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diumenge, 30 d’octubre del 2016

"Aquí hi haurà taules per estudiar"



Això és el que diu el cartell que està a la biblioteca central de la Universitat de Estocolm. El cartell està al mig d’un espai de la biblioteca actualment buit de mobles i que –presumiblement- estava ocupat per prestatges amb llibres impresos.

Sóc d’una generació que no va tenir moltes facilitats per estudiar a casa. Molts companys havien d’esperar que s’acabés de sopar per poder desplegar llibres i apunts a la taula del menjador. Segurament per això molta gent de la meva generació, que van veure com el nivell de vida pujava (i el nombre de fills baixava), van pensar que les biblioteques no s’omplirien de persones per estudiar, perquè això –ara-  ja ho podien fer a casa.  

Malgrat tot, cada biblioteca nova que s’ha fet ha acabat plena de persones que decideixen passar-hi les estones que tenen per estudiar. Això ha estat així mentre fèiem biblioteques per encabir-hi persones, però, sobretot llibres, els llibres que abans la misèria del país no havia permès comprar. Ara totes les universitats tenen grans i noves biblioteques. Plenes de llibres i amb gent que vol encabir-s’hi per concentrar-se, per reposar, per estudiar, per fer-hi feina...

La migració al digital -que està quasi completada pel que fa a les revistes i tot just iniciada pel que fa als llibres-  no farà més que reduir les necessitats de les biblioteques de tenir exemplars físics dins les seves parets. Això, però, no redueix la necessitat de biblioteques amb parets: biblioteques per a persones que remenen informació i que volen aprendre. Aquesta ha estat sempre la funció de les biblioteques: ajudar a la gent en el seu procés d’adquirir informació i de formar-se un pensament propi.

Per complir la seva missió, les biblioteques en el passat van prioritzar la recollida d’informació (que era escassa i difícil de trobar). Ara (amb informació abundant i a la punta dels dits d’una tablet) la prioritat és la transformació dels espais de cara a facilitar l’estudi, el treball en grup i l’adquisició de nous coneixements.  

La meva filla enguany ha començat a la universitat i no va a la biblioteca. Quan té una estona perduda i vol aprofitar el temps va a un altre espai de la facultat on “hi ha taules més grans i endolls”. Tenim, doncs, per endavant, la feina de transformar el que van ser biblioteques per a llibres en biblioteques per a persones.

  

dilluns, 20 de juny del 2016

La salud de las bibliotecas universitarias y las de la UAB como ejemplo


Ejemplarmente el Servei de Biblioteques de la UAB viene publicando memorias anuales desde el año 1987. Digo ejemplarmente porqué esto es transparencia antes de la ley de la transparencia y porqué –por desgracia- es un ejemplo que no ha cundido. Para los interesados en el paso del tiempo vean la del 1987 realizada de forma mecanografiada, la única manera de redactar documentos antes que los PCs llegaran a ser instrumentos de trabajo cuotidianos.

Las memorias son un ejercicio de ‘accountability’ o rendimiento de cuentas que, a mi entender, es básico y, por lo tanto, previo a otras expresiones de rendimiento de cuentas y de mejoramiento por la calidad (llámense estas ISO, planificación estratégica, FQM). La calidad es lo perseguido, pero la calidad sin datos es un ejercicio estéril.

Las memorias permiten ver la evolución de los servicios prestados y deducir, a partir de estos datos, hasta qué punto una biblioteca cumple con sus finalidades, hasta qué punto es efectiva, qué servicios van a la baja, cuáles emergen… Permiten saber el grado de salud de una biblioteca y, por extensión, de las de su tipo. En este sentido, las bibliotecas de la UAB son un ejemplo bastante ideal. La UAB es una universidad relativamente nueva (fundada el 1968), que ocupa las primeras posiciones en cualquier ranking, que ha contado desde siempre con un buen equipo de profesionales  y que ha dedicado importantes recursos a sus bibliotecas y a proporcionar servicios bibliotecarios.

Veamos la salud de las bibliotecas de la UAB y, por extensión, la del resto de universitarias. Que la información digital esté construyéndose como realidad prevalente no debe hacernos olvidar que algunos servicios básicos de las bibliotecas se están proporcionando a partir de los recursos clásicos de los espacios y las colecciones. Empecemos por aquí.

El gran momento para hacer nuevas bibliotecas fue la década de los 90 del siglo pasado. La UAB tenía 26.760m2 el año 2000, llegó a los 35.000 en el 2006 y tiene 36.615m2 ahora. Sin casi crecimiento en los últimos años, a pesar de tener proyectos de nuevos edificios. La conclusión me parece clara: a las universidades que o las hicieron en su momento les va a ser muy difícil hacer bibliotecas nuevas.

Las compras de libros han bajado drásticamente debido a la crisis. Las bibliotecas de la UAB estuvieron comprando entre 15 y 19.000 monografías al año entre el 1994 y 2010. Las compras pasaron a unas 11.000 en 2011, unas 9.000 en 2013 y a 6.374 en 2015. Mirémoslo por el lado que queramos: esto supone una merma muy grade en la capacidad de las bibliotecas de proporcionar información relevante a sus usuarios.

Las revistas vivas han pasado de 12.809 el año 2000, a 21.537 en 2006 y 30.307 en 2015. Esto no puede entenderse al margen del nuevo modelo de compras de las revistas por paquetes a través de consorcios. Las compras de revistas por paquetes ha sido bastante denostada pero creo que es innegable que ha ampliado considerablemente el acceso que las bibliotecas ofrecen a sus usuarios y a la valoración (altamente positiva) qué hacen estos de las bibliotecas.

Los usuarios presenciales llegaron a su máximo en 1998 (más de 4,5 millones), pero desde entonces, aunque lentamente, no han dejado de descender: 4M en 2001, casi 3,8 en 2006, poco más de los 3 en 2013 y 2,9 en 2015. El descenso de libros en sala es mucho más drástica: de los 709.000 en 2006 a 197.497 en 2015. A mi entender esto resucitará pronto un debate que ya tuvo lugar en los 90: ¿para qué hacer bibliotecas si a ellas la gente no va para usar los documentos que allí se encuentran? Paralelamente hay usos de documentos digitales (libros, BBDD y libros). Los usos –evidentemente- crecen, pero son datos aún difíciles de interpretar. El crecimiento de artículos recuperados (de casi 1,4M en 1006 a poco más de 1,6M en 2015) me parece preocupantemente bajo. El préstamo ‘in situ’ se reduce ligeramente (de 529.896 en 2006 a 454.426 en 2015), pero a éste se le debe sumar el préstamo consorciado (unos 15.000 en 2015)  

La estructura de la memoria de las bibliotecas de la UAB no destaca suficientemente el giro de las bibliotecas universitarias hacia lo digital, pero las casi 20 p de la memoria dedicadas a este tema indican los esfuerzos dedicados al mismo. No hace mucho más de 10 años que las bibliotecas universitarias se dedican a recoger en formato digital documentos de todo tipo producidos en su institución. A las colecciones físicas debemos sumarles las electrónicas almacenadas ya no en los estantes de las bibliotecas físicas sino en los repositorios digitales.

El repositorio institucional de la UAB –el DDD- llegó a los casi 50.000 documentos en 2009, sobrepasó los 100.000 en 2013 y tenía 132.715 a finales de 2015. El ritmo de crecimiento decrece pero el de consultas se mantiene y substituye en parte las consultas de documentos en sala (muy interesante, por cierto, a tipología de documentos que se encuentra en la p. 54).  

La memoria recoge aun de forma tímida un conjunto de servicios que las bibliotecas de las universidades han empezado a prestar de forma decidida para dar apoyo a la investigación. Quizá las bibliotecas de la UAB no sean las más avanzadas de España en este giro en sus servicios, pero este es en parte el problema de los servicios emergentes: que cuestan verse.



  

diumenge, 10 d’abril del 2016

Rankings ¿Será que el no estar es el principio del no ser?



Un ranking es una fórmula polinómica en la que diferentes aspectos se ponderan para dar como resultado una clasificación que ordena del mejor al peor una lista de elementos. Los hay de jugadores de tenis i de universidades, y su valor, no por mediático, no es nada despreciable.

Con el título de ¿Cuáles son las mejores y las peores universidades de España? El Mundo publicaba hace unos días el U-Ranking (Indicadores Sintéticos del Sistema Universitario Español) 2016, elaborado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) y la Fundación BBVA. Para el caso que nos trae, la clasificación final no importa y sí bastante más los elementos elegidos para realizar la clasificación.

En la metodología del U-Ranking se eligen indicadores para evaluar la actividad docente, investigadora y de innovación y desarrollo tecnológico de las universidades (la combinación de los resultados de estos tres ámbitos es lo que da el resultado final). Para cada uno de estos tres ámbitos se consideran cuatro grupos de indicadores: Recursos, Producción obtenida, Calidad e Internacionalización de las actividades. Se usan 31 indicadores entre los cuales ninguno se refiere a la biblioteca.

Durante toda la 2ª mitad del S XX, cantidad fue sinónimo de calidad, por lo que a las bibliotecas se refiere. Y el tamaño (= calidad) de las bibliotecas era un elemento constante entre los elegidos para analizar y fijar la calidad de las universidades.  En 1990, la ALA publicó el libro de Nancy A. Van House, Beth T. Weil y Charles R. McClure 'Measuring academic lib performance: a practical approach', libro que proponía dejar de lado los tradicionales indicadores de recursos pasivos (inputs) para pasar a tener en cuenta los servicios prestados (outputs) y la satisfacción del Usuario. Hay un buen artículo en el que se pueden apreciar los vaivenes de la evaluación de la calidad en las bibliotecas universitarias en España entre 1994 y 2006.

Por muy de acuerdo que uno pueda estar en que cantidad no es calidad, lo cierto es que la evolución de los criterios de calidad, así como la enorme disrupción que ha supuesto la información electrónica, han dejado a las bibliotecas fuera de los rankings universitarios. Es significativo que la bibliografía profesional norte-americana haya dejado de hablar de ‘evaluación’ y –desde de la aparición del influyente libro de Megan Oakleaf- hable cada vez más de ‘valor’.

En lo que se refiere a bibliotecas universitarias, los estudios norte-americanos se están centrando en encontrar evidencias empíricas que muestren la contribución de la biblioteca para conseguir las metas de la universidad, el éxito académico de los estudiantes, o para aumentar los resultados de retención de matriculados. Paralelamente, las bibliotecas públicas han dedicado esfuerzos importantes en mostrar el valor económico de las bibliotecas.

Sea la que sea la evolución del concepto de calidad en bibliotecas, lo cierto es que, entre tanta incertidumbre y cambio, los principales rankings de universidades no usan ningún indicador de biblioteca o de servicios bibliotecarios. Dada la importancia creciente de los rankings para las universidades, uno se pregunta hasta qué punto es significativa esta desaparición de indicadores bibliotecarios en la medición de la calidad de las universidades. ¿Será que el no estar es el principio del no ser?



diumenge, 10 de gener del 2016

Humanidades digitales: una nueva oportunidad




A mediados de los 80 las universidades empezaron a ofrecer servicios de acceso remoto a bases de datos (tele-documentación se le llamaba a esto entonces). Ahora nos parece que el lugar lógico donde establecer estos servicios era la biblioteca, pero en aquel momento no fue así. La tele-documentación tenía un componente tecnológico notable y la imagen dominante de la biblioteca era la de ua colección de libros, y así fue como, muchas veces, el servicio se inició fuera de la misma.

La tecnología es apasionante, lo suficientemente apasionante como para olvidar que es un medio para conseguir cosas. La tele-documentación (virtual) podía haber sido dejada de lado por las bibliotecas universitarias  que estaban viviendo entonces momentos de crecimiento en el mundo de lo real (más edificios, más libros y revistas, más persona). Pero no fue así, las bibliotecas universitarias lucharon por incorporarla a su catálogo de servicios por considerar que hacerlo era una manera de cumplir su misión.

Pongo lo dicho como ejemplo en un momento en que los desarrollos tecnológicos progresan más que nunca y en el que parecen estar –por tecnológicos- alejados de la biblioteca (tradicional). Pero las bibliotecas universitarias en las últimas décadas han sabido defender sus bases (las colecciones impresas) a la vez que introducían tecnología para mejorar sus servicios.

Si bien muchas tecnologías han podido integrarse en lo existente sin cambiarlo, Internet es disruptiva, es decir, modifica sustancialmente lo antiguo (a veces hasta hacerlo desaparecer). Gestionar bibliotecas es cabalgar la tecnología (hacer de jinete, no de palafrenero) admitiendo que el caballo romperá alguna cosa a la que teníamos cariño, pero con el convencimiento que la carrera nos permitirá llegar mejor al destino.

En los años 90, intuyendo un cambio de época, las bibliotecas universitarias empezaron a reorganizar los espacios para dar más centralidad al usuario (en detrimento de la que habían obtenido las colecciones). No diré que el cambio esté culminado, pero la evolución de los edificios se ha hecho (se está haciendo) con visión, anticipación y gradualmente.

En la 1ª década de este siglo, las bibliotecas universitarias se adhirieron desde el principio a los movimientos para facilitar el Acceso Abierto. Como en su momento para con la tele-documentación, crear y alimentar repositorios pasó a ser considerado central por las bibliotecas (al margen de su componente tecnológico). Al mismo tiempo empezó una importante reorientación hacia la investigación con la creación de bibliotecarios 'incrustados', el apoyo a la publicación científica en abierto, a la visibilidad de la investigación, etc.

En los años más recientes ha sido la investigación la que está centrado los esfuerzos de las bibliotecas universitarias para resituarse en este panorama convulso. Las principales bibliotecas (ver la posición de LIBER al respecto) están reorganizándose para mejorar el soporte que están dando a las nuevas infraestructuras y nuevas formas de la comunicación científica y, concretamente, a los datos generados en la investigación.

Las humanidades digitales son el nuevo episodio de esta búsqueda incesante de las bibliotecas universitarias para resituarse. Pero, a diferencia de otras novedades, las humanidades digitales (= las ciencias humanas y sociales usando tecnología) caen menos lejos de las bibliotecas que otras cosas. Al fin y al cabo, las bibliotecas y los archivos han estado siempre cerca de los humanistas. 

Se presenta pues una nueva oportunidad, una oportunidad para las bibliotecas de continuar cumpliendo su tradicional misión con nuevos instrumentos.






diumenge, 5 de juliol del 2015

La inevitable inutilidad de lo invisible



La CRUE acaba de publicar “La Universidad Española en cifras
2013-2014”, informe que firman Juan Hernández Armenteros y José Antonio Pérez García. La publicación una síntesis ofrece de datos del sistema universitario español expresados en indicadores agrupados en los capítulos siguientes:
1.    Demanda de enseñanza universitaria
2.    Precios, becas y ayudas al estudio universitario
3.    Oferta de enseñanzas universitarias
4.    Recursos [financieros] del sistema universitario
5.    Resultados (docentes y en investigación)

Supongo que en una publicación de este tipi es inevitable que no esté todo lo que uno esperaría encontrar, pero no deja de sorprenderme la ausencia total de indicadores referentes a biblioteca.

Las bibliotecas están incrementando su invisibilidad de forma peligrosa. Los edificios son usados igual o más que nunca, pero ya no por los profesores y éstos usan la información que contratan y organizan las bibliotecas, pero les fluye de ‘internet’ sin que perciban que la biblioteca es el intermediario.

El informe da datos de producción, no de recursos, y esta es la tendencia. La fortaleza consolidada de las bibliotecas se basó en los pasivos (metros cuadrados y libros), y, en los últimos años, los intereses de los gestores de la enseñanza y de la sociedad se han desplazado hacia los beneficios producidos por estos recursos.

Nuestro colegas norte-americanos hace algunos años que están orientando los esfuerzos de su asociación profesional a mostrar el valor dela bibliotecas y la asociación europea LIBER acaba de decidir crear un grupo de trabajo dedicado a métricas.

A medida que el libro impreso deje de estar teñido del valor romántico que le conferimos en el pasado, la biblioteca decaerá también en valor a no ser que sepamos mostrar lo que esta aporta a la universidad.


No sé si es lamentable, pero sí que es inevitable que lo invisible acabe percibido como inútil.

dimarts, 7 de maig del 2013

Más de MOOCs: inquietantes y consistentes






Los MOOCs y las universidades

Los MOOCs estén siendo un revulsivo para las universidades a pesar de la sagaz constatación de Bill Gates que los MOOCs reemplazaran a los manuales, no a las universidades. Esto es debido, en buena parte, a elementos propios del contexto en el que se mueve la educación universitaria en los Estados Unidos de Norte América. El precio medio para obtener un grado universitario es de 100.000$ y un porcentaje del 57% de personas creen que el valor que ofrecen es bajo (Carr, 2013). La educación superior es el sector que ha experimentado mayores incrementos de costes en los últimos años en los EUA y una parte muy importante de la deuda privada estadounidense se encuentra en préstamos familiares para hacer frente a los gastos de la enseñanza universitaria. Algunos autores advierten que el fenómeno no puede entenderse sin la referencia del contexto socio económico de las universidades estadounidenses (Epelboin, 2013),

A pesar de las muchas décadas de experiencia con la enseñanza a distancia, el concepto de MOOCs aparece por primera vez en 2008 cuándo un curso en línea diseñado para treinta y cinco estudiantes se abre para que pueda seguirlo quien quiera (sin pagar y sin obtener certificado) y es seguido por 2.300 personas (Yuan y Powell, 2013). Las principales plataformas surgen de universidades de prestigio (como el caso de edX impulsada por el MIT y la universidad de Harvard) o se han puesto en funcionamiento como empresas comerciales (como es el caso de Coursera o Udacity). En el ámbito hispanohablante, diversas entidades entre las cuales se encuentra Universia, han creado miríadaX como “plataforma … de cualquiera de las universidades iberoamericanas que conforman la Red Universia en la que poder crear e impartir Cursos Online Masivos en Abierto (más conocidos como MOOC's)”.

La mezcla de compañías de inversionistas con universidades centenarias en la financiación de las plataformas de MOOCs ha suscitado debate sobre las finalidades perseguidas. Además de ser una posible fuente de negocio, los cursos masivos son vistos como instrumentos para extender los beneficios de la educación superior a capas de la población que normalmente no podrían asistir a la universidad y también como una fuente de selección de los mejores estudiantes por parte de las universidades que imparten los cursos. De momento los MOOCs parece que siguen el modelo de negocio que parece regir en internet: primero existir e instalarse y esperar que la fuente de sostenibilidad aparezca a continuación.

A pesar de que lo más interesante de los MOOCs son los interrogantes que abre (Jarrett, 2012), de momento las discusiones que suscitan son más mundanas y se centran en la tasa de estudiantes que finalizan los cursos, en el valor que finalmente tendrán los certificados emitidos y en si estos sustituirán créditos en las titulaciones presenciales (Yuan y Powell, 2013).


Las bibliotecas y los MOOCs

Es pronto para saber cuál será el impacto de los MOOCs en la enseñanza universitaria. Andreu Mas-Colell, consejero de economía y universidades de la Generalitat de Cataluña los califica de viables, inquietantes y consistentes y una de las inquietantes cuestiones que suscitan es adivinar el impacto que tendrán sobre los servicios bibliotecarios. No es demasiado pronto para empezar a pensar en cómo desde las bibliotecas podemos dar apoyo a un aprendizaje que en una parte importante puede llegar a tener lugar en los MOOCs.

Forrest Wrigh constata que hay dos características de los MOOCs que hacen que sean difíciles de integrar en los servicios bibliotecarios tradicionales. La primera es que las dimensiones de los cursos exceden de mucho las habituales en los cursos a distancia convencionales. La segunda, el hecho que, al estar las plataformas de los MOOCs alojadas en compañías que no son la universidad, todas las experiencias de integración de servicios bibliotecarios en los campus virtuales de una universidad dada no sirven.

De momento, las principales preocupaciones son legales (Butler 2012) ya que las ya no muy claras normas de que documentos de terceros se pueden usar en un curso universitario se desvanecen de repente cuando este curso trasciende las fronteras de la universidad y aún más cuando se integra en una plataforma que tiene finalidades comerciales. Véanse, por ejemplo, las recomendaciones que hacen las bibliotecas de la Universidad de Pennsylvania a los profesores que participan en MOOCs.

Diversos desarrollos están conduciendo a las bibliotecas a pasar de ser almacenes estáticos donde los usuarios acudían forzados por un panorama en el que las facilidades para acceder a la información eran escasas a un entorno en el que los usos de la información se configuran alrededor de los flujos de trabajo, sea este el ocio, el aprendizaje o la investigación, y en el que lo que pasa a ser escaso es el tiempo que queremos dedicar a acceder a la información (Dempsey 2012). Las viejas fórmulas ya no son suficiente garantía para proporcionar servicios bibliotecarios de utilidad.

En una conferencia en la Universidad Politécnica de Cataluña, hace veinte años, F. W. Lancaster abogó por desplazar al aprendizaje parte de los recursos que las universidades destinan a la enseñanza. El movimiento propuesto  implicaba que parte del tiempo del profesorado debía dedicarse a la confección de materiales docentes que pudieran ser usados por el estudiante en régimen de autoaprendizaje. Si, como parece ser la tendencia, los contenidos se dispensan empaquetados y remotamente, y el tiempo del profesor se utiliza cada vez más para el debate y la orientación personal del estudiante, los recursos de la biblioteca deben desplazarse a ayudar al profesor en la creación de recursos docentes y al estudiante en adquirir competenciales informacionales. No parece ser que –de momento- haya muchas más ideas brillantes como parece desprenderse de los materiales del encuentro organizado por OCLC Research en los días 18 y 19 MOOCs and Libraries: Massive Opportunity or Overwhelming Challenge?

Solo parece cierto que los MOOCs serán tan disruptivos respecto la educación universitaria como el acceso abierto lo está siendo respecto la comunicación científica. Y esto vale también para las bibliotecas universitarias.

[Para ser publicado como Nota ThinkEPI 2013 2/2]

Bibliografía


diumenge, 6 de gener del 2013

En record i reconeixement de Montserrat Roca



Fa unes setmanes va morir Montserrat Roca. El considerablement bon nivell que avui tenen les biblioteques de Catalunya deu molt a bibliotecàries com la Montserrat. Ella i ben poques més (1) van aconseguir, a nivell professional, crear realitats admirables i esperançadores en un context de misèria i poca il·lusió.

Els anys 70 la realitat bibliotecària catalana -com la del país, en general, per altra banda- era prou miserable (2). Ho era en mitjans i ho era en mentalitat. I això darrer era determinant, perquè amb idees mediocres i miserables no es poden fer bones biblioteques, encara que es tinguin mitjans (3).  En aquest context, les (poques) biblioteques exemplars que hi havia tenien un enorme valor. En primer lloc, servien a les institucions que les havien creades, però, en segon i més important, eren l’exemple a seguir i el referent a citar si es volien millorar les miserables biblioteques amb les que estava dotat el país.

El gran valor professional Montserrat Roca va ser el de crear una d’aquestes poques biblioteques que altres vam poder imitar i posar com a model. El gran mèrit de la Montserrat va ser tant fer una bona biblioteca com aconseguir que la comunitat a la que servia, l’Escola d’Arquitectura, se la fes seva. Si alguna cosa demostra la nostra efectivitat com a professionals és que les persones a les que servim defensin amb més èmfasi que no pas nosaltres la utilitat de la nostra feina.

Les biblioteques no són dels bibliotecaris, són dels usuaris. Aquest pensament està en la base de la filosofia professional de M. Roca que podeu conèixer llegint la conferència que va donar en motiu de la sevajubilació a finals de 1992 (4). De l’usuari, els bibliotecaris “aprenen el que se’n diu l’ofici”. Conèixer altres realitats professionals a través de la lectura o de visites -i això la Montserrat ho va practicar- no és suficient, ja que és l’usuari individual (la persona) i col·lectiu (l’entitat a qui serveix la biblioteca) els que aproven en darrer terme la feina del bibliotecari. L’usuari és “la pedra de toc de l’eficàcia del treball [bibliotecari].

Fer bones realitats bibliotecàries és sempre possible (fins i tot sense molts mitjans). Cal però la mentalitat oberta, no conformista, imaginativa que va tenir la Montserrat. Cal també no acontentar-se amb el que es té i buscar bons models a seguir. Modestament  la Montserrat cita com els tres principals mèrits de la biblioteca de l’Escola d’Arquitectura la seva organització en lliure accés (5), el buidat de revistes d’arquitectura i l’haver estat entre totes les biblioteques de la UPC la primera d’haver obert de 9 a 9. Pocs bibliotecaris citarien el darrer con un mèrit a destacar.

Montserrat Roca va ser també presidenta de l’Associació de Bibliotecàries  de Catalunya. Cal fer també la història de l’Associació. Gestada en el franquisme, crec que va néixer amb el nom d’Asociación de Antiguas Alumnas de la Escuela de Bibliotecarias, per passar a Associació de Bibliotecàries i, l’any 1981, de Bibliotecaris. No hi havia altra associació professional a Espanya que ANABA, una associació de bibliotecaris que no considerava com a tals els formats a l’Escola de Bibliotecàries de la Diputació de Barcelona. Els bibliotecaris de l’escola amb un títol universitari en podien ser membres, però els altres no.

Tradicionalment des de Catalunya es defensava la professionalitat a partir d’uns estudis previs i no des de l’accés a la professió per via d’oposicions. Això i la voluntat de tenir un organisme professional que es basés i promogués una visió moderna de la professió van ser els motius que van impulsar a la creació de l’Associació que, després de diverses transformacions de nom ha acabat essent un col·legi professional. Ser president d’una associació en el post-franquisme volia dir moltes coses. Volia dir que es tenia voluntat de transformar aquella realitat miserable a partir d’una visió i feines professionals, é a dir modernes i ben fetes (6).

Jo a la Montserrat Roca, quan la vaig tractar més va ser al final de la seva vida laboral a la UPC, entre el 1989 i el 1992. La transformació de les biblioteques universitàries que s’havia iniciat a Espanya a la UB el 1984 havia arribat amb retard, però arribat per fi, a la UPC. L’inici de canvis a la UPC va coincidir potser amb el punt més alt de prestigi de la biblioteca de l’Escola d’Arquitectura que la Montserrat dirigia (6). Les biblioteques de la UPC –com totes les de les universitats espanyoles abans de la reforma mencionada- no eren un sistema, ni tant sols eren un conjunt coordinat. La creació d’un sistema va requerir un exercici de fe, de comprensió i d’humilitat per part de les poques biblioteques que funcionaven be a la UPC (la d’Arquitectura i la de Camins). La Montserrat va tenir aquestes virtuts i va ajudar als canvis aportant-hi lleialtat, intel·ligència i sentit de l’humor.

Les professions són un teixit continu de persones que renoven els seus coneixements de la ciència que es plasma en els llibres, però també del mestratge que exerceixen professionals amb experiència i de les realitats professionals que els volten. A la Catalunya dels 70 i dels 80 els professionals, per formar-nos vam tenir pocs mestres i poques biblioteques admirables. La Montserrat va ser mestre i creadora d’una biblioteca a imitar. Per aquestes coses i moltes més que no he estat capaç d’explicar, val la pena recordar a Montserrat Roca i a agrair-li la seva aportació a aquesta professió que ella va estimar tant.

p.d. La fotografia és de la Montserrat el 1991, en un viatge professional a Blacksburg (Virginia – EUA).


(1)  Segur que em deixa algú, però potser en primer lloc se situaria la Biblioteca de Física i Química a la UB, sota la direcció de Maria Serrallach. Cal esmentar també, d’aquella època, alguns vestigis encara presents de la vitalitat bibliotecària catalana dels temps de la 2a república, algunes biblioteques d’empreses farmacèutiques, la modernitat de les biblioteques ‘estrangeres’ dels instituts Britànic i Nord-Americà i la modernització que van suposar els centres de documentació i la teledocumentació, aquests ben a finals dels 70.

(2)  Parlo dels any 70 perquè els vaig conèixer, tot i que la meva incorporació a la professió és definals de la dècada. Entre els pocs escrits que parlen de les biblioteques de Catalunya en el període del franquisme, val la pena llegir el que en diu Carme Mayol, «Passat i present de la professió bibliotecària», A: BiD: textos universitaris de biblioteconomia i documentació, desembre 2002, núm. 9, http://www.ub.es/biblio/bid/09mayol.htm.

(3) No es la ausencia de dinero lo que frena el desarrollo. El impedimiento fundamental es la falta de preparacion de la sociedad, cultural y tecnologicamente; la ausencia de conocimientos y la falta de perícia. Dicho de otro modo, la falta de habilidad para usar el dinero. David S. Landes, "La riqueza y la pobreza de las naciones" (Barcelona: Crítica, 1999)

(4)  Homenatge a Montserrat Roca Junyent, bibliotecària de l'Escola amb motiu de la seva jubilació: 28 d'octubre de 1992 (Barcelona: Escola Tècnica Superior d’Arquitectura de Barcelona - UPC, 1992). 16 p. Als no acostumats als costums universitaris els podria passar desapercebut  l’enorme honor que se li va fer a la Montserrat fent que l’acte del seu comiat fos un acte acadèmic en el que ella va donar una lliçó magistral, tal com es fa amb els professors considerats millors quan es jubilen. 

(5)  Les biblioteques universitàries espanyoles eren d’accés tancat, fins i tot les biblioteques de la Universitat Autònoma de Barcelona, fetes de bell nou a partir de 1968 eren totes d’accés tancat, en base un model d’accés al saber defensiu i superat.

(6)  Lamentable, per cert, que el Col·legi, hereu de l’Associació, no hagi recordat degudament  les presidentes que han mort: Rosa Ricart, fa uns anys, i Montserrat Roca, ara.

(6)  A l’homenatge que li fa l’Escola d’Arquitectura, la Montserrat defineix la biblioteca com: “el lloc de trobada de la informació amb qui la necessita i la busca, o el lloc de trobada casual del saber amb qui té l’esperit atent, inquiet, obert a la descoberta, mogut per la curiositat...” 

diumenge, 2 de desembre del 2012

Bibliotecas universitarias: cabalgando la tecnología, siguiendo al usuario



[El número de noviembre-diciembre de El Profesional de la Información está dedicado a las bibliotecas universitarias. Sigue a continuación mi contribución a la revista que se publica por gentileza de Tomàs]

Podemos llamarlo tecnologías de la información o bibliotecas digitales (y hace unos años lo llamábamos automatización de bibliotecas), pero si nos miramos los impactos de la tecnología (1) encontraremos muy pocas novedades (¿o ninguna?) que no se haya aplicado a los servicios prestados por las bibliotecas universitarias. Estas llevan 40 años cabalgando la tecnología para conseguir continuar siendo útiles a sus usuarios. Las constantes innovaciones han ido acompañadas de llamadas a hacer cambios profundos en los roles de la biblioteca universitaria. Voces diversas (2) han advertido que las transformaciones a las que nos conducían los cambios tecnológicos no eran ni cosméticas ni acumulativas, sino estructurales y disruptivas.

Los cambios a los que se han visto sometidas las bibliotecas universitarias no han sido menores. Un estudio reciente (3) ha descrito un panorama apocalíptico en el que el incremento de costes, la aparición de alternativas viables a la biblioteca, el uso decreciente de los servicios y las nuevas necesidades de los usuarios forzaría a la biblioteca universitaria al cambio. Pero las bibliotecas universitarias han sido conscientes de la necesidad de adaptarse anticipadamente al entorno. Lo han hecho haciendo profundos cambios organizativos entre los que destaca la creación de consorcios, a finales de siglo y principios de este, para mejorar su capacidad de compra, y lo hicieron antes de verse atenazadas por la disminución de recursos derivada de la crisis económica actual. Lo han hecho también, haciendo evolucionar los roles tradicionales de la biblioteca hacia otros de más adecuados con los tiempos y lo han hecho estando constantemente preocupadas sobre como mostrar a la sociedad que las sufraga los valores que aportan (4).

Las bibliotecas universitarias, con mayor o menor consciencia de la profundidad del cambio, en el pasado han estado y siguen estando en el presente, en la vanguardia de la aplicación de las novedades tecnológicas a sus servicios. Los principales terrenos en oso que, en estos momentos, se esta innovando creo que son los cinco siguientes: los repositorios y el acceso abierto, la renovación de espacios, los servicios a los investigadores, los instrumentos de descubrimiento, y el libro electrónico.

Repositorios y el acceso abierto
El movimiento del acceso abierto (OA) está celebrando su décimo aniversario y nadie duda que las bibliotecas han tenido un papel decisivo en los resultados que se han conseguido. El proceso de reforma de la comunicación científica no está de ninguna forma terminado (5), ni aún predeterminado, pero parece que las universidades y centros de investigación no querrán ya prescindir del control sobre su producción científica. Poner esta en abierto en alguna de las modalidades que tome el OA supone una inversión de tiempo que el investigador no siempre está dispuesto o preparado para realizar. En un pasado algo lejano, acceder a bases de datos remotas a través de la tele-documentación consumía un tiempo que los científicos podían emplear mejor si alguien –las bibliotecas- realizaba las búsquedas bibliográficas.

Actualmente, la implicación de las bibliotecas universitarias en llenar los repositorios de contenido permite que el investigador ahorre un tiempo precioso y que la institución consiga mejor el objetivo final de tener archivada y accesible su  producción científica. Probablemente el OA no vaya a tener una sola y simple forma, y a partir de esta diversidad, las bibliotecas universitarias añaden a sus roles tradicionales el de asesorar a los autores sobre cuándo y en qué condiciones pueden publicar en abierto.

La progresiva digitalización de la vida universitaria llega a todos los rincones. Las tesis doctorales, uno de los productos más característicos de la universidad, quizá sean el ejemplo más claro de lo que puede suponer el movimiento del OA en un próximo futuro. Las tesis doctorales son recogidas a nivel institucional y, a través de protocolos de interoperablidad, recopiladas por recolectores y puestas a disposición de usuario en portales supranacionales, como sería el casi del proyecto DART Europe (6).

Espacios renovados
A lo largo del siglo XX, las bibliotecas universitarias crecieron ganando espacio para los documentos que conservaban, pero en la década de los 90 empezaron a renovar los espacios pensando ya más en los lectores que en los libros. Esta tendencia se ha visto enormemente reforzada por la progresiva utilización de revistas electrónicas, primero de forma complementaria a su versión impresa y más tarde de forma única. En poco más de quince años, grandes espacios de las dependencias de las bibliotecas universitarias ocupados por volúmenes encuadernados de revistas han dejado de tener sentido y han podido reorganizarse. Con respecto al uso de los espacios, los documentos han cedido protagonismo al usuario y las bibliotecas se han rediseñado y se están rediseñando para un uso más social de la información (7). Las bibliotecas han creado nuevas áreas con salas para trabajar en grupo, se han dotado de muchos ordenadores y han buscado  el confort de los usuarios introduciendo cafeterías. Algunos nuevos espacios han recibido nombres como ‘learning commons’, ‘information commons’ o ‘collaboratories’ y, en  España, centros de recursos para el aprendizaje y la investigación (CRAI).

La digitalización de recursos y la renovación de los espacios ha traído una curiosa derivada: se necesitan espacios para almacenar los documentos impresos que las bibliotecas deben continuar conservando pero que tienen un uso bajo o nulo. Algunas bibliotecas ya habían creado almacenes de documentos fuera de su campus y en algunos casos estos almacenes eran cooperativos, pero en el horizonte de unos 20 años estas necesidades aumentaran. Ya no tiene sentido hacer almacenes propios cuándo lo que se guarda en ellos puede consultarse digitalmente, por lo tanto, es lógico que las bibliotecas se planteen la conservación cooperativa de los documentos (8) e incluso su complementariedad con los repositorios digitales de documentos (9).
                                                        
Servicios a los investigadores
Los ordenadores conectados en redes están no solo cambiando los servicios bibliotecarios, cambian también la investigación. La bibliotecas universitarias tienen como una de sus principales misiones facilitar la investigación y lo han hecho tradicionalmente coleccionando documentos para los investigadores. Estos documentos hoy ya no son solo libros o artículos de revistas, sino datos. La eCiencia se desarrolla en redes y los distintos recursos que usan los científicos pasan a ser elementos de la infraestructura de la investigación (10). En este nuevo entorno los retos para las bibliotecas son al menos dos. Por un lado coleccionar y conservar un nuevo tipo de documentos (los conjuntos de datos), y, por otro, saber incorporarse a los procesos de la investigación para ser así útiles a los científicos.

Como en otros casos, la evolución tecnológica hace aparecer paradojas y la mirada de las bibliotecas se dirige a una parte de sus colecciones que tradicionalmente había estado ‘escondida’ y que ahora aparece como especialmente relevante para dar soporte a la investigación en ciencias humanas y sociales (11).

Instrumentos de descubrimiento
Los OPACs en los años 80 del siglo pasado revolucionaron la forma de acceder a las colecciones de una biblioteca, pero ni los catálogos manuales ni los automatizados nunca consiguieron dar información sobre la totalidad de la los documentos de los que disponía una biblioteca. Las bases de datos complementaban el acceso para los artículos de revistas, pero esto requería hacer diversas consultas a instrumento a menudo con interfícies distintas. Con los repositorios digitales, las bibliotecas universitarias se dotan aún de un tercer tipo de instrumento en el que conservan información. Demasiados receptáculos en un mundo en el que Google nos ha acostumbrado a obtener resultados con unas pocas palabras de búsqueda escritas en una única casilla.

Los instrumentos de descubrimiento nacieron con la aspiración de ofrecer una experiencia de búsqueda distinta y enriquecida a los catálogos manuales, y en este sentido, el primero que existió –AquaBrowser- se instaló a menudo como una ‘piel’ añadida al OPAC tradicional y no como substituto. Más o menos al mismo tiempo se desarrollaron buscadores federados –MetaLib fue el primero de los comerciales- que permitían la consulta simultánea de distintas bases de datos y ofrecían un solo conjunto de resultados. Pero el deseo (¿necesidad?) de los bibliotecarios de poder acceder a todos los recursos de la biblioteca desde un solo punto de consulta ha comportado que las búsquedas por filtraje y las federadas evolucionaran hasta convertirse en los productos que hoy se conocen como instrumentos de descubrimiento y que están aún en una fase no totalmente madura. Los catálogos se extienden para incluir búsquedas a artículos de revistas (como hace actualmente WolrdCat) y grandes índices de artículos de revistas pasan a incluir los catálogos de las bibliotecas y los contenidos de sus repositorios (como hacen EBSCO Discovery, Summon o Primo Central) (12). Cualquiera de los dos caminos parece llevar al objetivo de permitir (¡ahora sí!) que una biblioteca ofrezca desde un solo punto de consulta el acceso a todos los recursos que posee o contrata (fondos impresos, documentos electrónicos contratados i objetos en repositorios digitales). Este es en estos momentos uno de los desarrollos clave de las bibliotecas universitarias.

Libro electrónicos
Las bibliotecas universitarias han completado dos transiciones de lo impreso a lo digital. Por un lado, los boletines de índices y resúmenes que pasaron al formato de bases de datos hace unos 40 años, y más recientemente las revistas científicas y académicas. La transición hacia el libro electrónico empezó hace mucho tiempo con el Proyecto Gutemberg pero incide en las bibliotecas a partir del inicio de su generalización con los productos comerciales que aparecieron hace unos diez años. A pesar de la experiencia previa de los editores y de las bibliotecas con los documentos electrónicos, los libros digitales no han hecho la explosión que parecía que sucedería.

Seguramente los motivos son diversos (13), pero a mi me parece que hay tres de fundamentales. Por un lado, la los editores no han sabido crear el enorme fenómeno de succión que fueron los ‘Big Deals’ para las compras consorciadas de revistas. En segundo lugar, el mercado está ofreciendo los libros electrónicos desde diferentes plataformas y bajo diferentes modalidades de consulta y esta complejidad seguramente está inhibiendo muchos usos. Finalmente, los editores, temerosos de la pérdida de mercado que les puede suponer el paso a lo digital, están entrando en este mundo poniendo bastantes restricciones en el uso de libros electrónicos.

Pero la extensión del uso de libros electrónicos es cuestión de tiempo. Mientras tanto su incidencia se ha dejado sentir ya en la forma en que las bibliotecas compraban. Estas, en previsión de usos futuros,  anticipaban demandas y adquirían libros ‘just-in-case’. Pero  algunas editoriales están ofreciendo compras en modalidad PDA (Patron Driven Acquisitions), es decir poder comprar en función de las demandas de los usuarios. El PDA consiste en que las bibliotecas puedan poner a disposición de sus usuarios fondos editoriales de libros digitales durante un plazo determinado de tiempo de manera que el uso de los libros por parte de los usuarios proporcione datos que permitan a los departamentos de compras tomar decisiones en función de la demanda. Al mismo tiempo, en el nuevo entorno digital, la edición universitaria tradicional ha entrado en crisis. La solución puede ser que las monografías universitarias se publiquen en electrónico en portales de agregadores, pero es posible también que se desarrollen nuevos modelos de negocio alrededor del Acceso Abierto. El futuro definitivo del libro electrónico no está aún escrito.


Yo veo muy vivas a las bibliotecas universitarias. En los últimos años han  actuado proactivamente aprovechando las oportunidades que el entorno les ha presentado. Ni las compras consorciadas de recursos electrónicos, ni los repositorios institucionales ni el Acceso Abierto eran a priori terrenos destinados a que las bibliotecas se desarrollaran en ellos, y, a pesar de esto, han sido espacios de servicio que las bibliotecas universitarias han ocupado o ayudado a desarrollar. En plena efervescencia de las disrupciones diversas que está comportando el mundo digital, las bibliotecas universitarias han sabido hacer evolucionar los servicios tradicionales a la vez que, cabalgando las tecnologías, han creado nuevos servicios siguiendo la estela de las necesidades en parte tradicionales, en parte cambiantes, de sus usuarios.


Notas
(1)  Ver el último volumen 30, número 4 de 2012 de la revista Library Hi Tech  , dedicado a ‘30 years of information technologies’, y especialmente el artículo de Sandore Namachchivaya, “The first 30 years of the internet through the lens of an academic library: The University of Illinois at Urbana-Champaign”, p. 623 – 642.
(2)  Ver, por ejemplo Carla J. Stoffle, R Renaud & J.R. Veldof ‘Choosing our futures’ // College & research libraries (may 1996), 213-233, o más recientemente: Lyman Ross and Pongracz Sennyey / The library is dead, long live the library! The practice of academic librarianship and the digital revolution // The Journal of Academic Librarianship, 34(08)2, 145-152 y Steve Coffman / The Decline and Fall of the Library Empire // Searcher 20(12)3. http://www.infotoday.com/searcher/apr12/Coffman--The-Decline-and-Fall-of-the-Library-Empire.shtml
(3)  University Leadership Council. Redefining the Academic Library Managing the Migration to Digital Information Services, The Advisory Board Company. Washington, DC, 2011. http://www.educationadvisoryboard.com/pdf/23634-EAB-Redefining-the-Academic-Library.pdf  [Consulta: 13.11.2012]
(4)  Ver, para eso, la obra clave de Oakleaf, Megan, “The Value of Academic Libraries” (Association of College & Research Libraries, 2010). http://www.ala.org/ala/mgrps/divs/ACRL/issues/value/val_report.pdf
(5)  Ver, por ejemplo, el debate suscitado por la publicación reciente (2012) del informe del grupo de trabajo del Reino Unido para Expanding Access to Published Research Findings, liderado por  Janet Finch, “Accessibility, sustainability, excellence: how to expand access to research publications”. http://www.researchinfonet.org/wp-content/uploads/2012/06/Finch-Group-report-FINAL-VERSION.pdf
(7)  Leo Appleton, Valerie Stevenson / Developing learning landscapes: academic library driving organizational change // Reference services review, 39(11)3, 343-361.
(8)  Lizanne Payne / Library storage facilities and the future of print collections in North America // Dublin, Ohio, OCLC, 2007
(9)  Constance Malpas / Cloud-sourcing research collections: managing print in the mass-digitized library environment // Dublin: OCLC, 2011.
(10)       Norbert Lossau / An Overview of Research Infrastructures in Europe — and Recommendations to LIBER // Liber Quarterly, Vol 21 (2012)  , No 3/4 (2012). http://liber.library.uu.nl/index.php/lq/article/view/8028/8386
(11)       Ver, por ejemplo el estudio de Dooley, Jackie M., and Katherine Luce. 2010. Taking our pulse: The OCLC Research survey of special collections and archives. Dublin, Ohio: OCLC Research. http://www.oclc.org/research/publications/library/2010/2010-11.pdf
(12)       Jason Vaughan / Web scale discovery services // Chicago: ALA; 61 p. (Library Technology Reports; v 47, 2011,  n.1)
(13)       Thad McIlroy / Ebook formats are a mess – here's why // Learned Publishing, 25(12)4, 247–250 doi:10.1087/20120402. 3/5. Llibre e-. Madrid -BCN, 22.10.12.