dilluns, 29 de febrer del 2016

Los catálogos locales son insuficientes: debemos agruparlos en catálogos colectivos




Las mejores bibliotecas lo eran (¿lo son aún?) por tener colecciones grandes: a más tamaño, mayores posibilidades que un usuario encontrara lo que busca y necesita entre los documentos de la biblioteca. Por esto las bibliotecas coleccionan, para incorporar a la biblioteca libros que –a priori o just in case-  tienen un potencial de uso alto para una comunidad de usuarios dada. Pero ni las mejores políticas coleccionadoras, ni los más extensos recursos económicos dedicados a comprar documentos han conseguido que ninguna biblioteca sea auto-suficiente.

Cualquier biblioteca es insuficiente; sólo con sus materiales no puede satisfacer las inquietudes de sus usuarios. Creo que es una suerte que sea así; lo contrario -que las bibliotecas pudieran anticipar todas las demandas que recibiesen-  significaría estar en un mundo predictible, en un mundo cerrado en el que los saberes serían compartimentos estancos y las personas seres sin curiosidad. La insuficiencia de las bibliotecas ha sido paliada por éstas con dos instrumentos complementarios: los catálogos colectivos y el préstamo interbibliotecario.

Para facilitar acceso a los documentos, las bibliotecas ofrecen dos niveles de servicios: el inmediato y basado en las colecciones propias, y el mediato basado en la colaboración con otras bibliotecas. Para facilitar este último, diferentes bibliotecas agrupan sus registros en un instrumento común, y aquí las normas de catalogación intervienen de nuevo ya que sólo compartiéndolas se puede crear un instrumento unitario manejable.

Los catálogos colectivos han supuesto problemas nuevos para la catalogación, ya que –evidentemente- es más fácil hacer una catalogación coherente dentro de una institución (con el catálogo local) que entre diversas (con un catálogo colectivo). Otro elemento a destacar es que la dimensión de los catálogos crece de forma exponencial. En 1965 (por poner una fecha), el catálogo de una biblioteca muy grande podía contener unos 4M de registros bibliográficos; en 1995 el catálogo colectivo de OCLC tenía unos 40M de registros y hoy incluye unos 400M.

Nota. La fotografía es de la Universidad de Yale y es un árbol de Navidad hecho con algunos de los 754 volúmenes del National Union Catalog, catálogo de los libros impresos anteriores a 1956 presentes en bibliotecas del Canadá y los EUA:



[Este post es la entrega 2 de 5 de una nota ThinkEPI que se publicará en breve.]

diumenge, 28 de febrer del 2016

Encontrar, agrupar, enlazar: las promesas de las RDA



A lo largo del 2016, las bibliotecas universitarias de Cataluña y la Biblioteca de Catalunya iniciarán la catalogación usando las normas RDA (Resource Description and Access), en sustitución de las AACR2. La Library of Congress y la British Library la iniciaron en 2013 y, desde entonces, otras muchas bibliotecas han seguido este camino. El uso de las RDA como normativa catalográfica es un paso más en un camino trenzado por tres voluntades: la de ahorrar, la de compartir y la de desarrollar la tecnología que lo haga posible.

Catalogar es caro: debemos hacerlo ahorrando esfuerzos
Coleccionar, catalogar, proporcionar acceso. Este es el mantra de las bibliotecas. En algunos casos coleccionar es primordial, en otros lo es facilitar el acceso y uso, la catalogación puede ser lo más relevante en determinadas circunstancias… Las tres funciones requieren recursos y la catalogación ha sido una de las actividades bibliotecarias que –especialmente en algunas bibliotecas- ha consumido más. Por otra parte, catalogar un documento dado podría ser una actividad que se hiciera una sola vez; el registro creado podría reutilizarse n-veces, en muchos casos sin cambios, en algunos con adaptaciones menores.

La historia de la catalogación puede contarse como el camino de encontrar y acordar normas y pautas comunes de catalogación que permitan el re-uso por parte de muchos del registro bibliográfico creado por una biblioteca (por la primera que cataloga un documento). Las bibliotecas pueden ahorrar una parte importante de sus recursos (especialmente en personas) si son capaces de reaprovechar las catalogaciones de otras bibliotecas para su uso propio.

En 1961, en París tuvo lugar la primera International Conference on Cataloging Principles, que acordó unos criterios generales (conocidos como los “Principios de Paris”) que permitieron al cabo de no muchos años la elaboración de unas normas de catalogación para los países de habla inglesa. Pero la primera edición de las Anglo-American cataloguing rules (1967) fue un éxito a medias ya que no contó con una única edición, sino con una de británica y otra de norteamericana. La unificación normativa (a nivel anglosajón) se realizó en 1978 con la segunda edición de las AACR. Mientras tanto el formato MARC apareció en 1968 y a principios de los años 70 la IFLA iniciaba la serie de ediciones de normas internacionales para la descripción bibliográfica de documentos de diferente tipo (las ISBD) que, entre otras, tenía la intención de facilitar la catalogación usando ordenadores.

Es dentro de esta tradición que debemos situar a las RDA: una norma con las ventajas e inconvenientes de querer ser internacional, confeccionada de forma consensuada entre la comunidad bibliotecaria y pensada para ser usada en el contexto tecnológico actual.


[Este post es la entrega 1 de 5 de una nota ThinkEPI que se publicará en breve.]



diumenge, 14 de febrer del 2016

Un balanç de l’any de les biblioteques




La iniciativa era evidentment bona i així va ser saludada per la professió en general i per aquest Bloc. A l’espera d’un balanç oficial que exposi els resultats obtinguts per als diferents objectius de l’Any,  jo faig el meu: 
  • un èxit, 
  • una absència i 
  • una ocasió perduda.

Èxit indubtable en el que es tractava de parlar de biblioteques al llarg d’aquest any (fins i tot van ser presents en l’acte oficial de l’11 de setembre). Al llarg del 2015 s’han celebrat multitud d’actes commemoratius i les biblioteques han estat més presents que mai en els mitjans de comunicació.

Una absència: la de la reflexió sobre com han de ser les biblioteques públiques del futur. Si n’hi ha hagut no la he vist. Malgrat tot, cal i l’any oficial hagués estat un moment ideal per fer-la (o, millor dit, per iniciar-la). Les biblioteques estan vivint arreu canvis molt i molt profunds deguts a la progressiva digitalització de la informació i a la seva accessibilitat des de la xarxa. Això ha comportat que molts sistemes bibliotecaris hagin fet reflexions sobre quins canvis han de fer-se a les biblioteques per continuar aportant valor a la societat en aquest context diferent. Per altra banda, el sistema de biblioteques públiques de Catalunya, per exemplar que sigui, té mancances que hagués estat convenient examinar al llarg del 2015 per estudiar-ne mesures correctores.  
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Una ocasió perduda: aprofitar el moment per parlar de les “altres” biblioteques (les d’entitats, les de centres governamentals, les de les escoles i centres d’ensenyament, les de les presons, les de les universitats, la nacional...) Per a molta gent, la funció de les biblioteques públiques no és distingible de la que de forma genèrica fan les “altres”: ajudar a la gent en la seva interacció amb la informació. L’any , en això, ho ha estat només d’algunes biblioteques.  

dilluns, 8 de febrer del 2016

Lo que preocupa a los bibliotecarios



La revista Ítem del COBDC dedica su último número (el 59)  a mirar más allá. 

52 personas (en su mayoría profesionales B-D) responden a las preguntas siguientes:
·         ¿Cuáles han sido los cambios más importantes que ha vivido tu (rincón) profesional en los últimos 20 años?
·         ¿Cuáles son los principales retos de futuro?
·         Si pudieras cambiar 3 aspectos relevantes de la política bibliotecaria ¿qué cambiarias?
·         ¿Qué perfil debería tener el profesional del futuro?

Alguien me dijo que lo que debería hacerse con el contenido de las entrevistas era vaciarlas en un fichero y sacar de él una nube de palabras para ver las que más se repiten.

Yo, a falta de habilidades tecnológicas, lo que he hecho es leer todas las entrevistas y sacar notas. Lo que deduzco que preocupa por encima de otras cosas es:
·         La tecnología
·         La visibilidad de la profesión
·         La adaptación de los servicios actuales a nuevas necesidades y perfiles de los usuarios

La tecnología es el cambio más importante de los últimos años. Aquí no hay sorpresas. Y quizá haya pocos comentarios a hacer. Sólo el que es un cambio más citado por los entrevistados de edad más avanzada y por los gestores que por los demás. Estos deben tener aún fresca la memoria de los tiempos de la biblioteca de papel y los esfuerzos que ha supuesto la gradual (y aún no finalizada) transición a lo digital.

De forma bastante generalizada, la visibilidad de la profesión es el reto citado como más importante. Lo mencionan especialmente los entrevistados que han ocupado u ocupan cargos en asociaciones profesionales, pero no sólo estos. De las entrevistas me parce de deducir que se desprende más una decepción respecto al pasado que un reto de futuro. Partiendo de la enorme transformación de las bibliotecas en los últimos años y de la gran aceptación de sus servicios transformados, los entrevistados se preguntan cómo es que la profesión continúe siendo tan poco visible; que cómo es que el bibliotecario-documentalista no sea un perfil solicitado por empresas e instituciones para ayudarles a organizar y hacer visible la información.

La adaptación de los servicios actuales a nuevas necesidades y perfiles de los usuarios es el 2º reto de futuro principal. De forma muy madura, diferentes entrevistados muestran un alto nivel de alerta frente, no a los cambios que ya hemos vivido, sino a los que acontecerán. Sin que se diga de forma explícita, los cambios tecnológicos se ven como una constante en el mudo actual y se es incapaz de predecir las consecuencias de los mismos en las necesidades y hábitos de los usuarios de las bibliotecas.


Con menor intensidad, diferentes voces dicen:
·         Las bibliotecas públicas de Cataluña deberían ‘ya’ constituirse en una red o sistema únicos y ofrecer, por ejemplo, un catálogo colectivo y un sistema de préstamo unificado entre bibliotecas de diferentes redes.
·         El éxito de la generalizada aceptación de las bibliotecas ha sido haber sido capaces de construir un modelo de biblioteca que ha satisfecho necesidades reales y contemporáneas. Al mismo tiempo se expresa la necesidad de construir modelos de éxito parecidos para un futuro inmediato, un futuro del que no conocemos aún la necesidades.
·         Se reclama más cooperación entre las bibliotecas. A pesar de reconocer los avances en coordinación entre las existentes y los logros de las b. universitarias. 
·         Se expresa la preocupación de no seguir recibiendo los recursos que han permitido conseguir los resultados actuales.
·         Se expresa (menos de lo que yo creo necesario) que la mala situación de las bibliotecas escolares es el gran punto débil del sistema bibliotecario de Cataluña.

Es mi resumen y puede no ser el de otros, pero ahí está la revista para que cada cual saque sus conclusiones.


Las personas entrevistadas son: Ernest Abadal, Adela d'Alòs-Moner , Lluís Anglada i de Ferrer, Assumpta Bailac Puigdellívol, Nicolàs Barbieri; Joan Subirats, Mònica Baró Llambias, Antònia Boix, Elvira Bosch Jorba, Marta Cano Vers, Lluís Codina, Alícia Conesa, Anna Cornet Casals, Albert Díaz Mota, Glòria Durban Roca, Constança Espelt, Eulàlia Espinàs, Marta Estruch, Carme Fenoll Clarabuch, Elisenda Figueras i Llaveria, Laura Fuses Navarra, Loida Garcia-Febo, Daniel Gil Solés, Rafel Ginebra i Molins, Jordi Graells i Costa, Javier Guallar, Yusef Hassan Montero, Marc Hernàndez Güell, Àlex Hinojo, Carina Huguet, Ignasi Labastida i Juan, Berta López, Marià Marín i Torné, Josep Matas Balaguer, Ana María Merino Márquez, Assumpta Molist, Mònica Montero, Mercè Muntada, Ana Pérez Hidalgo, Glòria Pérez-Salmerón, Miquel Àngel Plaza-Navas, Patricia Riera-Barsallo, Lluís Rovira, Eugènia Salvador, Ana Santos Aramburo, Eulàlia Sau Baiget, Alicia Sellés Carot, Eugènia Serra Aranda, Joan Soler Jiménez, Cristina Soy i Aumatell, Pep Torn, i Paula Traver Vallés.

diumenge, 10 de gener del 2016

Humanidades digitales: una nueva oportunidad




A mediados de los 80 las universidades empezaron a ofrecer servicios de acceso remoto a bases de datos (tele-documentación se le llamaba a esto entonces). Ahora nos parece que el lugar lógico donde establecer estos servicios era la biblioteca, pero en aquel momento no fue así. La tele-documentación tenía un componente tecnológico notable y la imagen dominante de la biblioteca era la de ua colección de libros, y así fue como, muchas veces, el servicio se inició fuera de la misma.

La tecnología es apasionante, lo suficientemente apasionante como para olvidar que es un medio para conseguir cosas. La tele-documentación (virtual) podía haber sido dejada de lado por las bibliotecas universitarias  que estaban viviendo entonces momentos de crecimiento en el mundo de lo real (más edificios, más libros y revistas, más persona). Pero no fue así, las bibliotecas universitarias lucharon por incorporarla a su catálogo de servicios por considerar que hacerlo era una manera de cumplir su misión.

Pongo lo dicho como ejemplo en un momento en que los desarrollos tecnológicos progresan más que nunca y en el que parecen estar –por tecnológicos- alejados de la biblioteca (tradicional). Pero las bibliotecas universitarias en las últimas décadas han sabido defender sus bases (las colecciones impresas) a la vez que introducían tecnología para mejorar sus servicios.

Si bien muchas tecnologías han podido integrarse en lo existente sin cambiarlo, Internet es disruptiva, es decir, modifica sustancialmente lo antiguo (a veces hasta hacerlo desaparecer). Gestionar bibliotecas es cabalgar la tecnología (hacer de jinete, no de palafrenero) admitiendo que el caballo romperá alguna cosa a la que teníamos cariño, pero con el convencimiento que la carrera nos permitirá llegar mejor al destino.

En los años 90, intuyendo un cambio de época, las bibliotecas universitarias empezaron a reorganizar los espacios para dar más centralidad al usuario (en detrimento de la que habían obtenido las colecciones). No diré que el cambio esté culminado, pero la evolución de los edificios se ha hecho (se está haciendo) con visión, anticipación y gradualmente.

En la 1ª década de este siglo, las bibliotecas universitarias se adhirieron desde el principio a los movimientos para facilitar el Acceso Abierto. Como en su momento para con la tele-documentación, crear y alimentar repositorios pasó a ser considerado central por las bibliotecas (al margen de su componente tecnológico). Al mismo tiempo empezó una importante reorientación hacia la investigación con la creación de bibliotecarios 'incrustados', el apoyo a la publicación científica en abierto, a la visibilidad de la investigación, etc.

En los años más recientes ha sido la investigación la que está centrado los esfuerzos de las bibliotecas universitarias para resituarse en este panorama convulso. Las principales bibliotecas (ver la posición de LIBER al respecto) están reorganizándose para mejorar el soporte que están dando a las nuevas infraestructuras y nuevas formas de la comunicación científica y, concretamente, a los datos generados en la investigación.

Las humanidades digitales son el nuevo episodio de esta búsqueda incesante de las bibliotecas universitarias para resituarse. Pero, a diferencia de otras novedades, las humanidades digitales (= las ciencias humanas y sociales usando tecnología) caen menos lejos de las bibliotecas que otras cosas. Al fin y al cabo, las bibliotecas y los archivos han estado siempre cerca de los humanistas. 

Se presenta pues una nueva oportunidad, una oportunidad para las bibliotecas de continuar cumpliendo su tradicional misión con nuevos instrumentos.






dimecres, 6 de gener del 2016

Una 3ª vía para el OA: que las suscripciones cubran el coste de publicar en revistas híbridas




A mi entender, los ‘big deals’ ( = las compras consorciadas de revistas en paquetes) presenta hoy un balance (no exento de claroscuros) positivo. Han ganado los lectores, las bibliotecas y las editoriales. 

En primer lugar, han ganado los lectores por poco que las bibliotecas de sus instituciones hayan tenido la capacidad organizativa de coordinarse con otras para comprar de forma conjunta. Los lectores han ganado porqué el incremento de revistas a su disposición se ha incrementado de forma muy elevada. Pero este acceso es doblemente vallado: se paga (la institución) por leer, y solo puede leer quien está bajo el paraguas de una institución suscriptora.

En 2o, han ganado las bibliotecas que, invirtiendo lo mismo que en el pasado invertían, pueden ofrecer a sus lectores muchas más revistas. Aclaro que mi afirmación es consciente  de que los precios las revistas no han dejado de subir por encima del IPC, pero este incremento es una constante en las revistas (bien documentado desde los años 70) que a mi entender está asociado con la importancia creciente de la investigación para la sociedad y no con las revistas digitales o con las compras consorciadas.

Finalmente, también han ganado las editoriales que, a cambio del atractivo de los paquetes, consiguen que las bibliotecas no puedan en la práctica cancelar sus suscripciones. Sus beneficios son altos, pero han llevado a cabo una reconversión (casi) total de lo impreso a lo digital en una celeridad plausible. Lo peor, a mi entender, ha sido el proceso de doble concentración experimentado en los últimos 15 años: concentración empresarial, y concentración de valor en las revistas que consiguen estar en el WoK o en SCOPUS.  

El movimiento del Open Access parecía tener dos vías consolidadas (los repositorios y las revistas OA) cuándo Springer introdujo una variación inesperada: los autores podían optar por pagar los costes por publicar (APC) a cabio de que su artículo (y solo éste) pudiera ser leído en abierto. En teoría, el coste pagado por el autor debía descontarse del coste de la suscripción, pero esto no ha sido así y hoy hay partes de algunas revistas que se está pagando doblemente (Double Dipping): lo pagan las instituciones con las suscripciones y lo pagan los autores (los organismos financiadores) con las tasas por publicar (APC).

Las revistas híbridas parece que se están consolidando como una tercera vía del OA ya que está siendo un punto de encuentro entre los organismos financiadores y los autores. Aquellos quieren que los resultados de la investigación financiada por fondos públicos sean públicos. Estos poder publicar donde crean más conveniente (o posible) hacerlo. Las publicación en revistas híbridas recibió un fuerte impulso al ser reconocidas en el Reino Unido como una opción priorizada en el informe Finch.

Últimamente ha habido algunos movimientos que refuerzan esta tercera vía. La idea parece ser simple: que las bibliotecas continúen pagando lo que están pagando, pero que este coste incluya el que los autores de las instituciones suscriptoras puedan publicar en abierto en las revistas de la editorial con la que se contrata. Al fin y al cabo, esto es lo que hace SCOAP3 o lo que propone la Max Planck Digital Library. La idea tienen atractivo porqué es ejecutable a corto plazo y no requiere dinero adicional, pero tiene el inconveniente de dejar las cosas como están en el mundo de la edición científica.

El consorcio de las universidades holandesas VSNU, con el apoyo del gobierno holandés, está trabajando en esta línea. En 2014 cerró un acuerdo con Springer (hoy dentro del grupo Nature) para que el coste de la suscripción consorciada cubra el de publicar en abierto los artículos de autores de estas universidades. El JISC del Reino Unido llegó en 2015 a un acuerdo parecido con la misma editorial. Recientemente el consorcio holandés ha cerrado un acuerdo con Elsevier que va en la misma dirección.

Estos acuerdos tienen sus críticos que argumentan que esta es una salida no definitiva (como en su momento lo fueron las compras consorciadas). Seguro que tienen razón, pero, desde un punto de vista pragmático, supone que una parte importante de los artículos científicos puedan estar en OA.










diumenge, 20 de desembre del 2015

El paper de les biblioteques en una societat sense paper



Ni mai hi havia hagut tanta informació, ni mai els lectors havien estat tan autosuficients per accedir al contingut de llibres i altres documents tradicionalment col·leccionats per les biblioteques. Les capacitats d’emmagatzematge i de difusió dels ordinadors i de la xarxa semblen estar ocupant l’espai de les biblioteques. Aquestes, tenen algun paper en una societat cada vegada més digital i amb menys ‘paper’ per al paper imprès?

L’evolució de les biblioteques, però, la seva utilitat o prescindibilitat futures, no depèn només d’elles ni de les solucions tecnològiques que es trobin per posar informació a disposició de la gent i facilitar-ne la seva gestió. És la mateixa societat, decidint quin camí de futur tria, qui decidirà si les biblioteques continuen aportant algun valor a la societat. Si l’evolució social elegeix valorar la igualtat, les identitats individuals i col·lectives i el desenvolupament de les persones, llavors continuarà havent-hi organitzacions que es diran biblioteques (o no) i que vetllaran per facilitar l’accés de qualsevol informació  a tothom.

Fins ara, les tecnologies aplicades a l’enregistrament i difusió de la paraula no han fet més que estendre la capacitat de llegir. Han augmentat tant la facilitat d’accedir a llibres i a altres documents com la de fer coses amb la informació que al humanitat genera. Però només les biblioteques garanteixen l’accés a tota la informació, per a tothom i per sempre. Va ser així quan la tecnologia nova va ser l’escriptura, i va tornar-ho a ser amb la impremta: hi ha informació que no es considera valuosa, hi ha individus que queden al marge de l’ús de la informació i hi ha informació que deixa de tenir interès i de la que se’n descuida conservar-la. Tots aquests ‘forats’ són els que la biblioteca moderna –la creada dins el paradigma del llibre imprès- va cobrir. La tecnologia del digital en xarxa, però, continua creant forats o rases similars i les biblioteques contemporànies i del futur tindran per funció omplir-los. Això fa la Memòria Digital de Catalunya que posa en digital documents de vida efímera, o les biblioteques públiques que creen serveis d’alfabetització informacional, o la Padicat que preserva i dóna accés a versions antigues de pàgines web catalanes.

El paper futur de les biblioteques recaurà menys en l’objecte que estotja i transporta la informació (el llibre o el document) i més en la informació en sí mateixa i en les múltiples maneres en que aquesta s’usa. Les biblioteques del futur seran espais físics, entitats finançadores de l’accés a la informació, centres de formació en l’ús de la informació i organitzacions dedicades a tenir-ne cura.

Potser és un misteri, però alhora és un fet constatable, que biblioteques dissenyades com a espais agradables atrauen gent que entra en contacte amb la informació i amb altres persones. És això un defecte? Al contrari. Les biblioteques són un exemple clar del que s’ha anomenat tercers espais: llocs que no són ni casa ni la feina i on els humans exercim la nostra humanitat socialitzant-nos, intercanviant informació, exercitant la paraula. Les biblioteques, a més de llibres, ofereixen un lloc on estar (amb nosaltres mateixos, amb els altres i en contacte amb la informació), faciliten el contacte amb la cultura en les seves diferents formes i amb altres persones també interessades per ella, un espai on trobar-se amb qui pugui tenir interessos similars, un lloc on estar sense consumir, sense pagar, sense haver de seguir la moda ... L’aportació futura de les biblioteques serà la creació i manteniment de llocs i espais reals al voltant de la informació.

Cada vegada hi ha i hi haurà més informació gratuïta a la xarxa. Cal veure fins a quin grau arribarà això. Si abastarà només les obres científiques finançades públicament i els clàssics de la literatura i el pensament o si això arribarà a l’ensenyament i a l’oci. A més, les millores tecnològiques també abaratiran el cost de llegir en paper en edicions fetes a demanda. Per a la població que assoleixi uns nivells mínims de renda, el cost no serà un obstacle (com si ho va ser en el passat) per accedir als llibres que llegim. Però la feina d’editar llibres continuarà tenint costos i els si volem una societat culta caldrà generar models de negoci que sustentin l’edició digital. En el passat les compres que feien les biblioteques –bàsicament les públiques i les universitàries- subsidiaven part del cost editorial. Probablement sempre hi hagi llibres o obres l’accés als quals serà sota cost. Les biblioteques paguen en nom d’un grup (una ciutat, una universitat, una empresa, una escola) perquè les persones puguin accedir, sota règim capitalista (retribuint l'autor i l'editor), a un bé socialitzat. Un dels serveis de les biblioteques serà pagar per formar col·leccions de documents impresos i també electrònics.

Diversos pensadors han caracteritzat la societat actual com la del coneixement. La característica principal d’aquesta seria que pivotaria al voltant de la informació. La producció de riquesa i benestar ja no tindrien el centre en els desenvolupaments industrials sinó en la creació de serveis basats en el coneixement i en la gestió de la informació. En una societat això, l’ensenyament reglat ja no serà suficient i l’aprenentatge serà una activitat que es perllongarà al llarg de tota la vida. Les competències informacionals seran, doncs, cabdals. La seva adquisició s’iniciarà a l’escola però continuarà més enllà dels cicles educatius. Les biblioteques tindran per als ciutadans un rol formador en l’ús de la informació. A les escoles, a les universitats, a les organitzacions i als pobles i barris, les biblioteques seran organitzacions dedicades a ajudar a gestionar la informació, a seleccionar-la adequadament, a analitzar-la críticament i a usar-la convenientment.

Finalment, però no pas en darrer lloc, la importància del nostre passat, de la nostra identitat i de la nostra memòria creix amb el nostre benestar. Això és cert tant a nivell individual com col·lectiu. Guardar difícilment genera benefici i no té prou incentiu com per ser deixat en mans de la iniciativa privada i la empresa. Algú ho ha de fer i les biblioteques oferiran aquest servei a la col·lectivitat, és a dir, conservar informació i la organitzaran perquè pugui ser trobada i usada en un futur. Un altre dels serveis de les biblioteques serà guardar la informació que generem avui, sigui aquesta en paper o digital.


La societat necessita informació i la necessita que s’hi pugui accedir de forma igualitària. Necessita àmbits de potenciació de les persones, de cohesió social, d’autoaprenentatge i de preservació del passat. En aquests passats 100 anys les biblioteques a Catalunya han estat institucions que han ajudat l’evolució de la nostra societat en un entorn de paper i una societat industrial. En els anys que vindran, les biblioteques poden ser instruments que facilitin el trànsit i l’adaptació sense fractures en un entorn digital i una societat informacional.


Aquest post és el darrer fragment de la meva contribució a la Nadala de la Fundació Carulla d’enguany: “Biblioteques. De l'Escola de Bibliotecàries al llibre electrònic”. El llibre ressegueix el que han representat les biblioteques a Catalunya des de fa 100 anys quan va crear-se l’Escola de Bibliotecàries fins avui dia. El llibre abraça l’empenta de la Mancomunitat de Catalunya (amb la creació de la xarxa de biblioteques populars, la Biblioteca de Catalunya i l’escola esmentada), l’època franquista, la represa democràtica, l’evolució recent que han tingut les biblioteques municipals i les de recerca i la lectura digital. Sota la meva coordinació, hi han escrit Assumpció Estivill, Teresa Mañà, Lluís Agustí, Cristóbal Urbano, Núria Ventura, Carme Fenoll, Reis Fontanals, Marga Losantos, Laura Borràs i jo mateix.