Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris acords consorciats de compres. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris acords consorciats de compres. Mostrar tots els missatges

dimecres, 6 de gener del 2016

Una 3ª vía para el OA: que las suscripciones cubran el coste de publicar en revistas híbridas




A mi entender, los ‘big deals’ ( = las compras consorciadas de revistas en paquetes) presenta hoy un balance (no exento de claroscuros) positivo. Han ganado los lectores, las bibliotecas y las editoriales. 

En primer lugar, han ganado los lectores por poco que las bibliotecas de sus instituciones hayan tenido la capacidad organizativa de coordinarse con otras para comprar de forma conjunta. Los lectores han ganado porqué el incremento de revistas a su disposición se ha incrementado de forma muy elevada. Pero este acceso es doblemente vallado: se paga (la institución) por leer, y solo puede leer quien está bajo el paraguas de una institución suscriptora.

En 2o, han ganado las bibliotecas que, invirtiendo lo mismo que en el pasado invertían, pueden ofrecer a sus lectores muchas más revistas. Aclaro que mi afirmación es consciente  de que los precios las revistas no han dejado de subir por encima del IPC, pero este incremento es una constante en las revistas (bien documentado desde los años 70) que a mi entender está asociado con la importancia creciente de la investigación para la sociedad y no con las revistas digitales o con las compras consorciadas.

Finalmente, también han ganado las editoriales que, a cambio del atractivo de los paquetes, consiguen que las bibliotecas no puedan en la práctica cancelar sus suscripciones. Sus beneficios son altos, pero han llevado a cabo una reconversión (casi) total de lo impreso a lo digital en una celeridad plausible. Lo peor, a mi entender, ha sido el proceso de doble concentración experimentado en los últimos 15 años: concentración empresarial, y concentración de valor en las revistas que consiguen estar en el WoK o en SCOPUS.  

El movimiento del Open Access parecía tener dos vías consolidadas (los repositorios y las revistas OA) cuándo Springer introdujo una variación inesperada: los autores podían optar por pagar los costes por publicar (APC) a cabio de que su artículo (y solo éste) pudiera ser leído en abierto. En teoría, el coste pagado por el autor debía descontarse del coste de la suscripción, pero esto no ha sido así y hoy hay partes de algunas revistas que se está pagando doblemente (Double Dipping): lo pagan las instituciones con las suscripciones y lo pagan los autores (los organismos financiadores) con las tasas por publicar (APC).

Las revistas híbridas parece que se están consolidando como una tercera vía del OA ya que está siendo un punto de encuentro entre los organismos financiadores y los autores. Aquellos quieren que los resultados de la investigación financiada por fondos públicos sean públicos. Estos poder publicar donde crean más conveniente (o posible) hacerlo. Las publicación en revistas híbridas recibió un fuerte impulso al ser reconocidas en el Reino Unido como una opción priorizada en el informe Finch.

Últimamente ha habido algunos movimientos que refuerzan esta tercera vía. La idea parece ser simple: que las bibliotecas continúen pagando lo que están pagando, pero que este coste incluya el que los autores de las instituciones suscriptoras puedan publicar en abierto en las revistas de la editorial con la que se contrata. Al fin y al cabo, esto es lo que hace SCOAP3 o lo que propone la Max Planck Digital Library. La idea tienen atractivo porqué es ejecutable a corto plazo y no requiere dinero adicional, pero tiene el inconveniente de dejar las cosas como están en el mundo de la edición científica.

El consorcio de las universidades holandesas VSNU, con el apoyo del gobierno holandés, está trabajando en esta línea. En 2014 cerró un acuerdo con Springer (hoy dentro del grupo Nature) para que el coste de la suscripción consorciada cubra el de publicar en abierto los artículos de autores de estas universidades. El JISC del Reino Unido llegó en 2015 a un acuerdo parecido con la misma editorial. Recientemente el consorcio holandés ha cerrado un acuerdo con Elsevier que va en la misma dirección.

Estos acuerdos tienen sus críticos que argumentan que esta es una salida no definitiva (como en su momento lo fueron las compras consorciadas). Seguro que tienen razón, pero, desde un punto de vista pragmático, supone que una parte importante de los artículos científicos puedan estar en OA.










diumenge, 15 de març del 2015

¿Quién paga la cena? El OA y el pecado de Adán de la comunicación científica




Mientras los acuerdos de compras consorciadas estaban en sus inicios, un grupo de reputados científicos publicó en 2001 una carta abierta proponiendo crear “an online public library that would provide the full contents of the published record of research and scholarly discourse in medicine and the life sciences in a freely accessible, fully searchable, interlinked form” (1). Había nacido el movimiento del Open Access que parece destinado a cambiar de forma sustancial algunas reglas de funcionamiento centenarias en las que se basa la comunicación científica.

El OA propugna un acceso abierto (es decir gratuito) a los artículos científicos y un uso abierto (es decir no sujeto a restricciones en su reutilización) de los mismos. Su gran fuerza está en el meme que dice que los resultados de la investigación científica deben ser públicos ya que están mayoritariamente financiados por fondos públicos. Diferentes factores convergen en la dirección de poner los resultados científicos en abierto: el altruismo de los científicos y la voluntad de regeneración económica de los políticos. A ellas se suma que las editoriales comerciales están viendo cada vez menos posibilidades de negocio en la edición de los artículos y más en la gestión de su visibilidad y en servicios de valor añadido a la investigación.

El OA ha dejado de ser una obligación moral para pasar a ser un imperativo social: “But it is not only about a moral obligation. Open access is also essential for the development of our society. Access to scientific research enhances creativity in society” (3). Ya no es solo un tema de científicos, editores y bibliotecarios y ha entrado en la agenda de los políticos, y los países europeos, presionados por la Comisión Europea,  se afanan a crear políticas que favorezcan el acceso abierto (4). Hoy, pues, no se duda de que el OA sea el horizonte de la edición científica (5), aunque nadie se atreva a vaticinar cuándo, cómo y a qué precio.

La clara voluntad de algunas agencias de financiación de la investigación y de algunos gobiernos de imponer el OA se ha encontrado con el obstáculo de cómo financiarlo. El sistema de comunicación científica de las revistas impresas suponía que pagaba el lector (él directamente o a través de suscripciones hechas por la biblioteca de su institución) pero el OA está haciendo que quién pague sea el que escribe. En cualquier caso, cuándo es la propia institución quien debe hacer frente a los gastos de publicar en abierto (6) uno se da cuenta que se ha frivolizado con los costes de publicar y las ganancias de los editores. El circuito de la comunicación científica es mejorable, pero no lo haremos minimizando los costes de su administración ni negando el valor aportado por el proceso editorial. Podía paracer una solución pagar los costes editoriales por publicar  (author publication costs - APCs), pero estos son difíciles de gestionar y su administración no deja de ser un coste añadido con el que no se contaba (7). Una solución (ensayada por el consorcio holandés y Springer) es la de incluir los costes de los APCs en la negociación de la licencia de compras consorciadas.

El posicionamiento del influyente informe Finch (8) a favor de la vía dorada suscitó numerosas críticas que resaltaron que la publicación, previo pago de los APCs, en abierto en revistas abiertas o híbridas no cambiaba sustancialmente el modelo tradicional. Esto es cierto ya que el modelo de comunicación científica continúa estando basado en revistas, que publican artículos después de una revisión por pares, artículos que serán citados (o no) y dotaran así a la revista en determinada posición en un rango de citación. No se están creando las condiciones para que emerga un nuevo modelo para la comunicación científica. Creo que esto es cierto, pero no por ello podemos obviar las debilidades de los repositorios como alternativa, debilidades que el informe Finch resalta y que no he visto convincentemente refutadas. Curiosamente, el éxito más innegable de la vía verde es existencia de arXiv.org, no ha supuesto ninguna disminución de revistas de física  (9).

El debate sobre cómo conseguir el acceso abierto de forma universal se ha centrado en la función de difusión de conocimiento que tienen las revistas. Pero estas cumplen otras funciones, entre las cuales la de permitir la construcción del capital reputacional de los científicos. La carrera académica e investigadora se ha basado en las citas, este ha sido el pecado de Adán del actual sistema de comunicación científica (10) y hasta que no se sepa cómo construir un sistema alternativo vamos a tener una dependencia alta de las revistas. Mencionamos a menudo que las editoriales cobran pero no pagan ni a autores ni a revisores, cierto; pero también lo es que el sistema de selección y evaluación de profesorado y las ayudas a la investigación se sustentan en una parte importante en el edificio de las citas en las revistas, un edificio por el que la academia no paga de forma directa.

Finalmente, el informe Finch ya citado nos habla de tres vías para tener un amplio acceso a la información científica y la tercera son las compras consorciadas. Es cierto que este es un acceso vallado, pero también lo es que la acción coordinada de las instituciones y las bibliotecas puede extender el espacio cercado por las vallas hasta incluir  un amplio número de personas. En una acción conjunta ente editores y consorcios, deberíamos ser capaces de hacer frente a los incrementos anuales de precio por encima del de los presupuestos, no con dinero nuevo, sino con la aportación adicional de nuevos clientes. Añadamos que hay recursos de información que seguramente se quedaran al margen del OA durante largo tiempo o para siempre (bases de datos, materiales especiales para determinado grupo de usuarios o libros e-), y que, en este caso, las suscripciones consorciadas continúen teniendo sentido.


Los títulos de revistas relevantes (las incluidas en las bases de datos de citas) se concentran en muy pocas editoriales y algunas sociedades científicas. A su vez, las universidades con vocación de investigación y los centros de investigación coinciden en querer tener acceso a este corpus de información, cosa que acabarán haciendo de forma coordinada o consorciada.

Este pequeño conjunto de agentes son arte y parte del circuito de la comunicación científica y parece verosímil que la difícil transición al OA global discurra por una vía triple en el que los pagos por publicar en abierto, el autoarchivo en repositorios y los Big Deals dialogaran entre sí. Lo que está en juego es demasiado importante, y las incertezas aún demasiado grandes, como para apostar a un solo número.  


Notas:
(1)        Public Library of Science http://en.wikipedia.org/wiki/PLOS
(2)     Black, D. (2014). Can creators and curators redefine the scientific record?, en: Information Research, vol. 34, p. 173–180. doi:10.3233/ISU-140719
(3)     Dekker, S. (2014). Going for gold, en: Information Services & Use, vol. 34, n. 3-4, p. 185–188. doi:10.1016/S0140-6736(94)93022-8.
(4)     Lomazzi, L., & Chartron, G. (2014). The implementation of the European Commission recommendation on open access to scientific information : Comparison of national policies, en: Information Services & Use, vol. 34, n. 3-4, p. 233–240. doi:10.3233/ISU-140743
(5)  A pesar de esto, publicar en abierto es de los factores considerados como menos importantes por los investigadores en el momento de someter sus artículos a alguna revista.  Ver: Housewright, Ross (13), op. cit., p. 59 y Borrego, Ángel (14), op. cit., p. 27. Esto, a pesar que un 89% de los científicos consultados en el proyecto SOAP consideraron que el OA es beneficioso para la ciencia (Suenje Dallmeier-Tiessen, et al. (11), “Highlights from the SOAP project survey. What Scientists Think about Open Access Publishing”, en: arXiv.org, http://arxiv.org/abs/1101.5260v2).
(6)  Nos referimos a menudo a lo que los autores deben pagar por ser publicados en abierto, però olvidamos que los costes de mantener un repositorio institucional son elevados. Ver: Burns, C. Sean; Lana, Amy; Budd, John M. (13), Institutional Repositories: Exploration of Costs and Value, en: D-Lib Magazine, vol. 19, n. 1-2 http://www.dlib.org/dlib/january13/burns/01burns.html
(7)  La gestión de un APC puede tenir un coste medio de 150$ por transacción, según Richard Wynne (15), “Perspective of a System Provider: Services and Billing Start with Submission Making APCs work for everyone”, en: APE 2015 The International Conference: Academic Publishing in Europe.
(8)  Finch, Janet  (12). Accessibility, sustainability, excellence: how to expand access to research publications: Report of the Working Group on Expanding Access to Published: Research Findings: Report of the Working Group on Expanding Access to Published Research Findings. http://apo.org.au/sites/default/files/Finch-Group-report-FINAL-VERSION.pdf
(9)  Sweeney, D. (2014). Working together more constructively towards open access, en: Information Services & Use, v. 34, p.181–184. doi:10.3233/ISU-140722
(10)       By placing a core set of journals into sharp relief, ISI (and a few other prestigious bibliographies) managed to skew a quest for excellence into a race for elitist status. In itself, such a trend might not have been a matter of grave concern if the control of scientific publishing had solidly remained in the hands of the scientific communities, and if the elitist impulse had been kept within reasonable bounds. Hierarchy, as we have already seen, is the stuff of science, and science can even flirt with elitism without seriously harming its basic structure. Also, improving the tools to refine the competitive rules of science should certainly be applauded. However, the transformation of a quest for excellence into a race for elitist status bore important implications for any research library claiming to be up to snuff: once highlighted, a publication becomes indispensable, unavoidable. The race demands it. It must be acquired at all costs. There lies a crucial phase in the transformation of scientific publishing and it also lies at the heart of the serial pricing crisis. It amounted to a first revolution in the economics of knowledge and it was felt as a serial”. Guédon, Jean-Claude (01), “In Oldenburg’s long shadow: librarians, research scientists, publishers and the control of scientific publishing”, en: ARL Proceedings 138, http://www.arl.org/storage/documents/publications/in-oldenburgs-long-shadow.pdf, p. 22. Hay traducción catalana hecha por el CBUC: http://www.recercat.net/bitstream/handle/2072/9019/Traduccio14.pdf?sequence=1




diumenge, 8 de març del 2015

¿Quién paga la cena? Compras consorciadas y concentración editorial



En el post anterior hice una valoración positiva de las compras consorciadas que se iniciaron hace casi 20 años pero que se desarrollaron con toda su intensidad en la primera década de este siglo. Esto no quiere decir que la situación actual sea idílica.

Seguramente el problema principal sea hoy que estamos en una situación de estancamiento o impasse parecida a la que anunció K. Frazier. Mientras las compras consorciadas supusieron grandes incrementos en accesibilidad, y mientras se pudieron negociar en entornos de crecimiento económico, los Big Deals fueron acuerdos de gana-gana para todas las partes (lectores y autores, bibliotecas pagadoras y editoriales). 

Pero esta sensación de acuerdo beneficiosa para todas las partes ha ido difuminándose debido al entorno económico recesivo de los últimos años, a la creciente sensación de que la bibliografía científica debe ser accesible para todos, al incomodo producido por la imparable concentración de editoriales y a la distancia de la que quedan ya las mejoras mencionadas de las compras cooperativas.

A mi entender, el peor (pero no el único) de los problemas es que los precios continúan incrementándose por encima de lo que lo hacen los presupuestos. La inflexibilidad de los acuerdos conduce a una situación de ‘o lo tomas o lo dejas’ (es decir, o lo continúas tal como está o lo cancelas en su totalidad). Pero las revistas empaquetadas son tan importantes y, por su número, tan visibles, que los acuerdos tienden –en general- a renovarse, y esto se hace a menudo sacando dinero de las partidas con las que se pagaban suscripciones a revistas no empaquetadas y a monografías (1). Esta voluntad de las bibliotecas universitarias de ‘hacer las paces’ con los incrementos de las revistas supone una tendencia que prima las disciplinas científicas con respecto las de ciencias sociales y humanidades, ya que los precios de aquellas incrementan por encima del de estas.

La situación económica actual, de crisis o estancamiento de los países occidentales, ha hecho que las renovaciones anuales de los acuerdos consorciados sean cada vez más difíciles. A esto ha ayudado una condición subjetiva: la idea de que la información científica se paga dos veces, una para producirla y otra para leerla. A esta idea dedicaré el próximo BDig.

Como creo que las subjetividades influyen, debemos mencionar dos más: la de que la concentración de editoriales que se ha producido en los últimos 15 años es excesiva y contraria a los intereses académicos, y la de que los beneficios empresariales de las editoriales científicas comerciales son excesivos. Hoy hay cuatro grandes casas editoriales que publican alrededor de 2.000 de revistas cada una: Elsevier, Springer, Taylor & Francis y Wiley. Si a estas les sumamos algunas asociaciones profesionales (por ejemplo, la American Psychological Association – APA,  el Institute of Electrical and Electronics Engineers – IEEE, o la Royal Society of Chemistry - RSC) nos encontraremos que, en la mayor parte de las disciplinas académicas, el 70% de los artículos citados se concentra en no más de unas 20 editoriales (algunas comerciales; sin afán de lucro, las demás) (2).

¿Qué coste debería tener un acuerdo consorciado? La mayor parte de los acuerdos consorciados existentes tienen en su base la adición del gasto en revistas impresas que –previamente al acuerdo- el conjunto de bibliotecas gastaba en una editorial dada (3). El acuerdo se cierra añadiendo algún porcentaje a este ‘gasto previo o histórico’ para que una universidad tenga acceso a las revistas suscritas por los demás miembros del consorcio (‘acceso cruzado’) y otro para acceder a la totalidad de la colección. El gasto previo está también en la base de la mayoría de las fórmulas de distribución de costes entre los consorciados. En un acuerdo consorciado, el gasto previo es representativo de los que una universidad ha decidido gastar en una editorial y, por lo tanto, es un indicador que puede usarse para calcular tanto el precio como el importe de la aportación. Pero es evidente que, cuanto más se aleje el acuerdo en el tiempo, menos fiable es este indicador.

Las editoriales, por su parte, sufren también distorsiones debidas a haber basado los precios en el gasto previo. En bastantes casos, las editoriales publican a cuenta de sociedades a las que tienen que revertir beneficios, y este reparto tradicionalmente tenía como indicador claro las suscripciones, pero el valor de este indicador se debilita enormemente en una compra consorciada donde los usos de las revistas suscritas previamente –antes del acuerdo- pueden ser menores a los que provienen de las revistas agregadas. Algunas editoriales han intentado definir el valor de sus revistas (y, por lo tanto, de sus paquetes) de forma independiente al gasto previo, pero en el momento de querer implementar los nuevos modelos de precio, el gran obstáculo con que se encuentran es que nadie quiere pagar si el precio con el nuevo cálculo supera al precio ‘antiguo’ (ni la editorial está dispuesta a aplicar un precio más bajo que el actual si este es el resultado del nuevo modelo de precio). Algunas sociedades editoras están introduciendo nuevos modelos de precio (4), pero, de momento, la mayoría continúa moviéndose bajo el paradigma que permitió el nacimiento de los Big Deals: el gasto previo.

Es evidente que algunos de los problemas mencionados son nuevos y ‘digitales’, pero quiero destacar que algunos de ellos tienen algunos años y se fraguaron en la era de lo impreso. En los años 70 se acuño el término de ‘la crisis de las revistas’ (5) para referirse al hecho que el precio de las revistas se incrementaba por encima del IPC, canibalizando así los presupuestos dedicados a monografías. A los acuerdos consorciados se les ha atribuido erróneamente los males del incremento de coste de las revistas, pero los Big Deals no son ‘la causa’, aunque sí sean uno de los factores que intervienen en un enmarañado paisaje.

Notas:
(1)  Puede verse claramente en el gráfico de ARL  http://www.lib.berkeley.edu/photos/photos/original/ARL_Expenditure_Trends.jpg
(2)  Study on the economic and technical evolution of the scientific publication markets in Europe (Brussels: European Comission, 2005), p. 39. http://ec.europa.eu/research/science-society/pdf/scientific-publication-study_en.pdf
(3)  Anglada i de Ferrer, Lluís M.; Comellas, Núria (2002), What’s fair? Pricing models in the electronic era, en: Library Management, vol. 23, n. 4/5, p. 227-233, http://www.emeraldinsight.com/0143-5124.htm. Hay versión castellana de 2002: «¿Qué es justo? : modelos de precios en la era electrónica», en: BiD: textos universitaris de biblioteconomia i documentació, juny, núm. 8. http://bid.ub.edu/08angla2.htm  
(4)  Por ejemplo, la American Chemical Society, está desde hace unos años aplicando un modelo de precio donde este es independiente de las suscripciones anteriores y se relaciona en cambio con el nivel que la asociación asigna a la institución suscriptora. Pero esta aplicación de un modelo de precio independiente del pasado no está exenta de polémica (ver, por ejemplo: el post de Jenica Rogers (2012), Walking away from the american chemical society, en: Attempting Elegance, 12 september,  http://www.attemptingelegance.com/?p=1765 . La Royal Society of Chemistry – RSC está intentando introducir un Nuevo modelo de precio independiente del pasado, en este caso intenta solucionar los problemas de la transición combinando el nuevo precio con bonos APC para publicar en abierto.
(5)  El termino ha encontrado su lugar en la Wikipedia, ver: http://en.wikipedia.org/wiki/Serials_crisis


diumenge, 1 de març del 2015

¿Quién paga la cena? Claroscuros de las compras consorciadas (o el Big Deal revisitado)


 

Vivimos tiempos excitantes y de grandes cambios para todos y las predicciones de futuro, no por abundantes se muestran acertadas. Los grandes debates sobre la comunicación científica se centraron, en la década de los 90 del S XX, en lo que prometía la tecnología, pero se manifestaron en la década siguiente en la economía al crearse un modelo de negocio nuevo que, permitiendo las compras consorciadas, modificó de forma importante la vida cotidiana de lectores y bibliotecarios. El gran cambio de esta década quizá sea social y consista en el convencimiento de que el acceso a la producción científica debe ser generalizado. Este está siendo el gran motor de cambio del circuito de la comunicación científica.
  

En el lejano año 2001(cuando el Open Access aún no había recibido este nombre), Kenneth Frazier (1) advirtió de los peligros de los peligros de que las bibliotecas compraran conjuntamente paquetes de revistas a una editorial. Para referirse a estas compras conjuntas o consorciadas,  usó un término que ha hecho fortuna: Big Deal (2). Frazier recomendaba a los directores de bibliotecas no firmar acuerdos de este tipo para evitar los riesgos de:
“… weakening that collection with journals we neither need nor want, and increasing our dependence on publishers who have already shown their determination to monopolize the information marketplace.(3)

Le hemos hecho poco caso a la advertencia de Frazier. En casi todo el mundo las bibliotecas se han organizado en consorcios para comprar conjuntamente  bases de datos y revistas electrónicas (4). Yo me atrevo a afirmar que las compras consorciadas han sido un buen negocio para los usuarios y para las bibliotecas, aunque  su generalización nos ha llevado también a un cierto callejón sin salida. Intentaré argumentar estas afirmaciones.

El paradigma de coleccionar en la era de lo impreso consistía en seleccionar los conjuntos de información que podíamos predecir que nuestros usuarios usarían. Bajo esta perspectiva, evidentemente, suscribir lo que antes no habíamos seleccionado parecía conducirnos a pagar por lo que ‘nadie necesitaba ni quería’. Pero diversos estudios (5), confirmados por la praxis cotidiana, mostraron que si se ampliaba el horizonte de lo que el usuario podía usar, el acceso dejaba de concentrase en la colección propia y se desplazaba a títulos no previamente suscritos. Por otra parte, en una compra consorciada, donde se paga por el acceso a un paquete que incluye títulos que antes no suscribía ninguna de las bibliotecas incluidas en el trato, es impreciso afirmar que se paga por lo que no se usa. El grueso del coste se corresponde a los usos previos (determinados por las suscripciones previas) y solo un porcentaje pequeño se paga en función de los títulos no suscritos.

Las compras consorciadas han tenido en cambio claras ventajas. La primera ha sido que han supuesto un gran aumento del acceso disponible para los usuarios de las bibliotecas consorciadas. Si una de las funciones de la biblioteca es proporcionar información relevante a sus usuarios, no podemos minimizar el enorme caudal de información antes no accesible que ha llegado a los usuarios a partir de estas compras de información ‘empaquetada’ (6). Parte del buen concepto que los usuarios hoy tienen de las bibliotecas universitarias se debe a que estos asocian la llegada de las revistas digitales y el aumento de accesibilidad a las compras consorciadas (7).

Si en los años 90 del pasado siglo, la situación financiera española permitió la construcción de nuevas y grandes bibliotecas, nunca pudimos o nos propusimos disminuir la brecha en colecciones que nos separaba de los países más avanzados. La colección de una biblioteca de una universidad norteamericana podía ser perfectamente del orden de 5-7 veces más grande que la de una biblioteca de una universidad española de características equivalentes. Las compras consorciadas han permitido reducir esta relación de forma considerable, y hoy, por lo que se refiere a revistas, la diferencia debe ser de no más de 2-3 veces. Lo mismo se puede observar si se analizan países con consorcios desarrollados pero con poca tradición bibliotecaria como puedan ser Grecia, Portugal o Turquía. Las compras consorciadas (para los países que han sabido organizarse para hacerlas) han supuesto la disminución de la brecha que separaba sus colecciones universitarias de las de países más avanzados.

Desde un punto de vista interno, las compras consorciadas (que han ido inevitablemente unidas a la migración del papel a lo electrónico) han supuesto a las bibliotecas  un enorme ahorro en costes de procesamiento. Los costes de contratación se concentran, los de control desaparecen y los de manipulación y almacenaje disminuyen (8). Siguiendo con temas económicos, la pesadilla de los incrementos anuales de precio por encima de los de los presupuestos de compra se convirtió en solo un quebradero de cabeza. Los incrementos de costes anuales habían estado en España por encima del 15% y ahora están por debajo del 5%. Es difícil atribuir la contención de costes anuales a la acción concertada de los consorcios bibliotecarios, pero es innegable que la presión que estos han ejercido en los editores no puede haber dejado de tener efecto.


Notas:
(1)  Frazier, Kenneth (2001).  The Librarians' Dilemma: Contemplating the Costs of the "Big Deal", en: D-Lib Magazine, Vol. 7, Num. 3. http://www.dlib.org/dlib/march01/frazier/03frazier.html
(2)  Ver el orígen de los Big Deals en el post de Richard Poynder (2011), “The Big Deal: Not Price But Cost”, en : Information Today, vol. 28, n. 8, http://www.infotoday.com/it/sep11/The-Big-Deal-Not-Price-But-Cost.shtml
(3)  Frazier, op. cit.
(4)  Giordano, Tommaso (14), Le risorse elettroniche nelle biblioteche accademiche : Recenti sviluppi della cooperazione in Europa, en : Biblioteche Oggi, Vol. 32, n. 2, p. 5-1, disponible en  http://www.bibliotecheoggi.it/pdf.php?filepdf=20140200501.pdf. Hay traducción catalane http://www.recercat.net/handle/2072/244952
(5)  Ver: Borrego, Á; Anglada, L.; Barrios, M.; Comellas, N. (2007), Use and Users of Electronic Journals at Catalan Universities: The Results of a Survey, en:  Journal of Academic Librarianship, v. 33, Issue 1, pp. 67-75, y Urbano, C.; Anglada, L.; Borrego, Á.; Cosculluela, A.; Comellas, N. (2004),  The use of consortially purchased electronic journals by the CBUC (2000-2003), en: D-Lib Magazine,  vol. 10, n. 6. www.dlib.org/dlib/june04/anglada/06anglada.html
(6)  Las revistas recibidas por cada una de las bibliotecas del CBUC fueron, en 2013, 16.500 (Balagué Mola, Núria; Gómez Escofet, Joan (14). “Les biblioteques universitàries a Catalunya (2012-2013)”. Anuari de l’Observatori de Biblioteques, Llibres i Lectura, Vol. 3, p. 212-232. http://www.raco.cat/index.php/AnuariObservatori/article/view/285718/). Según las estadísticas de Rebiun, en 1998, la Universidad de Barcelona suscribía 6.472 revistas, la Autónoma de Barcelona 5.898 y la de Gerona 1.679 http://estadisticas.rebiun.org/cuestionarios/indicadores/indicadores_main.asp# Las diferencias son, pues, sustanciales.
(7)  La función de la biblioteca más valorado por los investigadores es la de que sea quien pague las revistas y otros recursos de información. Ver: Housewright, Ross; Schonfeld, Roger C.; Wulfson, Kate (13). “Ithaka S+R US Faculty Survey 2012”. http://sr.ithaka.org/research-publications/us-faculty-survey-2012, p. 67, así como: Borrego, Ángel (14). “ Comportament informatiu del professorat de les universitats catalanes: Estudi realitzat per encàrrec del Consorci de Serveis Universitaris de Catalunya (CSUC)  Àrea de Biblioteques, Informació i Documentació”. http://www.recercat.net/handle/2072/242106, p. 33.
(8)  Ver el potencial económico que atribuye a estos cambios David W. Lewis (07), A strategy for academic libraries in the first quarter of the 21st century, en: College & Research Libraries, vol. 68, n. 5, p. 418-434.


dilluns, 2 de juny del 2014

Compras consorciadas, consorcios y cooperación


Acaba de aparecer el último número de CLIP, el Boletín de SEDICEn él, Blanca San José Montano, vocal de Publicaciones de SEDIC me hace una entrevista que reproduzco en dos entregas aquí

Blanca San José. En 2002, en el artículo ¿Qué es justo?: modelos de precios en la era electrónica decías que “las compras consorciadas se realizaban para ahorrar dinero… y hacer más efectivo el gasto… aunque los modelos de negocio no eran favorables para los consorcios”. ¿Crees que actualmente con los nuevos modelos de negocio, licencias, precios… esta situación ha cambiado y mejorado la situación de los consorcios bibliotecarios al realizar las compras de su material electrónico? 

Lluís Anglada: El artículo es de hace mucho tiempo. En los momentos iniciales de los acuerdos consorciados algunos modelos de precios estaban hechos en base las características de las bibliotecas universitarias de los Estados Unidos de America (EUA). Esto hacía que, aplicados a Europa, fueran injustos. Para dar un ejemplo, a veces los modelos tarifaban costes a partir de número de usuarios. Esto en los EUA suponía hacerlo en base a los usuarios a tiempo completo (Full Time Equivalent), pero este dato ni aún hoy está disponible en las bibliotecas españolas. Con el tiempo los modelos de precio se han ido adaptando a las características de las instituciones de educación superior en diferentes países.

Hoy hay acuerdos de compra consorciada en casi todo el mundo, lo que indica que son acuerdos que han sido considerados beneficiosos por diferentes instituciones y diferentes personas. La no participación en acuerdos consorciados, o una participación baja, no es indicativo de la maldad de los acuerdos, sino más bien de la poca capacidad organizativa de llegar a acuerdos con instituciones similares y formar consorcios de compras.

Esta extensión de los acuerdos consorciados es la mejor muestra de su bondad ya que, de no considerarse beneficiosos, no se harían. A mi entender y para España han supuesto un cambio radical con respecto al acceso a la información. En el caso que conozco mejor (las universidades de Cataluña) con estos acuerdos los investigadores han tenido acceso a revistas científicas de calidad a unos precios muy razonables, cosa que no fue posible en el entorno impreso. Otra cosa son las desventajas de los acuerdos consorciados que las hay. La venta de información en paquetes por parte de las editoriales fortalece económicamente a las revistas que están dentro de los paquetes y debilita a las que no lo están.

Los modelos de precio criticados en el artículo de 2002 evolucionaron y se estabilizaron permitiendo la gran extensión de acuerdos que hubo entre los años 2000 y 2005. Pero estos modelos se basaban en el gasto que un conjunto de instituciones hacía en revistas impresas. Esta base ha dejado de tener sentido en el momento en que la mayoría de accesos son digitales, pero aún es la que se usa como cálculo básico. Los modelos actuales tienen, por tanto, que cambiar. Algunas editoriales han elaborado modelos de precio basados únicamente en las revistas digitales. En sí mismos, son modelos ‘mejores’. El problema está en que cuando se aplican generan desequilibrios (algunos consorcios deben pagar más que antes) que no se sabe como compensar.

Blanca San José. En 2003, en tu artículo  Impacto e influencia de los consorcios en la gestión de colecciones decías que habían existido dos oleadas de cooperación “la primera en los años 70 con la automatización con consecuencias en el préstamos interbibliotecario… la segunda, a finales de los años 90… con los consorcios de información electrónica y con consecuencia en las colecciones (catálogo, préstamo y compras conjuntas)…”¿Crees que nos encontramos ante un tercera oleada de cooperación?, si es así ¿cuál consideras que son sus consecuencias?

Lluís Anglada: Sí, incluso creo que deberíamos citar una oleada anterior generada por las facilidades de crear catálogos colectivos a partir de la reproducción fotográfica de fichas, el ejemplo más conocido de los cuales es el National Union Catalog (NUC). Sí también al hecho que la tecnología ha actuado como facilitadora de la cooperación bibliotecaria. El uso de los ordenadores en los 70 y la compra de revistas digitales en los 90. Pero el hecho a resaltar es que la tecnología es capacitadora, pero incapaz de crear necesidades a no ser que esta preexistan. Quiero decir con esto que las bibliotecas llevan en su código genético la necesidad de cooperar.

La cooperación no es un bien en sí mismo, es un instrumento. Cooperar o hacer cosas colectivamente puede ser un inconveniente en muchos casos, pero si tu misión es proporcionar información (esté esta dónde esté), solo hay dos maneras de hacerlo: o tienes toda la información existente, o te asocias con instituciones semejantes (es decir, otras bibliotecas) para que, conjuntamente, al oferta de información se incremente en cantidad y en nivel de satisfacción de peticiones. Las bibliotecas han elegido el segundo camino ya que el primero no solo es caro sino que es imposible. En los años 60 y 70 las bibliotecas de las universidades más ricas comprobaron que por dinero que tuvieran y por mucho que cientifizaran el proceso de compra nunca conseguirían tener toda la información que sus usuarios les pedían. 

En los 90 la información se hizo digital y esto propició la cooperación alrededor de las compras consorciadas. En estos momentos el cambio tecnológico que más afecta a las bibliotecas es que la información va a pasar a instalarse en la red. No, no lo está aún, es accesible desde la red. La información en la red estará físicamente en algún lado, pero estará preparada para ser interoperable. Esto se está haciendo hoy a partir de portales que recolectan la información digitalizada y almacenada a nivel local, pero ‘puesta’ en la red a nivel colectivo. 

En segundo lugar, lo que estamos construyendo es una biblioteca digital mundial. Para ello hemos de pasar a formato digital los muchos documentos manuscritos o impresos que las bibliotecas han atesorado y que hasta ahora solo eran consultables desde dentro de sus paredes (de las de las bibliotecas). Muchos de estos impresos están en diferentes bibliotecas, no tienen sentido que cada una de ellas produzca una copia. La biblioteca digital mundial será un mosaico compuesto de muchísimas piezas, para que todas formen una figura reconocible, las bibliotecas deberán trabajar conjuntamente.

Blanca San José En 2005, en INFODOC definiste los consorcios de bibliotecas como “agrupación cooperativa para coordinar esfuerzos… y con el objetivo de mejorar los servicios bibliotecarios a través de la colaboración… sobre todo de contenidos electrónicos”. Actualmente, ¿Cuáles consideras las actividades cooperativas más importantes que pueden llevar a cabo las bibliotecas para mejorar su infraestructura, colección, servicios…? Y ¿cuáles son los apoyos más importantes que necesitan para su ejecución?

Lluís Anglada: Sí, en 2005 la actividad cooperativa con mayores beneficios era la de contratar conjuntamente recursos electrónicos. Probablemente esta sea aún (y para los próximos 5 años, al menos) la principal actividad cooperativa. En las preguntas anteriores ya he destacado el hecho que la agrupación de las bibliotecas en cooperativas de compra ha supuesto un cambio sustancial en los servicios que ésas ofrecen ya que permiten ofrecer mucha más información de la que habrán podido ofrecer a sus usuarios en el entorno papel y comprando de forma individual. Quisiera destacar que esto ha supuesto además, para las bibliotecas que lo han hecho, una ganancia enorme en prestigio para las bibliotecas ya que sus usuarios han percibido la enorme ganancia del acceso electrónico a revistas como una aportación de las bibliotecas a pesar que esto ha sido un resultado de una agrupación de factores (tecnología, más modelos de precio para compras conjuntas más la capacidad de las bibliotecas de agruparse).

Con consorcios constituidos, las actividades cooperativas que representan beneficios claros para las bibliotecas consorciadas son diversas. Los objetivos de la cooperación de los años 70 y 80 continúan siendo válidos ya que los catálogos colectivos y el préstamo entre bibliotecas mejoran mucho los servicios que las bibliotecas ofrecen. Las colecciones impresas tendrán una importancia decreciente en el futuro próximo pero continuarán siendo las únicas fuentes para algunas actividades de investigación y aprendizaje. La constitución de almacenes cooperativos donde guardar de forma eficiente impresos importantes para la investigación pero de poco uso será otro ámbito de cooperación en los próximos años, tal como lo está siendo ya en los países más avanzados en estructura bibliotecaria.

También lo serán la construcción de plataformas o portales de visualización conjunta de información digital. Estos portales pueden hacerse al margen de la cooperación, pero su efectividad está asociada a compartir normas, conocimientos infraestructura y planes de digitalización. Quisiera destacar que hay ámbitos en los que la cooperación no tiene papel. Estos serían los más asociados al usuario final: la atención al usuario, la detección de sus necesidades, el acompañamiento en hacer posible el Open Access, la formación…

Para cooperar (da igual en qué cooperemos) se necesitan de forma indispensable dos cosas: visión compartida y generosidad. Tener una idea clara de lo que se debe hacer no es fácil, que esta visión lo sea con otros lo es menos, pero no podemos hacer cosas conjuntamente si no vemos de forma igual o parecía los retos a los que nos enfrentamos y no compartimos una determinada solución como la mejor o como la menos mala. La dificultad de tener una visión compartida depende del momento. A veces los objetivos son compartidos pero se carece de la fuerza para llevarlos a cabo, sería el caso hoy de hacer un catálogo colectivo, por ejemplo. En otros casos la necesidad no es compartida y el problema entonces es de liderazgo, de mostrarla y de encontrar aliados para ejecutarla. La generosidad no significa hacer cosas que uno no quiere, sino ser lo suficientemente flexible como para no impedir la cooperación con exigencias que lo son para uno pero que no pueden satisfacer los demás. Cooperar quiere decir estar entrenado en el gana-gana, es decir, en observar las ganancias propias sin fijarse (demasiado) en si las de los compañeros de viaje son mayores o menores que las nuestras. 

dimecres, 15 de setembre del 2010

Compras cooperativas de información electrónica

Javier Guallar. Los consorcios han crecido gracias a la información electrónica y a que ésta ha podido ser comprada de forma conjunta, pero de las compras conjuntas se ha dicho, por ejemplo, que sirven para comprar información que no se usa. ¿Qué opinas de ello? ¿Qué futuro tienen a escala internacional los consorcios basados en las compras de información digital?

LA. La información digital en la Red representa un cambio de entorno radical para el acceso y uso de la información. Una mirada superficial (que, por inmadurez, es la más frecuente) nos haría fijar en los efectos más superficiales del gran cambio: si leemos o no en html o pdf o sobre pantalla o teléfono móvil. A mi entender los cambios profundos derivados de este nuevo paisaje son sociales y organizativos. Sociales porque están generando nuevas pautas de uso de la información y organizativos porque el suministro de información se está dando en ambiente que tiene un nivel de complejidad más alto (y que, en este sentido, es superior) al que estábamos acostumbrados.

Retrocedamos 15 años en el tiempo. Las bibliotecas más ricas en colecciones de entonces son en muchos aspectos pobres en información en comparación con la que pueden suministrar hoy. Y esto es debido en gran parte a las compras consorciadas. El concepto de biblioteca de calidad se basaba en una debilidad que habíamos convertido en virtud: ya que no se podía tener todo de todo, tengamos lo mejor de una especialidad. Estuvo bien mientras funcionó, pero ahora podemos tener más. La biblioteca digital del CBUC da acceso a unas 10.000 revistas electrónicas, lo que supone un 80% de los artículos científicos citados en la Web of Science.

No he oído a ningún usuario de biblioteca quejarse de tener demasiada información y sí a muchos que comentan que este incremento ha supuesto una mejora sustancial de su vida académica. A veces algunos bibliotecarios añoran el mundo en el que nacimos y crecimos, un mundo que comparado con el actual era de escasez, en el que el mediador (el bibliotecario) era "importante" porque regulaba el acceso al bien escaso que era la información.

Las cosas han cambiado y nosotros debemos cambiar con ellas: tener mucha información (parte de la cual puede no usarse) es bueno, en especial si sólo tiene un coste marginal. Por otra parte, en el reino de lo impreso y pre-consorcial, los documentos no usados de una biblioteca eran muchos: un 40% en bibliotecas con un presupuesto elevado para las adquisiciones. Diversos estudios han mostrado que el fenómeno de la larga cola (que no deja de cumplir la Ley de Bradford) se manifiesta en los paquetes de revistas y que son pocos los títulos que no son usados nunca.

Los consorcios actuales han nacido y crecido al rebufo de una actividad que se considera impura en la biblioteconomía: comprar más y a mejor precio. Pero yo creo que esta es una aproximación cultista y falsa. Las bibliotecas son organizaciones y como tales están sometidas a las leyes materiales del mundo: proporcionar servicios a partir de recursos y hacerlo de forma eficiente. De momento esto debe ser válido ya que se han creado consorcios de compras cooperativas en casi todo el mundo y los hay más donde los servicios bibliotecarios son mejores.

El futuro, ¿a cuántos años vista? Creo que las compras consorciadas aumentarán en los próximos 10 años. De hecho, una de las debilidades de nuestro sistema (debilidad basada en el prejuicio de que la clasificación de bibliotecas por tipos crea ámbitos estancos de cooperación) es la baja participación de bibliotecas de centros de investigación, hospitales, agencias del gobierno o públicas en las contrataciones cooperativas. Creo además que los consorcios, que en muchos casos han sido una respuesta coyuntural para obtener beneficios a corto plazo, se consolidarán si sacan partido a lo que saben hacer: coordinar esfuerzos para obtener un bien nuevo o para reducir costes.

De una entrevista de Javier Guallar a Lluís Anglada que aparecerá en el próximo número de El profesional de la Información (vol. 19, n. 5, setembre-octubre 2010) que tiene por tema central "Cooperación de bibliotecas en red".

dimecres, 8 de setembre del 2010

Las negociaciones de subscripciones consorciadas

¿Qué recursos contratar?

Aunque cada biblioteca es diferente en función de la institución a la que sirve, algunas necesidades de información son comunes a diversas bibliotecas. Los acuerdos consorciados de contratación se basan en las necesidades comunes, no en las específicas. Dado un conjunto dado de bibliotecas universitarias y de centros de investigación casi seguro que tendrán interés en acceder a:

  • Las principales revistas científicas la mayoría de las cuales están editadas por uno de los cuatro grupos editoriales principales (Elsevier, Taylor&Francis, Springer y Wiley) o por alguna sociedad científica (como la IEEE o la AMS).
  • Las revistas de algún grupo editorial menor en tamaño (como Nature PG o MUSE, por ejemplo) o portales como JSTOR.
  • Algunas bases de datos interdisciplinares pero básicas para la evaluación de la ciencia (como el Wew of Knowledge o Scopus).
  • Algunas bases de datos fundamentales para cada disciplina (como lo son el MathSciNet o el Zentralblatt MATH para las matemáticas).

¿Qué hacer para orientarse? No hay fórmulas mágicas, pero a mi entender, deben captarse las necesidades sentidas como primordiales por los usuarios finales y aprovechar las oportunidades que presente el mercado. Y en caso de duda mirar lo más comprado en otros consorcios. Seguro que esto es el resultado de un alto interés de los usuarios más una oferta comercial atractiva.

Importante, por grandes que sean las coincidencias con otras bibliotecas, cada una sirve a una institución diferente con necesidades específicas. Las contrataciones consorciadas no tienen que absorber la totalidad de nuestras capacidades de compra y siempre deberíamos reservar una parte de nuestro presupuesto para necesidades propias.

Las negociaciones consorciadas

Los acuerdos consorciados no son tratos estandarizados; tampoco son trajes a medida ya que el mismo trato que se está negociando en Holanda se ha reproducido en el CBUC o se reproducirá para Finlandia. Cada editor o agregador tiene su modelo de negocio y de precio para los tratos consorciados. Dentro de estos modelos hay un margen importante para la negociación, pero no un margen infinito.

Lo fundamental son dos cosas: saber qué productos queremos suscribir (en función de nuestros recursos) y saber encontrar el interlocutor válido para empezar a construir un trato, cosa que puede requerir cierto tiempo. Cuando un consorcio dado no es un gran cliente potencial, encontrar al interlocutor que nos haga caso puede ser más difícil de lo que parece. Las compañías a las que nos referimos suelen tener representantes para cada territorio y es a estos a quines debemos dirigirnos para buscar la interlocución adecuada.

El segundo punto es doble también: debemos combinar la unidad de negociación con la diversidad de puntos de vista de los participantes en un acuerdo. La unidad de negociación es la que nos ha de permitir cerrar un trato, pero quien protagonice la negociación debe estar seguro que los términos acordados son aceptables y serán aceptados por las bibliotecas que los han de suscribir. Muchos consorcios crean grupos de negociación estudian el producto, fijan los objetivos y examinan la propuesta final antes de que esta sea aprobada por el consorcio.

Finalmente, lo más complejo de una negociación consorciada para un recurso electrónico es el hecho de que sea consorciada. Las decisiones sobre compras conjuntas son cuantitativamente importantes y se producen en un marco inhabitual (el de hacer cosas entre más de una institución), con lo cual la comunicación es un factor esencial del éxito de la empresa. Y comunicar no quiere forzosamente decir contarlo todo a todos y en todo momento, pero sí fijar claramente los objetivos, los limites y el proceso de toma de decisiones.

Las formulas de división de costes

Decidir ir a cenar juntos entre un grupo de amigos es fácil, pero todo se puede estropear si no sabemos como vamos a repartir el coste. Las empresas editoras tienen su modelos de precio que les sirven para calcular el coste final de su producto para un consorcio dado. Podemos usar estos criterios, es decir, traspasar sin corrección los criterios de una empresa a las bibliotecas que participan en el acuerdo, pero hemos de saber que los criterios de fijación de precios de dos empresas no tienen porque ser ni homogéneos ni comparables. Por ejemplo, muchos modelos de precio tienen en cuenta las dimensiones de una institución (grande, mediana, pequeña), pero lo que es mediano para una editora puede ser grande para otra).

Para soslayar estos problemas y para introducir criterios de equidad en el reparto, muchos consorcios usan fórmulas para el reparto de costes. Establecida y aprobada por todos una fórmula, se trata de usarla para repartir costes de forma independiente a los criterios usados por la editorial para llegar a un precio de oferta.

Diferentes consorcios usan diferentes fórmulas y seguro que no hay ninguna que pueda servir para todos. Hay múltiples factores que pueden intervenir en hacer que una fórmula sea ‘justa’ en un caso dado y no lo sea en otro y creo que no hay otra manera de hacer una fórmula que tener unos criterios generales claros para aplicarlos específicamente al caso concreto. Hay tres elementos que deberían tenerse en cuenta en un reparto equitativo de costes entre los miembros

  • Una aportación mínima como base del trato (por ejemplo un 10 o un 20% del coste repartido a partes iguales).
  • Una aportación que tenga que ver con las dimensiones de la institución ya que una institución grande debe aportar más que una pequeña. La dimensiones pueden calcularse de forma directa (proporcionalmente al número de investigadores, por ejemplo) o por tramos (instituciones de entre tantos y tantos investigadores). Siempre hay tres tipos de instituciones (grandes, medianas y pequeñas) y a veces dos más (muy grandes y muy pequeñas).
  • El uso o valor potencial que el recurso tenga para cada institución. Los consorcios prefieren no usar el uso de un recurso como sistema de reparto de costes justamente para no inhibir el uso, pero es evidente que no todos los recursos son igual de importantes para todos. Las instituciones más orientadas a la investigación deberían usar más estos recursos y, por lo tanto, pagar más. Se trataría aquí de tener un medidor aceptado por todos que traduzca el grado de dedicación de la institución a la investigación.

La ayuda de la administración

Con las compras consorciadas estamos mejorando los servicios que recibirá una institución dada, pero las compras consorciadas de información nivelan los grados de acceso a la misma. A través de un Big Deal, las bibliotecas de instituciones grandes acceden a todos los títulos de una editorial, y las de instituciones pequeñas, también. Con los tratos consorciados los niveles de acceso a la información entre instituciones se igualan, la infraestructura de investigación se hace homogénea por lo que se refiere a la documentación.

Esto no es de ninguna forma malo, ¡al contrario! Este fenómeno igualador dentro de una región o país puede ser un argumento fuerte para pedir que la administración subvencione la totalidad o parte de la biblioteca digital consorciada.

Hay países (Brasil, Grecia, Portugal...) que subvencionan la totalidad de lo comprado; hay consorcios que funcionan sin subvenciones (en general los de los EUA) y hay casos (Finlandia o el Reino Unido) en los que la administración ayuda sin llegar a cubrir la totalidad de los costes. En cualquier caso, los beneficios de los contratos consorciados son tan altos para el sistema de la enseñanza superior y de la investigación que está justificado pedir ayudas a la administración e incluso ha sido fácil obtenerlas.