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dijous, 9 de juny del 2016

Si publico una revista, ¿Vale la pena hacerlo en abierto?




Uno de los principales cambios recientes en la edición de revistas se ha producido en el modelo de negocio y ha sido el acceso abierto (OA).

A principios de este siglo, un grupo de científicos publicaron una carta abierta en la que se reclamaba que el contenido de la investigación científica se pudiera diseminar de forma abierta. Poco tiempo después, un conjunto de declaraciones internacionales consolidaban la idea bajo el concepto de ‘acceso abierto’, el cual implica que los artículos debían distribuirse de forma abierta (sin coste) y bajo unas licencias de uso que permitieran la reutilización de los artículos de forma libre.

El movimiento del OA se ha consolidado a nivel de idea y muchos investigadores, universidades, organismos financiadores de la investigación y estados están reclamando que toda la producción científica (especialmente la financiada con dinero público, que es la mayoría) se distribuya de forma abierta. Se considera que esto tendrá los efectos de general más y mejor ciencia e innovación. Sin entrar en detalles ni matices, una posibilidad para el OA es depositar los artículos en bibliotecas digitales o repositorios -lo que se denomina vía verde al OA-, y otra, la publicación de la revista en OA -la llamada vía dorada-.

El OA tiene, innegablemente, unos efectos beneficiosos inmediatos para los lectores, ya que les permite leer y usar los artículos que les interesan bajo unas restricciones mucho menores que en el modelo de acceder a los artículos a partir de suscripciones individuales o institucionales. Pero esto crea el problema de cómo se financian las revistas en este nuevo modelo de negocio (o realidad) en la que ya no se puede contar con ingresos por las suscripciones.

Parece claro que el OA está en el horizonte de la comunicación científica. Ni autores ni editores dudan que será la forma como los artículos se difundirán en un futuro cercano. Lo que está menos claro son las formas que definitivamente se encuentren para garantizar la financiación de las revistas y cómo será el proceso de transición de la distribución de artículos bajo suscripción al de difusión en abierto. Pero, sea cual sea la forma (o color) que tome el movimiento del acceso abierto, está claro que el OA facilita lo que toda revista quiere: que los artículos que publica lleguen al máximo número de lectores posibles y de la manera más fácil posible.

La sostenibilidad financiera de las revistas en OA depende de los ingresos por publicar, de la filantropía o del mecenazgo. El primero (paga el autor en vez de hacerlo el lector) seguramente será el mecanismo más usado por las revistas competitivas -las incluidas en WoS o en SCOPUS- y las que publican investigación generada por proyectos con financiación ya que el coste de publicar se detraerá de la financiación de los proyectos de investigación.


Pero hay mucha investigación que no está financiada de forma específica. En este caso, ¿cómo una revista puede publicarse en abierto? Pues, como ahora, con filantropía y voluntarismo. Muchas de las revistas científicas actuales han  surgido de una comunidad científica determinada y o han tenido pretensiones de generar ganancias. Estas revistas, hasta ahora, se han editado y distribuido en papel pero sus costes eran cubiertos sólo parcialmente por los ingresos de las suscripciones o de las ventas. Se trata de reducir costes eliminando la impresión y de continuar asumiendo los otros gastos con las vías que hasta ahora se han usado: los presupuestos de asociaciones, las sociedades científicas o los departamentos universitarios.

diumenge, 5 de juny del 2016

Revistas ¿impresas o digitales?





Decidir continuar haciendo una revista (o hacer una revista nueva) no significa seguir haciendo las cosas igual que siempre. Afortunadamente hay instrumentos nuevos que facilitan conseguir lo que es el objetivo de cualquier revista científica: la comunicación entre investigadores y el desarrollo del conocimiento.

Publicar en papel o en digital puede ser la primera de las preguntas a plantearse, pregunta respecto la que mi opinión es clara: Las revistas impresas en el ámbito de la ciencia, y admitiendo posibles excepciones, no tienen futuro y tampoco presente.

Hoy la difusión y lectura de artículos científicos se produce casi de forma exclusiva de forma digital. Ha pasado suficiente tiempo como para tener evidencia empírica que los investigador prefieren las revistas electrónicas, aunque sea solo por motivos de comodidad en el acceso y en la recuperación. Las bibliotecas de las universidades de Cataluña, entre los años 2002 y 2004 se plantearon si mantener las suscripciones en papel al tiempo que las tenían en digital y, tras considerarlo detenidamente, no tardaron mucho en concluir que las suscripciones electrónicas eran suficientes, y que las impresas se dejaban de usar cuando su equivalente digital estaba disponible.

No he mencionado el coste de imprimir y distribuir físicamente una revista, aunque la sostenibilidad económica de cualquier revista es un tema de primera magnitud siempre, y más ahora, en tiempos de recursos escasos. A efectos de diseminar, hoy las versiones electrónicas son incomparablemente más eficaces que las correspondientes impresas, y la impresión bajo demanda permite hacer a un coste razonable los ejemplares impresos que prudentemente haya que conservar o que sea conveniente distribuir. Publicar en digital no elimina de ninguna manera la totalidad de costes existentes (incluso añade algunos), pero los reduce.

La distribución de una revista en formato digital seguramente es el cambio más aparente de la ‘era Internet ', pero no es el único. Las revistas impresas eran usadas principalmente a partir de las suscripciones individuales o de las bibliotecas y a partir de las noticias sobre un artículo publicadas en bases de datos. Hoy esto ha cambiado de drásticamente. Las revistas continúan difundiéndose por los canales tradicionales pero a estos se han añadido otros propios del medio digital.

Los artículos digitales llevan incorporados los elementos descriptivos del artículo (metadatos). Los metadatos pueden ser recolectados y tratados por aplicaciones informáticas que los analizan, seleccionan y redistribuyen. Así los metadatos proporcionan a los artículos nuevas vías para llegar a lectores potenciales. Los metadatos de los artículos permiten que estos se incluyan en portales y en grandes índices. Esto es lo que hace, por ejemplo, RACO, que es un portal que permite la consulta conjunta de 453 revistas de temática diversa publicadas en Cataluña, en catalán o relacionadas por historia o por temática con la cultura catalana. También es lo que hace Google Scholar, una gran base de datos interdisciplinar de artículos científicos creada a partir de la recopilación de los metadatos de los artículos.

Hay, además, nuevos canales de comunicación para difundir los artículos. Estos son, por un lado, las redes sociales, pero también repositorios interdisciplinares donde los autores depositan sus trabajos - como ResearchGate, o Academia, por ejemplo-, o repositorios temáticos -como arXiv-, o los sistemas de enlaces que van de una citación al artículo -como CrossRef-. El funcionamiento en Internet de las revistas está introduciendo nuevas herramientas que permiten que aplicaciones informáticas gestionen artículos sin intervención de personas, por ejemplo los identificadores de autores - como ORCID- o los identificadores de objetos digitales -como Handle o DOI.




dimecres, 1 de juny del 2016

¿Vale la pena seguir haciendo una revista si SCOPUS o WoS no la indexan?



Dejando de lado las definiciones canónicas, yo veo las revistas como comunidades de personas que tienen intereses y puntos de vista coincidentes.

Hoy cualquier ámbito científico produce más artículos en un año que los que una persona se puede leer a lo largo de toda su vida. Por lo tanto, el problema es menos publicar que conseguir que te lean. Las bases de datos hace unos años, las herramientas de descubrimiento hace menos y las redes sociales más recientemente, han sido maneras que han cambiado la forma de 'encontrar’ un artículo que nos interese. Pero, a la vez, los lectores (científicos), para elegir qué leer, continúan guiándose por el prestigio y trayectoria consolidados de los títulos de las revistas, por la reputación de los autores y por los lugares donde previamente han encontrado contenidos que les interesan.

No hay (probablemente por suerte) un sistema unívoco de encontrar los artículos relevantes. Mientras tanto, los investigadores continúan leyendo artículos la noticia de los cuales conocen a partir de recomendaciones, de citas, de enlaces... y también repasando sistemáticamente lo que se publican en determinadas revistas, porque estas han sido las que -por su experiencia- les han aportado más artículos de interés. Así pues, si hay una temática determinada que nadie más trata, si hay un punto de vista u orientación que nadie más cubre o un público determinado al que se quiere llegar, en cualquiera de estos casos, hacer una revista tiene sentido .

Otro tema es quién dice que una revista pertenece a la categoría de 'científica'. Tradicionalmente esto se resolvía a partir de unas características determinadas que las revistas científicas debían cumplir: tener el aval de alguna sociedad científica y de un comité editorial, que los artículos sean revisados ​​por pares, determinadas características formales... Los últimos años han sido también años en los que la evaluación del trabajo de los investigadores de cara a su promoción profesional se basa cada vez más en bases de datos (como el Web of Science (WoS) o SCOPUS) que cuentan las citas recibidas por algunas revistas.

La inercia y las prisas ha hecho que estar en alguna de estas bases de datos se asimila a ser revista científica (y las que no, no). Según el prestigioso directorio Ulrich, habría 28.094 revistas científicas vivas revisadas por pares; tanto WoS como SCOPUS cubren muchas menos. Yo creo que de revistas científicas hay aún más que las censadas por Ulrich. En todo caso, está claro que las bases de datos usadas para decir qué revistas son científicas y cuáles no están sesgadas a favor de las disciplinas científicas puras y aplicadas, los grandes editores y la lengua inglesa. Los criterios para considerar científica en una revista deben ser científicos, es decir cualitativos, no los operacionales que rigen la confección de bases de datos comerciales a las que no les sale a cuenta incluir todas las revistas científicas que hay en el mundo.

Vale la pena seguir haciendo una revista si SCOPUS o WoS no la indexan? Esta respuesta la tiene que dar cada uno. Yo soy miembro de la junta del Patronat d’Estudios Osonencs, entidad que púbica la revista científica Ausa, y en ningún momento nos hemos planteado dejar de editarla por el hecho de que no esté en los repertorios mencionados. Si un grupo de personas editan una revista, la pregunta que hay que hacerse es si se tiene algo que decir sobre algún aspecto de la realidad, si hay una comunidad (de lectores) para quien lo que se diga al respecto es relevante, y si lo que se publica está hecho bajo criterios y métodos científicos.

Nota: la imágen (elegida a efectos solo ilustrativos) está tomada de una presentación de Javier Loaiza en slideshare.



dilluns, 30 de maig del 2016

Las revistas científicas hoy: muchos cambios e incertidumbres




En el mundo de las revistas impresas los investigadores preguntaban a los bibliotecarios relacionadas en cómo encontrar un artículo determinado. El mundo digital ha cambiado las reglas del juego de publicar y estamos entrando en un escenario del que sabemos poco más que es cambiante y que el cambio está más en su inicio que en su final.

En el contexto actual, las revistas ¿tienen sentido? Las revistas científicas son la solución que la comunidad científica ha encontrado a diferentes problemas: a estar al día de los conocimientos en un ámbito, a tener un registro público de las aportaciones de cada uno con respecto a la ciencia, a tener un archivo perpetuo de los conocimientos, a el aseguramiento de la calidad de la ciencia ... La fecha de nacimiento de las revistas científicas modernas fue el 1665, cuando aparecen el Journal des sçavans y las Philosophical Transactions de la Royal Society. Desde entonces, las revistas han evolucionado y se han consolidado, pero han seguido siendo, esencialmente, lo mismo.

El advenimiento de internet en los años 90 trajo muchas ideas sobre cómo se podía mejorar la comunicación científica en un entorno digital. Desde un punto de vista estrictamente lógico, la agrupación de artículos en un número (y diferentes números en volúmenes), deja de tener sentido, tampoco tiene sentido esperar tanto tiempo entre la escritura del artículo y su publicación, los artículos podrían incluir los comentarios o aportaciones de los lectores...

La verdad ha sido que de revistas hay más hoy que hace 25 años y que éstas siguen teniendo las mismas características. La alternativa racional de sustituir todas las revistas por una gran base de datos de artículos sólo se ha dado en la física con el repositorio arXiv. Paradójicamente, sin embargo, el buen funcionamiento de arXiv no ha supuesto la disminución del número de revistas de física.


El mundo de lo digital ha traído muchos cambios en las revistas (hay más concentración en pocas editoriales, el espectro de revistas leídas o hojeada por un investigador se ha ampliado, las revistas se compran por paquetes...), pero sigue habiendo revistas y las revistas siguen básicamente siendo 'como siempre'. Es probable que continúe habiéndolas durante los próximos años. ¿Porque? pues por qué no es fácil reemplazar las funciones de información, validación, registro y archivo que las revistas han cumplido (y siguen cumpliendo) de forma eficaz, aunque mejorable.

dimecres, 6 de gener del 2016

Una 3ª vía para el OA: que las suscripciones cubran el coste de publicar en revistas híbridas




A mi entender, los ‘big deals’ ( = las compras consorciadas de revistas en paquetes) presenta hoy un balance (no exento de claroscuros) positivo. Han ganado los lectores, las bibliotecas y las editoriales. 

En primer lugar, han ganado los lectores por poco que las bibliotecas de sus instituciones hayan tenido la capacidad organizativa de coordinarse con otras para comprar de forma conjunta. Los lectores han ganado porqué el incremento de revistas a su disposición se ha incrementado de forma muy elevada. Pero este acceso es doblemente vallado: se paga (la institución) por leer, y solo puede leer quien está bajo el paraguas de una institución suscriptora.

En 2o, han ganado las bibliotecas que, invirtiendo lo mismo que en el pasado invertían, pueden ofrecer a sus lectores muchas más revistas. Aclaro que mi afirmación es consciente  de que los precios las revistas no han dejado de subir por encima del IPC, pero este incremento es una constante en las revistas (bien documentado desde los años 70) que a mi entender está asociado con la importancia creciente de la investigación para la sociedad y no con las revistas digitales o con las compras consorciadas.

Finalmente, también han ganado las editoriales que, a cambio del atractivo de los paquetes, consiguen que las bibliotecas no puedan en la práctica cancelar sus suscripciones. Sus beneficios son altos, pero han llevado a cabo una reconversión (casi) total de lo impreso a lo digital en una celeridad plausible. Lo peor, a mi entender, ha sido el proceso de doble concentración experimentado en los últimos 15 años: concentración empresarial, y concentración de valor en las revistas que consiguen estar en el WoK o en SCOPUS.  

El movimiento del Open Access parecía tener dos vías consolidadas (los repositorios y las revistas OA) cuándo Springer introdujo una variación inesperada: los autores podían optar por pagar los costes por publicar (APC) a cabio de que su artículo (y solo éste) pudiera ser leído en abierto. En teoría, el coste pagado por el autor debía descontarse del coste de la suscripción, pero esto no ha sido así y hoy hay partes de algunas revistas que se está pagando doblemente (Double Dipping): lo pagan las instituciones con las suscripciones y lo pagan los autores (los organismos financiadores) con las tasas por publicar (APC).

Las revistas híbridas parece que se están consolidando como una tercera vía del OA ya que está siendo un punto de encuentro entre los organismos financiadores y los autores. Aquellos quieren que los resultados de la investigación financiada por fondos públicos sean públicos. Estos poder publicar donde crean más conveniente (o posible) hacerlo. Las publicación en revistas híbridas recibió un fuerte impulso al ser reconocidas en el Reino Unido como una opción priorizada en el informe Finch.

Últimamente ha habido algunos movimientos que refuerzan esta tercera vía. La idea parece ser simple: que las bibliotecas continúen pagando lo que están pagando, pero que este coste incluya el que los autores de las instituciones suscriptoras puedan publicar en abierto en las revistas de la editorial con la que se contrata. Al fin y al cabo, esto es lo que hace SCOAP3 o lo que propone la Max Planck Digital Library. La idea tienen atractivo porqué es ejecutable a corto plazo y no requiere dinero adicional, pero tiene el inconveniente de dejar las cosas como están en el mundo de la edición científica.

El consorcio de las universidades holandesas VSNU, con el apoyo del gobierno holandés, está trabajando en esta línea. En 2014 cerró un acuerdo con Springer (hoy dentro del grupo Nature) para que el coste de la suscripción consorciada cubra el de publicar en abierto los artículos de autores de estas universidades. El JISC del Reino Unido llegó en 2015 a un acuerdo parecido con la misma editorial. Recientemente el consorcio holandés ha cerrado un acuerdo con Elsevier que va en la misma dirección.

Estos acuerdos tienen sus críticos que argumentan que esta es una salida no definitiva (como en su momento lo fueron las compras consorciadas). Seguro que tienen razón, pero, desde un punto de vista pragmático, supone que una parte importante de los artículos científicos puedan estar en OA.










diumenge, 15 de març del 2015

¿Quién paga la cena? El OA y el pecado de Adán de la comunicación científica




Mientras los acuerdos de compras consorciadas estaban en sus inicios, un grupo de reputados científicos publicó en 2001 una carta abierta proponiendo crear “an online public library that would provide the full contents of the published record of research and scholarly discourse in medicine and the life sciences in a freely accessible, fully searchable, interlinked form” (1). Había nacido el movimiento del Open Access que parece destinado a cambiar de forma sustancial algunas reglas de funcionamiento centenarias en las que se basa la comunicación científica.

El OA propugna un acceso abierto (es decir gratuito) a los artículos científicos y un uso abierto (es decir no sujeto a restricciones en su reutilización) de los mismos. Su gran fuerza está en el meme que dice que los resultados de la investigación científica deben ser públicos ya que están mayoritariamente financiados por fondos públicos. Diferentes factores convergen en la dirección de poner los resultados científicos en abierto: el altruismo de los científicos y la voluntad de regeneración económica de los políticos. A ellas se suma que las editoriales comerciales están viendo cada vez menos posibilidades de negocio en la edición de los artículos y más en la gestión de su visibilidad y en servicios de valor añadido a la investigación.

El OA ha dejado de ser una obligación moral para pasar a ser un imperativo social: “But it is not only about a moral obligation. Open access is also essential for the development of our society. Access to scientific research enhances creativity in society” (3). Ya no es solo un tema de científicos, editores y bibliotecarios y ha entrado en la agenda de los políticos, y los países europeos, presionados por la Comisión Europea,  se afanan a crear políticas que favorezcan el acceso abierto (4). Hoy, pues, no se duda de que el OA sea el horizonte de la edición científica (5), aunque nadie se atreva a vaticinar cuándo, cómo y a qué precio.

La clara voluntad de algunas agencias de financiación de la investigación y de algunos gobiernos de imponer el OA se ha encontrado con el obstáculo de cómo financiarlo. El sistema de comunicación científica de las revistas impresas suponía que pagaba el lector (él directamente o a través de suscripciones hechas por la biblioteca de su institución) pero el OA está haciendo que quién pague sea el que escribe. En cualquier caso, cuándo es la propia institución quien debe hacer frente a los gastos de publicar en abierto (6) uno se da cuenta que se ha frivolizado con los costes de publicar y las ganancias de los editores. El circuito de la comunicación científica es mejorable, pero no lo haremos minimizando los costes de su administración ni negando el valor aportado por el proceso editorial. Podía paracer una solución pagar los costes editoriales por publicar  (author publication costs - APCs), pero estos son difíciles de gestionar y su administración no deja de ser un coste añadido con el que no se contaba (7). Una solución (ensayada por el consorcio holandés y Springer) es la de incluir los costes de los APCs en la negociación de la licencia de compras consorciadas.

El posicionamiento del influyente informe Finch (8) a favor de la vía dorada suscitó numerosas críticas que resaltaron que la publicación, previo pago de los APCs, en abierto en revistas abiertas o híbridas no cambiaba sustancialmente el modelo tradicional. Esto es cierto ya que el modelo de comunicación científica continúa estando basado en revistas, que publican artículos después de una revisión por pares, artículos que serán citados (o no) y dotaran así a la revista en determinada posición en un rango de citación. No se están creando las condiciones para que emerga un nuevo modelo para la comunicación científica. Creo que esto es cierto, pero no por ello podemos obviar las debilidades de los repositorios como alternativa, debilidades que el informe Finch resalta y que no he visto convincentemente refutadas. Curiosamente, el éxito más innegable de la vía verde es existencia de arXiv.org, no ha supuesto ninguna disminución de revistas de física  (9).

El debate sobre cómo conseguir el acceso abierto de forma universal se ha centrado en la función de difusión de conocimiento que tienen las revistas. Pero estas cumplen otras funciones, entre las cuales la de permitir la construcción del capital reputacional de los científicos. La carrera académica e investigadora se ha basado en las citas, este ha sido el pecado de Adán del actual sistema de comunicación científica (10) y hasta que no se sepa cómo construir un sistema alternativo vamos a tener una dependencia alta de las revistas. Mencionamos a menudo que las editoriales cobran pero no pagan ni a autores ni a revisores, cierto; pero también lo es que el sistema de selección y evaluación de profesorado y las ayudas a la investigación se sustentan en una parte importante en el edificio de las citas en las revistas, un edificio por el que la academia no paga de forma directa.

Finalmente, el informe Finch ya citado nos habla de tres vías para tener un amplio acceso a la información científica y la tercera son las compras consorciadas. Es cierto que este es un acceso vallado, pero también lo es que la acción coordinada de las instituciones y las bibliotecas puede extender el espacio cercado por las vallas hasta incluir  un amplio número de personas. En una acción conjunta ente editores y consorcios, deberíamos ser capaces de hacer frente a los incrementos anuales de precio por encima del de los presupuestos, no con dinero nuevo, sino con la aportación adicional de nuevos clientes. Añadamos que hay recursos de información que seguramente se quedaran al margen del OA durante largo tiempo o para siempre (bases de datos, materiales especiales para determinado grupo de usuarios o libros e-), y que, en este caso, las suscripciones consorciadas continúen teniendo sentido.


Los títulos de revistas relevantes (las incluidas en las bases de datos de citas) se concentran en muy pocas editoriales y algunas sociedades científicas. A su vez, las universidades con vocación de investigación y los centros de investigación coinciden en querer tener acceso a este corpus de información, cosa que acabarán haciendo de forma coordinada o consorciada.

Este pequeño conjunto de agentes son arte y parte del circuito de la comunicación científica y parece verosímil que la difícil transición al OA global discurra por una vía triple en el que los pagos por publicar en abierto, el autoarchivo en repositorios y los Big Deals dialogaran entre sí. Lo que está en juego es demasiado importante, y las incertezas aún demasiado grandes, como para apostar a un solo número.  


Notas:
(1)        Public Library of Science http://en.wikipedia.org/wiki/PLOS
(2)     Black, D. (2014). Can creators and curators redefine the scientific record?, en: Information Research, vol. 34, p. 173–180. doi:10.3233/ISU-140719
(3)     Dekker, S. (2014). Going for gold, en: Information Services & Use, vol. 34, n. 3-4, p. 185–188. doi:10.1016/S0140-6736(94)93022-8.
(4)     Lomazzi, L., & Chartron, G. (2014). The implementation of the European Commission recommendation on open access to scientific information : Comparison of national policies, en: Information Services & Use, vol. 34, n. 3-4, p. 233–240. doi:10.3233/ISU-140743
(5)  A pesar de esto, publicar en abierto es de los factores considerados como menos importantes por los investigadores en el momento de someter sus artículos a alguna revista.  Ver: Housewright, Ross (13), op. cit., p. 59 y Borrego, Ángel (14), op. cit., p. 27. Esto, a pesar que un 89% de los científicos consultados en el proyecto SOAP consideraron que el OA es beneficioso para la ciencia (Suenje Dallmeier-Tiessen, et al. (11), “Highlights from the SOAP project survey. What Scientists Think about Open Access Publishing”, en: arXiv.org, http://arxiv.org/abs/1101.5260v2).
(6)  Nos referimos a menudo a lo que los autores deben pagar por ser publicados en abierto, però olvidamos que los costes de mantener un repositorio institucional son elevados. Ver: Burns, C. Sean; Lana, Amy; Budd, John M. (13), Institutional Repositories: Exploration of Costs and Value, en: D-Lib Magazine, vol. 19, n. 1-2 http://www.dlib.org/dlib/january13/burns/01burns.html
(7)  La gestión de un APC puede tenir un coste medio de 150$ por transacción, según Richard Wynne (15), “Perspective of a System Provider: Services and Billing Start with Submission Making APCs work for everyone”, en: APE 2015 The International Conference: Academic Publishing in Europe.
(8)  Finch, Janet  (12). Accessibility, sustainability, excellence: how to expand access to research publications: Report of the Working Group on Expanding Access to Published: Research Findings: Report of the Working Group on Expanding Access to Published Research Findings. http://apo.org.au/sites/default/files/Finch-Group-report-FINAL-VERSION.pdf
(9)  Sweeney, D. (2014). Working together more constructively towards open access, en: Information Services & Use, v. 34, p.181–184. doi:10.3233/ISU-140722
(10)       “By placing a core set of journals into sharp relief, ISI (and a few other prestigious bibliographies) managed to skew a quest for excellence into a race for elitist status. In itself, such a trend might not have been a matter of grave concern if the control of scientific publishing had solidly remained in the hands of the scientific communities, and if the elitist impulse had been kept within reasonable bounds. Hierarchy, as we have already seen, is the stuff of science, and science can even flirt with elitism without seriously harming its basic structure. Also, improving the tools to refine the competitive rules of science should certainly be applauded. However, the transformation of a quest for excellence into a race for elitist status bore important implications for any research library claiming to be up to snuff: once highlighted, a publication becomes indispensable, unavoidable. The race demands it. It must be acquired at all costs. There lies a crucial phase in the transformation of scientific publishing and it also lies at the heart of the serial pricing crisis. It amounted to a first revolution in the economics of knowledge and it was felt as a serial”. Guédon, Jean-Claude (01), “In Oldenburg’s long shadow: librarians, research scientists, publishers and the control of scientific publishing”, en: ARL Proceedings 138, http://www.arl.org/storage/documents/publications/in-oldenburgs-long-shadow.pdf, p. 22. Hay traducción catalana hecha por el CBUC: http://www.recercat.net/bitstream/handle/2072/9019/Traduccio14.pdf?sequence=1




diumenge, 8 de març del 2015

¿Quién paga la cena? Compras consorciadas y concentración editorial



En el post anterior hice una valoración positiva de las compras consorciadas que se iniciaron hace casi 20 años pero que se desarrollaron con toda su intensidad en la primera década de este siglo. Esto no quiere decir que la situación actual sea idílica.

Seguramente el problema principal sea hoy que estamos en una situación de estancamiento o impasse parecida a la que anunció K. Frazier. Mientras las compras consorciadas supusieron grandes incrementos en accesibilidad, y mientras se pudieron negociar en entornos de crecimiento económico, los Big Deals fueron acuerdos de gana-gana para todas las partes (lectores y autores, bibliotecas pagadoras y editoriales). 

Pero esta sensación de acuerdo beneficiosa para todas las partes ha ido difuminándose debido al entorno económico recesivo de los últimos años, a la creciente sensación de que la bibliografía científica debe ser accesible para todos, al incomodo producido por la imparable concentración de editoriales y a la distancia de la que quedan ya las mejoras mencionadas de las compras cooperativas.

A mi entender, el peor (pero no el único) de los problemas es que los precios continúan incrementándose por encima de lo que lo hacen los presupuestos. La inflexibilidad de los acuerdos conduce a una situación de ‘o lo tomas o lo dejas’ (es decir, o lo continúas tal como está o lo cancelas en su totalidad). Pero las revistas empaquetadas son tan importantes y, por su número, tan visibles, que los acuerdos tienden –en general- a renovarse, y esto se hace a menudo sacando dinero de las partidas con las que se pagaban suscripciones a revistas no empaquetadas y a monografías (1). Esta voluntad de las bibliotecas universitarias de ‘hacer las paces’ con los incrementos de las revistas supone una tendencia que prima las disciplinas científicas con respecto las de ciencias sociales y humanidades, ya que los precios de aquellas incrementan por encima del de estas.

La situación económica actual, de crisis o estancamiento de los países occidentales, ha hecho que las renovaciones anuales de los acuerdos consorciados sean cada vez más difíciles. A esto ha ayudado una condición subjetiva: la idea de que la información científica se paga dos veces, una para producirla y otra para leerla. A esta idea dedicaré el próximo BDig.

Como creo que las subjetividades influyen, debemos mencionar dos más: la de que la concentración de editoriales que se ha producido en los últimos 15 años es excesiva y contraria a los intereses académicos, y la de que los beneficios empresariales de las editoriales científicas comerciales son excesivos. Hoy hay cuatro grandes casas editoriales que publican alrededor de 2.000 de revistas cada una: Elsevier, Springer, Taylor & Francis y Wiley. Si a estas les sumamos algunas asociaciones profesionales (por ejemplo, la American Psychological Association – APA,  el Institute of Electrical and Electronics Engineers – IEEE, o la Royal Society of Chemistry - RSC) nos encontraremos que, en la mayor parte de las disciplinas académicas, el 70% de los artículos citados se concentra en no más de unas 20 editoriales (algunas comerciales; sin afán de lucro, las demás) (2).

¿Qué coste debería tener un acuerdo consorciado? La mayor parte de los acuerdos consorciados existentes tienen en su base la adición del gasto en revistas impresas que –previamente al acuerdo- el conjunto de bibliotecas gastaba en una editorial dada (3). El acuerdo se cierra añadiendo algún porcentaje a este ‘gasto previo o histórico’ para que una universidad tenga acceso a las revistas suscritas por los demás miembros del consorcio (‘acceso cruzado’) y otro para acceder a la totalidad de la colección. El gasto previo está también en la base de la mayoría de las fórmulas de distribución de costes entre los consorciados. En un acuerdo consorciado, el gasto previo es representativo de los que una universidad ha decidido gastar en una editorial y, por lo tanto, es un indicador que puede usarse para calcular tanto el precio como el importe de la aportación. Pero es evidente que, cuanto más se aleje el acuerdo en el tiempo, menos fiable es este indicador.

Las editoriales, por su parte, sufren también distorsiones debidas a haber basado los precios en el gasto previo. En bastantes casos, las editoriales publican a cuenta de sociedades a las que tienen que revertir beneficios, y este reparto tradicionalmente tenía como indicador claro las suscripciones, pero el valor de este indicador se debilita enormemente en una compra consorciada donde los usos de las revistas suscritas previamente –antes del acuerdo- pueden ser menores a los que provienen de las revistas agregadas. Algunas editoriales han intentado definir el valor de sus revistas (y, por lo tanto, de sus paquetes) de forma independiente al gasto previo, pero en el momento de querer implementar los nuevos modelos de precio, el gran obstáculo con que se encuentran es que nadie quiere pagar si el precio con el nuevo cálculo supera al precio ‘antiguo’ (ni la editorial está dispuesta a aplicar un precio más bajo que el actual si este es el resultado del nuevo modelo de precio). Algunas sociedades editoras están introduciendo nuevos modelos de precio (4), pero, de momento, la mayoría continúa moviéndose bajo el paradigma que permitió el nacimiento de los Big Deals: el gasto previo.

Es evidente que algunos de los problemas mencionados son nuevos y ‘digitales’, pero quiero destacar que algunos de ellos tienen algunos años y se fraguaron en la era de lo impreso. En los años 70 se acuño el término de ‘la crisis de las revistas’ (5) para referirse al hecho que el precio de las revistas se incrementaba por encima del IPC, canibalizando así los presupuestos dedicados a monografías. A los acuerdos consorciados se les ha atribuido erróneamente los males del incremento de coste de las revistas, pero los Big Deals no son ‘la causa’, aunque sí sean uno de los factores que intervienen en un enmarañado paisaje.

Notas:
(1)  Puede verse claramente en el gráfico de ARL  http://www.lib.berkeley.edu/photos/photos/original/ARL_Expenditure_Trends.jpg
(2)  Study on the economic and technical evolution of the scientific publication markets in Europe (Brussels: European Comission, 2005), p. 39. http://ec.europa.eu/research/science-society/pdf/scientific-publication-study_en.pdf
(3)  Anglada i de Ferrer, Lluís M.; Comellas, Núria (2002), What’s fair? Pricing models in the electronic era, en: Library Management, vol. 23, n. 4/5, p. 227-233, http://www.emeraldinsight.com/0143-5124.htm. Hay versión castellana de 2002: «¿Qué es justo? : modelos de precios en la era electrónica», en: BiD: textos universitaris de biblioteconomia i documentació, juny, núm. 8. http://bid.ub.edu/08angla2.htm  
(4)  Por ejemplo, la American Chemical Society, está desde hace unos años aplicando un modelo de precio donde este es independiente de las suscripciones anteriores y se relaciona en cambio con el nivel que la asociación asigna a la institución suscriptora. Pero esta aplicación de un modelo de precio independiente del pasado no está exenta de polémica (ver, por ejemplo: el post de Jenica Rogers (2012), Walking away from the american chemical society, en: Attempting Elegance, 12 september,  http://www.attemptingelegance.com/?p=1765 . La Royal Society of Chemistry – RSC está intentando introducir un Nuevo modelo de precio independiente del pasado, en este caso intenta solucionar los problemas de la transición combinando el nuevo precio con bonos APC para publicar en abierto.
(5)  El termino ha encontrado su lugar en la Wikipedia, ver: http://en.wikipedia.org/wiki/Serials_crisis


diumenge, 14 de març del 2010

Valor de les revistes e- (per a les universitats)

Fa alguns dies em vaig llegir E-journals: their use, value and impact estudi fet per la RIN i per CIBER (entitats de les que hem parlat aquí) i en el que hi ha intervingut (entre d’altres) David Nicholas i Michael Jubb, als que hem tingut a Barcelona en els darrers mesos.

La despesa de les universitats del Regne Unit en revistes e- el 2006-07 van ser de 79,8Mde GBP (equivalent avui a 88M €) i la despesa total en revistes de 112,7M GBP (equivalents al canvi avui a 124M €). A Espanya les universitats deuen gastar-se uns 60M € en revistes (en el moment d’escriure això, les estadístiques de Rebiun no són accessibles). Amb xifres com les esmentades, val la pena preguntar-se (com fan els autors de l’estudi) sobre l’ús el valor i l’impacte de les revistes sobre la comunitat universitària.

L’estudi no és llarg (49 p.) i està fet de resultats a algunes preguntes, resultats que s’il·lustren amb gràfiques, ergo, es llegeix amb facilitat. Algunes dades interessants:

  • La comunitat universitària del Regne Unit es va descarregar uns 102M d’articles el 2006-07 (a un cost per baixada d’article de 0,9€)
  • L’increment d’ús de revistes e- ha estat d’un 21% els darrers anys
  • L’ús de les revistes NO es correlaciona amb les dimensions de la universitat (i sí amb l'orientació cap a la recerca de la institució, vegeu més avall)
  • La major part dels usos de revistes prové de Google (i no de les plataformes dels editors)
  • Hi ha usos significatius de les revistes e- en horaris no laborals durant la setmana i durant els caps de setmana
  • Hi ha evidència de que el comportament respecte l’ús de revistes varia segons l’àmbit d’especialització
  • La ‘edat’ dels articles usats varia també segons les especialitats
  • La conducta dels investigadors a institucions destacades en recerca es comporten diferent respecte la lectura d’articles que els altres investigadors: llegeixen més revistes de les que puntuen alt a la llista de les revites amb major factor d’impacte.

AL meu entendre, la dada més important de l’estudi (i només aquesta el justificaria) és que hi ha correlació entre l’ús de revistes e- i la producció de recerca (el nombre d’articles produïts).

A Catalunya tenim importants estudis sobre ús de revistes a les universitats fets per l’equip dels Drs. Borrego, Ollé i Urbano.

No està de més repassar-los.

dilluns, 27 de juliol del 2009

Com seran les revistes del futur?

La dècada dels 90 va estar plena de prediccions de com serien les revistes del futur, quan fossin totes digitals i no estiguessin lligades als paradigmes de l’era impresa sota els quals van néixer. Totes les prediccions (o quasi totes) tenien sentit, però cap (o quasi cap) es van complir. L’eclosió de l’ús de les revistes digitals s’ha fet aquesta primera dècada del S. XXI i ha estat en base una innovació més econòmica que tecnològica: la compra consorciada ha canviat l’univers de l’estudiós que ha passat de disposar-ne unes quantes a tenir-les quasi totes a l’abast.

Les revistes es consulten més en pdf que en html (malgrat l’ús d’enllaços que permet aquest darrer) i les revistes continuen essent agrupacions d’articles redactats de forma seqüencial que surten en una periodicitat predeterminada.

No sempre serà així, segur. Quins seran els canvis i quan s’esdevindran continuarà essent motiu de literatura.

De moment, aquest final de juliol en porta dues noticies que poden significar alguna canvi significatiu, el primer (potser) com a cant de difunts de la revista impresa i el segon (potser) com a preludi del naixement de la revista autènticament digital.

Del primer me n’assabento per una informació que fa circular l’inesgotable Tomàs Baiget i té per protagonista l’ACS. L’American Chemical Society (ACS) és una de les editorials científiques més prestigioses malgrat els títols que publica són una trentena i estan lluny dels prop de dos milers de Elsevier, Wiley o Taylor&Francis. Les publicacions de l’ACS són indispensables per tothom qui vulgui estar al dia en investigació química i han suposat a la societat grans beneficis econòmics que no han pas disminuït en l’era digital. L’ACS, malgrat ser una societat sense afany de lucre –juntament amb la IEEE- una de les polítiques econòmiques més agressives de les editorials científiques actuals.

En una nota de premsa de 17 de juliol, l’ACS anuncia canvis importants en la publicació de les seves revistes. En resum, i com intent de potser deixar d’imprimir les revistes, de forma immediata 33 dels seus 36 títols de revistes seguiran imprimint-se en paper, però en un format condensat en el que cada 2 pàgines tradicionals passaran a ser 1 pàgina apaisada. El format condensat ja és el que molts investigadors solen triar per imprimir articles en pdf, per estalviar costos d'impressora i paper, i per a que ocupi menys.

Del segon me n’informa en Joan i es refereix en aquest cas a Elsevier. Aquesta és de ben segur la principal empresa editora de revistes científiques i ha estat citada sovint com a exemple dels guanys que algunes empreses poden treure de la gestió i difusió del coneixement. Elsevier ja era una editorial gran i ho va ser més amb la compra de petites editorials entre les quals Academic Press. Es va fer gran editant revistes i ara aposta fort per l’edició de llibres e- i amb Scopus,

una alternativa al monopoli del Web of Science de l’ISI.

En una nota de premsa de 20 de juliol, Elsevier anuncia el naixement dels “articles del futur”.

L’article del futur és el nom d’un projecte que vol redefinir la forma dels articles científics electrònics i aprofitar al màxim les capacitats del món digital. Diu la nota que la característica clau dels prototips és que ja no es fa una presentació seqüencial del text sinó jeràrquica. Això permet que els lectors puguin accedir al contingut de la informació per allà on pugui interessar-los més. Altres novetats (que poden veure’s a Cell beta prototypes) serien, entre altres: un resum gràfic de l’article, uns titulars que ressalten els resultats clau de l’article, integració d’àudio i vídeo, una secció que dóna els detalls que permeten replicar l’experiment...

Sobre prediccions però, dir que la meva passió per l’imprès em va fer recollir fa uns dies la publicació de F.W. Lancaster “La publicació electrònica en xarxa dels resultats de la recerca acadèmica” (edició de l’Escola de Biblioteconomia i Documentació de 1995). El fulletó exposa els resultats d’un estudi del professor Lancaster en el que preguntava als directors de biblioteques universitàries i a responsables de la política de recerca de les universitats sobre les possibilitats de que les universitats recuperessin el control de l’edició científica gràcies a les possibilitats de la xarxa informàtica (en resum, el que ara estem fent una mica tots). La conclusió és que els administradors acadèmics de moment no consideren que la comunitat acadèmica estigui ben equipada per dur a la pràctica una empresa d’aquesta mena i que no donarien gaire prioritat en l’adjudicació de recursos per fer-la possible.

Ho deia al començament. Que hi haurà canvis, segur! Quins i quan s’esdevindran, aquesta és la qüestió.

p.d. Dedicat a en Carles que m’envia notícies des de la seva nova feina.

diumenge, 11 de gener del 2009

Instruments digitals per a la comunicació científica

Abans els dèiem savis, ara científics, però ara i abans, les persones que es dediquen a generar nous coneixements necessiten instruments per estar al dia del que altres fan i per intercanviar-se opinions i descobriments. Les revistes i en menor grau les monografies han estat els grans instruments de la comunicació científica en el paradigma del imprès. Les facilitats i capacitats de la xarxa digital per editar i accedir a informació farien esperable que sorgissin nous instruments de comunicació per als que dediquen a l’estudi i a la recerca.

Per descobrir si això era així i en quin grau, l’Association of Research Libraries (ARL) va encarregar a Ithaka l’estudi Current Models of Digital Scholarly Communication . Aquest, signat per Nancy L. Maron i K. Kirby Smith, és el resultat d’una petita investigació destinada a detectar recursos en línia nascuts digitals que fossin de valor pels recercaires i que poguessin considerar-se innovadors. L’estudi ha estat fet en base el treball voluntari d’uns 300 bibliotecaris temàtics de 46 institucions acadèmiques dels EUA i Canada.

Els recursos que els editors van considerar que reunien totes aquestes característiques estan recollits en una base de dades i donen una idea general de quin és l’estat de l’art de les eines digitals de la comunicació científica. Els editors els agrupen en categories i de cada una n’expliquen: com els científics usen els recursos del grup, quins criteris s’usen per seleccionar continguts, les innovacions més destacades, alguns exemples i les estratègies de sostenibilitat financera que usen.

Les categories sota les quals s’agrupen els recursos són les següents:

  • Revistes e-, algunes de les quals permeten fer comentaris als articles que publiquen mentre que altres publiquen els articles així que els reben. Algunes revistes (com ara Journal of Visualized Experiments) inclouen material multimèdia i vídeo articles. En el nostre àmbit s’hi inclouria D-Lib Magazine.

  • Ressenyes d’obres acadèmiques que analitzen i sumaritzen els arguments i troballes de monografies i estudis erudits. L’estudi cita com exemple Bryn Mawr Classical Reviewi en el nostre camp suposo que podria incloure-s’hi Current cites.

  • Dipòsits de preprints i ‘working papers’ com el Social Scence Research Network amb quasi 200.000 working papers, o ArXiv, amb 490.000, o, en el nostre camp E-LIS.

  • Enciclopedies, diccionaris i contingut anotat, un àmbit especialment apte pels instruments nous fets amb cooperació i entre els quals destaca la Stanford Encyclopedia of Philosophy.

  • Arxius de dades, potser una de les categories més prometedores, on hi podem trobar arxius fets de forma cooperativa com eBird, un projecte comunitari en el que els observadors d’ocells dipositen les seves dades per a que puguin ser compartides pels demés.

  • Blogs, que en el camp científic serien com una forma nova de les ja tradicionals llistes de discussions i fòrums de debat, que potser van ser el més nou dels instruments nascuts d’Internet. L’informe posa com exemple PEA Soup un blog col·lectiu per a debatre temes de filosofia i ètica.

  • Portals d’associacions professionals o científiques, com a darrer grup de recursos, que serien llocs en els que s’acumulen recursos de múltiples tipus sobre una mateixa temàtica. Com a exemple l’informe destaca el Alzheimer Research Forum que inclou tant un instrument de cerca a PubMed Central, com papers originals, novetats, revisions de congressos, anuncis de beques i de llocs de treball... Aquest portal té un fòrum anomenat ‘factoria d’hipòtesis’ on es poden dipositar idees i fer comentaris a les d’altra gent.

Les conclusions o troballes de l’estudi són:

  • Mentre que algunes formes de recursos digitals semblen ser més propis d’unes disciplines científiques que d’altres, la innovació digital té lloc arreu.
  • Malgrat la innovació en la forma, els instruments de comunicació científica digitals continuen usant els vells instruments de qualitat (revisió per parells).
  • Els recursos amb més impacte són també els que fa més temps que existeixen.
  • Mentre que alguns recursos són per a audiències molt amples, els recursos digitals, degut a que poden ser fets amb costos baixos, moltes vegades s’adrecen a grups petits o a nínxols.
  • La incorporació de multimèdia i d’innovacions que en podríem dir web són les que estant fent aparèixer instruments realment nous, que no tenen correlat en el domini de l’imprès.
  • La darrera (i potser la més important): per a tots els tipus de nous instruments, sigui quin sigui la seva mida, el gran repte és la seva sostenibilitat financera

Dos comentaris personals:

  1. La xarxa i la informació digital han obert camins nous per la comunicació científica, però no ha resolt encara dos problemes que es presenten de forma persistent amb cada innovació: la preservació i la sostenibilitat econòmica. Aquesta darrera és poc important en empreses ‘petites’ (a fi de comptes, moltes revistes impreses han estat possibles pels esforços voluntaris i no remunerats dels seus creadors), però comença a pesar quan el projecte es fa gran (el directori DOAJ està recollint contribucions per poder sostenir-se i la revista Dlib ha fet una enquesta entre els seus lector per temptejar formes de finançament).
  2. Les categories de l’estudi mostren les múltiples possibilitats que la xarxa presenta al bibliotecari en el seu rol d’editor o de soci en el procés de comunicació científica. Moltes experiències editorials en el món paper nascudes a les universitats, van acabar anant a parar en mans d’editorials privades justament perquè el paper dels professors i dels científics no és el de fer d’editors. Els bibliotecaris podem fer-ne, tenim les característiques i les aptituds que es requereixen i estem en el lloc i en el moment oportuns. Cal veure si sabrem aprofitar aquest a oportunitat.
I la foto? Res a veure amb el que comento, però és de My blueberry nights, la darrera pel·lícula de Wong Kar Wai (el de In the mood for love i de 2046) de la que en Ferran agudament en comenta que és molt oriental en el fons essent molt nordamericana en la forma. La protagonista tanca la pel·li observant que algunes distàncies curtes són, malgrat tot, molt difícils de creuar i que algunes decisions necessiten el seu temps. Com la transició del imprès al digital, no?

diumenge, 14 de desembre del 2008

El comportament lector dels investigadors

Carol Tenopir i Donald W. King fa temps que estudien el comportament dels investigadors respecte la lectura d’articles. Des del 1977, més o menys cada 5 anys, els autors passen el mateix qüestionari (amb lleugeres modificacions degudes als canvis tecnològics) a investigadors de diferents àmbits per tal de conèixer els seus comportaments. Com que la primera norma del màrketing és conèixer els teus usuaris, crec que seguir de prop els resultats dels estudis de Tenopir i King és obligatori.

Al darrer D-Lib Magazine (vol. 14, November/December 2008, núm. 11/12) s’hi publica un breu article que permet posar-se al dia en aquests resultats i que porta per títol: Electronic Journals and Changes in Scholarly Article Seeking and Reading Patterns. L’article dóna dos tipus d’informació: sobre l’evolució del comportament dels investigadors respecte la lectura i sobre les pautes de comportament present derivades de la situació actual de les eines de cerca.

Evolució del comportament lector dels recercaires entre 1977 i 2005:

  • Els científics han incrementat de forma substancial el nombre d’articles que llegeixen. El 2005 es llegia el doble d’articles respecte 1977, però com que la producció científica ha augmentat, els científics, encara que llegeixin el doble, estan llegint el mateix percentatge de literatura del seu àmbit que abans. El temps de lectura per article ha passat dels 48 minuts el 1977 a 31 minuts el 2005.
  • La importància del fulleig ha baixat i la de la cerca i lectura a partir de citacions ha pujat. Aquest resultat potser no sigui bo, però sembla lògic. El científic avui és menys dependent de fer un seguiment estret a algunes revistes determinades i dels butlletins de sumaris i, en canvi pot usar eines de cerca que li permeten interrogar un gran nombre de títols de revistes i navegar a través de les citacions de les revistes electròniques. El 1977 el 58,% d’articles llegits eren trobat per fulleig, el 2005 el percentatge era el 33,9%; el 1977 un 6,7% d’articles es trobaven a partir de citacions, el 2005 un 14,9%; el 1977 l’11,1% d’articles llegits provenien de cerques, el 2005 un 28%.
  • La biblioteca és una font de lectura molt més important per al científics el 2005 que el que era el 1977. En aquesta data, un 60% dels articles llegits procedia de subscripcions personals i un 24,6% de subscripcions de la biblioteca. El 2005 els percentatges són 22,6% i 62%. És a dir, la biblioteca és una font d’informació molt més important per a l’investigador del que era abans. Una altra cosa és que el investigador sigui conscient de que molts dels articles que consulta de forma digital li són proporcionats per subscripcions consorciades de la biblioteca.
  • Es lleeixen més articles: el 1977 el promig d’articles llegit era de 150 i el 2005 de 280. Les fonts de les lectures són més àmplies: el 1977 els articles provenien de mitjana de 13 títols de revistes mentre que el 2005 aquests eren 33. Els articles el 2005 eren llegits aproximadament la meitat en paper la meitat en e, però la relació paper/e- era del 80/20 pel que fa a les subscripcions personals mentre passava al 23/77 per les lectures de revistes subscrites per la biblioteca.
  • L’edat dels articles llegits sembla bastant estable tot i que la facilitat d’accés dels backfiles en format digital ha fet que s’hagi incrementat la lectura d’articles ‘vells’. L’edat mitja dels articles citats varia per disciplines i va dels 4,6 anys en física, als 15 de la matemàtica, als 11,9 de les ciències socials passant pels 7,4 de l’enginyeria.

Pautes actuals de lectura i de citació:

  • Un article recent de James Evans a Science ("Electronic Publication and the Narrowing of Science and Scholarship." Science 321, no. 5887 (2008): 395-99) fet en base analitzar les citacions de prop de 34 milions d’articles mostra que a major disponibilitat digital d’una revista, menys probable és que els articles d’aquesta revista siguin citats.
  • Aquest fenomen, que sembla paradoxal, és atribuït per Evans al fet que els comportaments de lectura i els de citació, amb les eines de recerca actuals, difereixen i les revistes e- han comportat que els models de la citació científica siguin ara més estrets que abans.
  • L’article de Tenopir i King que estem resumint avalaria aquests resultats de que els professors llegeixen més articles que abans. La lectura d’articles té molts propòsits a més a més de la recerca: estar al dia i ensenyar, mentre que la citació d’articles pot estar condicionada per la pressió dels parells de citar allò que altres ja han citat, cosa que disminuiria el ventall d’articles citats.

Tres comentaris:

  1. Encara que no és científic, la meva experiència personal respecte la lectura d’articles donaria bastant la raó als estudis de Tenopir & King: llegeixo més, llegeixo de forma més dispersa, la meva dependència de les subscripcions consorciades de la biblioteca és major. La probabilitat de que llegeixi un article depèn de la facilitat d’accés del mateix (és a dir, de que estigui en accés lliure al meu abast).
  2. Les biblioteques no traiem prou profit de que avui la dependència dels investigadors de les revistes contractades (consorciadament) per la biblioteca és molt alta. Acomplexat com estem des de sempre, no hem exhibit suficientment com hem millorar la vida dels investigadors des del punt de vista de la lectura d’articles. Com que l’enorme increment d’accessibilitat d’aquest prové d’un mecanisme comercial (la compra consorciada) i això sembla poc científic, en s n’estem de parlar-ne. Error
  3. Que be estaria tenir un estudi fet aquí que ens permetés saber si la conducta dels recercaires catalans s’assembla o difereix (i en què) del que han estudiat Tenopir i King!

p.d. No em resisteixo a citar la revisió de literatura sobre usos d’informació e- de Carol Tenopir: Use and users of electronic library resources: an overview and analysis of recent research studieswww.clir.org/pubs/reports/pub120/pub120.pdfpublicat pel Council on Library and Information Resources, l’agost del 2003. Una mica vell ja, però exemplar per com es presenten les dades i de com la feina acadèmica pot ser de gran utilitat pels bibliotecaris de peu.