraries Council
(CULC) para el periodo 2000-09. El CULC está formado por 35 bibliotecas (con 609 bibliotecas filiales) de los principales centros urbanos del Canadá con un público potencial de 17,5M de habitantes. Las bibliotecas del CULC tienen  8,2M de usuarios activos, emplean a unas 13.000 personas, reciben 108M de visitantes por año y prestan 211M de documentos al año de sus colecciones formadas por unos 51M de documentos.

Aunque algo antiguo, el estudio muestra tendencias que creo relevantes y seguramente generalizables a bibliotecas de otro tipo (universitarias, por ejemplo) y de otros países (España, por ejemplo). 

Algunas son:
  • “Las transacciones por usuario de han incrementado en un 45% en la pasada década (pasando de 16.6 a 24.1de media)”. Esto es debido principalmente a que a los usos dentro de la biblioteca se les ha añadido los que se hacen a través de la red. Pero es interesante notar que el número de préstamos por usuario creció de 9.7 en 2000-2001 a 11.3 en 2008-2009. Al mismo tiempo, el número de visitantes se mantiene estable. La Memoria del servicio de bibliotecasde la UAB de 2012 refleja una disminución importante (del 14,1%) del número de visitantes, pero un pequeño incremento del préstamo (1,15%).
  • “Las bibliotecas proporcionan más valor que nunca. Aunque sus costes se han incrementado, el incremento del número de transacciones por usuario ha significado que el coste por transacción haya bajado un 27% de 2000-2001 a 2008-2009”.
  • “El gasto en documentos tienen una fuerte influencia en el incremento del uso de la biblioteca. El tercio de bibliotecas con más gasto por cápita en adquisiciones tienen el doble de transacciones por usuario que las que están en el tercio de las que gastan menos”. Si la inversa vale hemos de temer como efecto de la crisis que la disminución en compras de documentos repercutirá en una disminución de usuarios en nuestras bibliotecas. Ver los temores y advertencias de José-Antonio Gómez-Hernández, en La previsible agudización de la crisis en las bibliotecaspúblicas durante 2012 (Nota ThinkEPI de 03.10.12).

La valorización de las bibliotecas pasa por dos ejes. Uno es la traducción económica de sus servicios, que es la vía seguida por el estudio de FESABID mencionado. El segundo es mostrar la contribución de la biblioteca a las finalidades de la entidad a la que sirve. Este segundo no me parece nada negligible, y, en este sentido, recomiendo la lectura del reciente (15.01.14) post de Roy Tennant:  The Mission ofLibrarians is to Empower


Roy Tennant nos recuerda que las bibliotecas dan más poder o más fortaleza a los individuos, a las organizaciones, a las comunidades y a la sociedad. Esto las bibliotecas lo hacen dando acceso al conocimiento, a Internet, dando soporte a la formación de habilidades, entre otras aportaciones. Su artículo termina con la siguiente reflexión: 
  • “[A los bibliotecarios] nos encanta no estar enfocados a hacer más ‘widgets’ o a hacerlos más baratos, pero sí en hacer la vida de los demás más rica y en ayudar a prosperar a nuestras comunidades y sociedad. Nos gusta nuestro trabajo porqué, al fin y al cabo, tiene mucho que ver con el amor y poco o nada con el dinero”.


diumenge, 5 de febrer del 2012

El valor de la biblioteca per a la recerca

Carol Tenopir i Rachel Volentine (amb lajut de Donald W. King) signen linforme: UK Scholarly Reading and the Value of Library Resources, fet amb el patrocini de JISC Collections. Acaba daparèixer i mostra els resultats d'una enquesta passada a 6 universitats del Regne Unit el 2011.

L'informe mesura el valor de la biblioteca universitària i intenta quantificar-ne els beneficis a partir de les respostes que investigadors de sis universitats del Regne Unit van donar en una enquesta passada el 2011.

Les conclusions més rellevants (al nostre entendre) són (en traducció lliure i meva):

1. la biblioteca és qui `proporciona la majoria dels articles llegits pels acadèmics; alhora, el nombre de subscripcions individuals a revistes està en descens

2. les revistes acadèmiques són per als universitaris la principal font d'informació substancial per a la seva feina de recerca

3. aproximadament, la meitat dels articles llegits tenen més de 18 mesos (i un 17% dels articles tenen 10 anys o més); això suggereix que les compres consorciades (les quals sovint inclouen contingut anterior a 1996) són inversions clau addicionals a les subscripcions corrents.

4. Quan els investigadors busquen un article, en troben d'altres que també usen; el nombre d'articles usats a més de l'article buscat és de 7; això mostrs un valor addicional de la biblioteca: la capacitat de descobrir articles rellevants addicionals.

5. La biblioteca és la font principal de lectura d'articles (un 94% dels articles llegits pels investigadors provenen de la biblioteca).

6. Es calcula que sense la biblioteca, un 17% de informació que els investigadors usen NO es trobaria de cap altra manera.

8. Els professors universitaris declaren que el motiu pel qual llegeixen la major part dels articles és la recerca i per preparar escrits.

10. Els professors que publiquen més i que han rebut algun premi en els 2 anys anterior a l'estudi, llegeixen més articles que la mitjana.

11. La biblioteca [en canvi] no és la font principal de lectura de llibres [per als professors]. Aquests sovint es compren els llibres que llegeixen o els reben de les editorials.

12. Si la font principal de lectura no està disponible, la principal alternativa és la biblioteca (aquesta sovint té el llibre que els professors universitaris volen, però aquests creuen que obtenir el llibre de la biblioteca els costarà més temps que obtenir-lo d'un altre lloc)

13. La biblioteca recolza la feina dels professors joves, ja que aquests obtenen llibres de la biblioteca en un percentatge major al dels professors de més edat.

14. Els acadèmics que han guanyat algun premi en els 2 anys anterior a l'estudi, llegeixen més llibres i dediquen més temps a la lectura que la mitjana.

15. per a publicacions altres que revistes o llibres, els acadèmics tendeixen a buscar-los per altres conductes que no pas la biblioteca.

17. Els professors dediquen un temps considerable a la lectura amb finalitat acadèmica: l'equivalent a 56 dies (de jornada laboral de 8 hores) l'any

20. de les 448 hores / any dedicades a la lectura acadèmica, 187 són hores de lectura amb materials proporcionats per la biblioteca, cosa que confirma el valor de les col·leccions de a biblioteca.

Els interessats en aquest tema, poden consultar l'estudi "Ús i disponibilitat d'informació científica entre els investigadors de les universitats del CBUC", realitzat per Ángel Borrego, Maite Barrios i Francesc Garcia.

dilluns, 16 de gener del 2012

¿Podemos hablar de crisis desde las bibliotecas?

La indiferencia ante la crisis

Bertold Brecht describe la crudeza del capitalismo de principios del Siglo XX poniendo en boca de un cínico Mackie Navaja: “Primero es la comida, después la moral”[1]. Frente la crisis económica actual, casi cien años después, se oyen voces que parafrasearían al mafioso protagonista de Brecht y dirían: ‘¿Cómo podemos estar hablando de crisis los bibliotecarios con la de servicios fundamentales que hay que preservar?

Así, salvadas honrosas excepciones[2] se manifiestan en privado algunos prominentes bibliotecarios y así debemos interpretar el silencio de las asociaciones profesionales españolas frente los primeros coletazos de la crisis que están afectando ya a las bibliotecas. Pero ¿la crisis afectará a las bibliotecas? Y, sobre todo, ¿Podemos defender las bibliotecas en tiempos de crisis? Sí, definitivamente a las dos cosas.

La crisis afectará a las bibliotecas porqué la crisis afectará a la totalidad de la sociedad española. Sin entrar en las causa de la crisis, parece evidente que los ingresos del estado que han sostenido los servicios públicos han descendido. Consecuentemente, bajarán los gastos del estado. El tema es cuánto bajarán y dónde se aplicarán los recortes. Si estos se hicieran de forma lineal, hay quién dice que es razonable pensar en un retroceso del 10% del gasto público español. Pero el gasto de las administraciones no es totalmente flexible con lo que las disminuciones se aplicarán de forma desigual y algunas partidas lo sentirán más que otras.

Las disminuciones presupuestarias afectarán a las bibliotecas igual o más que al resto de servicios públicos. Los recortes se harán de los gastos en personal (especialmente el que no es fijo), de los gastos de funcionamiento y servicios y de inversiones. Los que afecten a personal incidirán quizá lo mismo que en otros sectores pero una parte muy importante del presupuesto de las bibliotecas no es personal, son compras de materiales bibliográficos y servicios (en las bibliotecas universitarias los gastos de adquisiciones se aproximan a un 50% del presupuesto total). Capítulo a parte son las inversiones que serán las que probablemente se resientan más de un clima económico restrictivo. La remodelación o ampliación de antiguas bibliotecas y la constitución de nuevas puede que se paralice durante unos años. Es cierto que la mejora de las bibliotecas españolas realizada en los últimos años ha dependido (como veremos) del buen hacer de sus profesionales, pero lo es también que estos han tenido a su disposición recursos para hacer nuevos edificios, para llenarlos de documentos pertinentes y actuales, y para instalar tecnología que facilita el acceso o, recientemente, para la digitalización de fondos.

Cuándo ha habido recursos, ha habido para todo. En un momento de escasez se impone la priorización entre diferentes necesidades. Y es en este último punto dónde ni el profesional ni sus asociaciones pueden debilitar la defensa de las aportaciones al sistema. Diligentes como somos, a veces queremos ser los primeros en recortar; altruistas como somos, estamos predispuestos a reconocer que múltiples necesidades sociales son más urgentes que las que nosotros satisfacemos; modernos como somos, hemos dibujado un futuro inmediato en la que el espacio físico de la biblioteca ya no será necesario gracias a la ubicuidad de una información digital gratuita. No ayuda tampoco el clima general de crítica a las actuaciones no siempre responsables de los poderes públicos. Un prestigioso periódico publicaba un artículo bajo el título: Cuando todo iba bien los ayuntamientos construyeron piscinas, bibliotecas... Ahora mantenerlas es una ruina[3].

El problema no es que si los bibliotecarios y sus asociaciones profesionales no defendemos las bibliotecas no lo hará nadie. El problema es que si no lo hacemos estamos asumiendo su prescindibilidad (y, por cierto, la nuestra como profesionales). Estos reparos en explicar a la sociedad lo que las bibliotecas le aportan demuestran poca confianza en los valores de la biblioteca y en la profesionalidad con que las gestionamos. El discurso dominante nos puede y el componente de auto-odio y complejo de inferioridad que arrastramos nos paraliza y enmudece.

La reacción tiene que proceder de distintos ámbitos, pero los propios bibliotecarios y las asociaciones profesionales deberíamos ser los primeros en protagonizarla.

El papel de las asociaciones profesionales

En estos momentos de turbulencias, el primer papel les corresponde a las asociaciones profesionales. Por eso las creamos: para defender la profesión y vindicarla, para mostrar con más fuerza lo que hacemos y que lo hacemos bien, para encontrar salidas y soluciones en tiempos confusos. Las asociaciones y colegios profesionales son nuestro intelectual orgánico en sentido gramsciano; es decir quien trabaja para las bibliotecas y los bibliotecarios en el frente ideológico. Su papel es fundamental al menos en tres ámbitos: identificando la crisis, explicándola y proponiendo soluciones.

Es fácil decir que hay crisis pero lo es menos concretarlo en un sector determinado. En nuestro caso va a ser importante saber si las inversiones en bibliotecas vana disminuir y cuánto, si el personal empleado va a descender, si va a aumentar la externalización de servicios… Es decir, hacer un seguimiento de la evolución del sector a través de indicadores fiables[4] que nos permitan medir si hay crisis y que dimensión esta tiene tal como lo ha empezada a hacer la Asociación Andaluza de Bibliotecarios[5].

La crisis, además de identificarse debe analizarse. En nuestro caso a los efectos de una recesión de la inversión pública debe sumarse la profunda transformación derivada de la digitalización de la información. Los cambios, gestados de forma constante a lo largo de las pasadas décadas, son profundos y están poniendo las bibliotecas en la tesitura de desaparecer o de transformase. A nivel del imaginario popular la emergencia de lo digital podría anular la necesidad de la biblioteca física. Debemos combatir la idea fácil de que a más digitalización menos bibliotecas y, a su vez, revisar nuestras prácticas profesionales. La revolución digital hará en un breve plazo de tiempo, obsoletas las normas de catalogación, los criterios de creación de colecciones y los instrumentos de evaluación de servicios, y las asociaciones profesionales deben facilitar el cambio y ayudarnos a protagonizarlo.

Finalmente, las asociaciones deben combatir la crisis en nuestro sector ofreciendo salidas y soluciones. No es fácil, sin duda, pero a ello debemos dedicarnos colectivamente (a través de las asociaciones) a explicitar los beneficios que las bibliotecas aportan. Quizá se trate más de defender los niveles de servicio conseguidos que de pedir la creación de nuevas bibliotecas (con la excepción las escolares, como luego comentaré). Debemos explicar que ni se han hecho demasiado bibliotecas, ni se han hecho en lugares que no se debía, ni las hechas son demasiado grandes.

El papel de los profesionales y de las bibliotecas

Estas actuaciones colectivas deberían reforzarse con las que podamos ejercer los profesionales desde nuestros lugares de trabajo. Vamos a vivir tiempos difíciles y la valorización que la sociedad haga de las bibliotecas dependerá tanto del discurso global que sepamos articular colectivamente como de lo que vean que se hace en las bibliotecas concretas que la gente conoce. Creo que algo podemos hacer racionalizando nuestras actividades, cooperando más y mostrando mejor lo que las bibliotecas consiguen.

Ahora es un buen momento para revisar nuestras prácticas profesionales. Seguro que todo lo que hacemos estuvo justificado en algún momento, pero quizá ya no lo esté. Soy poco propenso a creer que los saltos hacia delante solucionen nada por ellos solos y más de buscar maneras de mejorar lo que ya hacemos. Centrándonos en la catalogación, por ejemplo, hay un amplio recorrido de mejora para quién no esté hoy copiando catalogaciones en más de un 90% de sus adquisiciones, para quién no participe en catálogos colectivos que mejoren la accesibilidad de sus colecciones o para quién no tenga aún la totalidad de su colección catalogada en formato estandarizado y accesible desde Internet[6]. Si continuamos queriendo hacer las cosas tal las hemos hecho siempre estamos cavando nuestra tumba. No se trata de abandonar los valores profesionales que justifican la existencia de las bibliotecas. Sí se trata de revisar con profundidad los medios y la forma (edificios, colecciones y servicios) con los que hemos estado satisfaciendo las necesidades sociales con respecto la información.

Cooperar más es la receta que a nivel internacional todo el mundo recomienda para estos momentos de disminución de recursos. Cooperar más para producir de forma colectiva instrumentos que satisfacen las necesidades de los usuarios en un nivel que no podemos alcanzar con nuestros propios medios. Los catálogos colectivos vuelven a ser quizá los mejores ejemplos. Con ellos mejoramos la información bibliográfica que prestamos, podemos racionalizar las adquisiciones y establecer sólidos servicios de préstame entre bibliotecas. Cooperar más para ahorrar, para tener lo mismo de forma menos cara. A nivel internacional las bibliotecas cooperan compartiendo catalogación, préstamo, almacenes de documentos de bajo uso, compras de documentación digital, programas de gestión… Hay aún camino por recorrer que usando la cooperación nos haga más eficientes y más efectivos.

Finalmente, debemos mejorar la visibilización de lo que aportamos a la sociedad a la que servimos. Las bibliotecas han estado siempre comprometidas con la efectividad de los recursos que les asignan sus financiadores, pero lo han hecho tradicionalmente con estadísticas de uso. Pero estas dicen o ‘significan’ ya poco y las bibliotecas debemos encontrar nuevos sistemas para mostrar a la sociedad que nos financia que ‘vale la pena’ seguir invirtiendo e invertir aún más en bibliotecas. Actualmente, parece que la profesión nos recomienda ya no mostrar cuanto hacemos (cantidad) o como lo hacemos de bien (calidad), si no a mostrar que lo que hacemos tiene impacto en la misión de la institución que nos soporta financieramente[7]. Al final, la percepción que la sociedad tenga de las cosas será (debería ser) determinante en el momento en que los gobiernos decidan donde priorizan y donde recortan la financiación de los servicios públicos. Por otra parte, tenemos cierta tendencia a preferir lo que creemos que es lo que se debe usar a lo que el usuario prefiere usar.

¿Podemos defender las bibliotecas en época de crisis económica?

He empezado este texto argumentando que lo que nos paraliza frente las restricciones presupuestarias es, en el fondo, la consideración de que hay servicios públicos mucho más importantes que los de las bibliotecas. No voy a entrar en consideraciones sobre las importancias relativas de unos u otros servicios públicos, pero, como profesionales debemos defender activamente las bibliotecas y al menos debemos hacerlo desde tres puntos de vista: la profesionalidad de su gestión, su insuficiencia en algunos casos y su valor social.

Llevamos unos 30 años de democracia a lo largo de los cuales la sociedad española ha debido reconstruir a partir de bases muy débiles o inexistentes servicios públicos culturales. Las bibliotecas lo han hecho razonablemente bien. Lo han hecho en base a dos aciertos: la profesionalidad y las buenas prácticas. Hemos apostado por la formación de los profesionales y por una gestión profesional de las bibliotecas (esto último a costa de roces frecuentes con los responsables políticos), nos hemos fijado objetivos, los heos planificado y los hemos gestionado los recursos con criterios de servicio público. Y para fijar qué queríamos la profesión ha tenido en cuenta (en general) lo hecho por los mejores y más modernos desarrollos a nivel mundial en el ámbito de las bibliotecas.

Debemos aún razonar que hay insuficientes bibliotecas en algunos ámbitos. Sin entrar en otros ámbitos quiero centrarme en lo que considero el peor déficit de las bibliotecas españolas: las de centros educativos de primaria y secundaria. El sistema educativo español es claramente mejorable si queremos ser un país generador de riqueza y bienestar; sus niveles de fracaso escolar son escandalosos. La riqueza material que perseguimos con tanto afán se sustenta sobre la riqueza cultural i educativa. Nuestro sistema educativo necesita bibliotecas (y profesionales que las gestionen) si queremos que la ciudadanía del futuro sea capaz de aprender a lo largo de la vida y sea un agente activo en la sociedad de la información. Los países con mejores resultados en educación consideran importantes las bibliotecas escolares[8].

Finalmente, debemos estar convencidos del valor social de las bibliotecas. Hay al menos tres motivos para fomentar les bibliotecas siempre y también en momentos de crisis económica. Las bibliotecas son equipamientos que permiten y refuerza el crecimiento de les personas y sustentan el autoaprendizaje, la formación a lo largo de la vida y la alfabetización tecnológica. Las bibliotecas son entornos públicos que no están basados en el consumo, que permiten la satisfacción de las aficiones individuales y que refuerzan los hábitos culturales en los que es sustentan todos los sectores de la cultura. Son instituciones que favorecen a los desfavorecidos i ayudan así a la inclusión social y a la creación de lazos comunitarios; en momentos de crisis económica, las bibliotecas son para mucha gente el refugio que no podrá encontrar en otro sitio.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales”. Son palabras de Federico García Lorca casi contemporáneas a las del personaje de Brecht citadas al inicio. García Lorca las pronunció en 1931 con motivo de la inauguración de la biblioteca pública de Fuente Vaqueros (Granada)[9].

España, por debajo una piel reciente de modernización material, tiene un substrato secularmentre deficitario en educación y cultura. En este panorama, las bibliotecas somos una solución, no un problema.

[post publicado hoy enThinkEPI]

[1] “Ópera de los 3 centavos”, balada ‘¿De qué vive el hombre?’.

[2] La crisis económica coge menos desprevenidos a nuestros colegas extranjeros, al menos los de los EUA. Por ejemplo la asociación de consorcios ICOLC publicó en enero de 2009 la Statement on the Global Economic Crisis and its Impacto n Consortial Licenses (reescrito en junio de 2010 y con traducción española disponible en: http://www.recercat.net/handle/2072/68139. En España, y como honrosas excepciones, la han tratado que yo sepa en el post de José-Antonio Gómez-Hernández a Thinkepi de 3 d’octubre, (‘La previsible agudización de la crisis en las bibliotecas públicas durante 2012’) y La Asociación Andaluza de Bibliotecarios (‘Estudio sobre el impacto de la crisis económica en las bibliotecas andaluzas’) en su Boletín n. 100, p. 119-136.

[4] El reciente estudio de FESABID sobre el sector se situaría en esta línea a pesar de que no incide de forma especial en la crisis económica y las bibliotecas. Ver: Gómez Hernández, José Antonio; Hernández Sánchez, Hilario; Merlo Vega, José Antonio. Prospectiva de una profesión en constante evolución: estudio Fesabid sobre los profesionales de la información. Madrid: Fesabid, 2011. 130 p. ISBN 978-84-930335-9-0. . [Consulta: 13 gen. 2012]. Su disponibilidad en SlideShare hace, por cierto, prácticamente imposible su lectura.

[5] Ver: “Estudio sobre el impacto de la crisis económica en las bibliotecas andaluzas”, en el Boletín de la Asociación Andaluza de Bibliotecarios, (2010) núm. 100, p. 119-136. <http://www.aab.es/aab/images/stories/Boletin/100/7_impacto_crisis_economica.pdf>. [Consulta 14 gen. 2012].

[6] Esto incluye los fondos o colecciones especiales la importancia de los cuales demasiado a menudo hemos minusvalorado desde las bibliotecas.

[7] Indispensable tener en cuenta: Oakleaf, Megan, “The Value of Academic Libraries”, Association of College & Research Libraries, 2010 (http://www.ala.org/ala/mgrps/divs/acrl/issues/value/val_report.pdf) y “OCLC Perceptions of libraries 2010: context and community” (http://www.oclc.org/reports/2010perceptions.htm).

[8] School libraries and teacher librarians in 21st century Australia (Canberra: Parliament of the Commonwealth of Australia, 2011). ISBN 978-0-642-79396-6 (impreso), 978-0-642-79397-3 (HTML).

[9] Lo acaba de publicar la Asociación Andaluza de Bibliotecarios en su Boletín núm. 101, de enero-junio de 2011, p. 135-136. <http://www.aab.es/aab/images/stories/Boletin/101/9_miscelanea.pdf> [consulta: 14.01.12]

dilluns, 3 de maig del 2010

Samfaina

M'agrada la samfaina, pel seu gust i pel color, perquè la pots barrejar amb moltes coses i perquè pots fer-la a fases, una mica com aquest bloc que acabarà essent un plat acabat de cuinar ara però fet de mica en mica i en moments diferents.

Comencem per un més ‘resulton’ que no pas atractiu sistema per mostrar els llibres que acaben d’entrar a la biblioteca. Me’l fa descobrir el bloc d’en L. Dempsey i el trobareu al final de la pàgina web de les River Campus Libraries de la Universitat de Rochester. Potser no cal que us ho descobreixi, però a més d’anar fullejant les cobertes, clicant-les anireu al catàleg.

Val la pena comentar la googelització de la pàgina: una caixa per a totes les cerques (encara que aquestes es facin segons els recursos agrupats sota pestanyes): A reflexionar-hi per copiar-ho: accés directe als materials del que aquí en diem campus virtuals (com és que se’n desentenguin d’aquests importants recursos les bibs. universitàries d’aquí?)

Més de com usar la informàtica per donar valor a la feina biblioteques. En aquest cas és el “Library Use Value Calculator”un estri que transforma les nostres dades de servei en valor econòmic i que trobareu a la p. de la Maine State Library. A la calculadora li han assignat un benefici econòmic per cada transacció de biblioteca (per exemple, un préstec ‘normal’ costaria 15$ i un d’interbibliotecari 30) i cada u pot posar les xifres de la pròpia biblioteca i calcular així els beneficis econòmics que genera per la comunitat a la que serveix.

La calculadora està pensada per a ús propi, és a dir, per posar-hi les xifres d’ús que una persona o família fa de la biblioteca i transformar aquestes en cost estalviat. Jo ho he fet per a les biblioteques de la UAB i em surt que el 2008 haurien produït un benefici als seus usuaris de 9.399.103 $ (i això que he comptat cada article de revista usat com si fos un diari llegit i a això la MSL li assigna l’escàs valor econòmic d’1 $).

I per posar en valor a les biblioteques heu de mirar-vos “How Libraries Stack Up: 2010un informe d’OCLC de 2 p que examina l’impacte social, cultural i econòmic de les biblioteques als EUA i que ens diu coses com

  • cada dia 300.000 ciutadans dels EUA visiten alguna biblioteca per buscar feina
  • 12.000 bp proporcionen accés lliure a Internet amb wifi (més que els 11.000 Starbucks o les 1.300 llibreries que ho fan )
  • hi ha 181 M de targes de crèdit i 151 carnets de biblioteca
  • els 7,9M de préstecs anuals es queden lleugerament per sota els 8M de paquets que mou a l’any l’empresa de missatgeria FedEx
  • anualment es lloguen 3,3M de dvd’s i se’n presten 2,1M

I pels interessats en com avancen els serveis bibliotecaris sobre mòbil, no fa gaire, OCLC emetia una nota de premsa que anunciava una aplicació de WorldCat per a iPhone (pic2shop) amb la que s’escanegen els codis de barra dels llibres i l’aps et diu a quines llibreries pots trobar-lo (i a quins preus) i a quines biblioteques participants a WorldCat te’l pots endur sense pagar. De la recomanable novel·leta de Dai Sijie, Balzac i la petita modista xinesa que la meva fila s'acaba de llegir, me'n diu per exemple que està a la Biblioteca Nacional (Madrid) la qual, per cert, acaba de perdre la categoria de direcció general segons les darreres mesures del govern de Zapatero per estalviar.

Dir-vos que vaig veure i tenir a les mans un iPad que em va semblar un fantàstic iPhone en gran però una mica massa pesant.

I com a premi pels que hagueu arribat fins aquí un anunci publicitari que passa a una biblioteca i que és... diguem-ne, refrescant.

Post escriptum. L'inici d'aquest post m'ha quedat com una senyera d'un país inexistent. Ja el voldria jo per a mi un país que tingués la samfaina com a símbol, però mentre això no arribi, entre els lectors no hi ha pas un expert de Blogger que sàpiga com treure aquesta franja taronja que se'm posa sense voler?